Diario de lecturas

Joseph De Maistre: Tratado sobre los sacrificios

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Joseph De Maistre: Tratado sobre los sacrificios. María Tabuyo y Agustín López (tr.) Madrid: Sexto Piso, 2009.
 
Joseph de Maistre (1753-1821) es el máximo exponente del pensamiento conservador contrario a los ideales de la Ilustración como la democracia o el laicismo. Consideraba la Revolución Francesa como un episodio satánico de la Historia. Defendió la maldad radical del hombre y el papel fundamental de la Providencia divina para corregir el curso de la historia humana.

El punto de partida de este breve pero interesante Tratado sobre los sacrificios es el hecho de que la mayoría de los hombres tienen la sensación de vivir bajo el dominio de una divinidad malvada a la que sólo se puede contentar mediante sacrificios.

…la historia nos muestra al hombre persuadido en todo tiempo de esta espantosa verdad: que vive bajo la mano de una potencia irritada, y que esta potencia no puede ser aplacada sino por medio de sacrificios. (p. 11)

A pesar de que esa es la percepción de la mayoría, lo que en realidad ocurre es que los dioses son justos y la maldad está sólo en el corazón humano. Este ataque a la vida es un ejemplo perfecto del nihilismo que Nietzsche cuestionará pocos años más tarde en el platonismo y el cristianismo.

«Los dioses son buenos, y de ellos recibimos todos los bienes de los que gozamos-, les debemos alabanza y acción de gracias. Pero los dioses son justos y nosotros culpables: hay que aplacarlos, tenemos que expiar nuestros crímenes-, y para lograrlo, el medio más poderoso es el sacrificio». (p. 12)

Todas las culturas han sido en parte conscientes de esa verdad pues en todas ellas se han impuesto de una manera u otra sacrificios en los que se ofrece la sangre de las víctimas. La sangre es vida culpable que se inmola.

Como el hombre era culpable, pues, por su principio sensible, por su carne, por su vida, el anatema caía sobre la sangre; pues la sangre era el principio de la vida, o, más bien, la sangre era la vida. (p. 22)

El origen de los sacrificios está en la intuición primitiva de que la destrucción de una vida puede limpiar los pecados de otra. La sangre del pobre cordero purifica el espíritu del hombre.

La teoría entera se basaba en el dogma de la reversibilidad. Se creía (como se ha creído y se creerá siempre) que el inocente podía pagar por el culpable, de donde se concluía que, al ser culpable la vida, una vida menos valiosa se podía ofrecer por otra y ser aceptada. Se ofrecía, pues, la sangre de los animales, y a esta alma, ofrecida por un alma, la llamaron los antiguos antipsychonvicariam animam-, como si dijéramos alma por alma o alma sustituía. (p. 25)

Una curiosa versión de ese principio de sustitución lo usa De Maistre para explicar la prostitución legal de la Antigüedad griega.

El docto Goguet ha explicado muy bien, por este dogma de la sustitución, esas prostituciones legales muy conocidas en la Antigüedad, y tan ridiculamente rechazadas por Voltaire. Los antiguos, convencidos de que una divinidad enfurecida o maléfica tenía algo contra la castidad de sus mujeres, habían concebido la idea de entregarle víctimas voluntarias, esperando así que Venus, dedicada por entero a su presa, no perturbaría las uniones legítimas, de manera semejante a como se arroja un cordero a un animal feroz para separarle de un hombre. (pp. 25-26)

Si aplicásemos la misma lógica a la cuestión de las drogas (de la ebriedad, como diría Jünger), el conservador De Maistre estaría a favor de la legalización. Este realismo político de corte liberal siempre me ha parecido un elemento aprovechable.

En el resto del libro De Maistre se enreda en una historia comparada de las religiones en la que el paganismo no es más que una etapa en el camino hacia el glorioso cristianismo. Forzando un poco los textos se puede uno llevar la sorpresa de que hasta la Santísima Trinidad estaba ya anunciada en los mitos griegos.

A pesar de todo, destaca en esta última parte alguna veta gnóstica. La sangre derramada de Jesucristo no sólo lava los pecados de la humanidad sino que redime también al Universo entero.

A modo de conclusión, no deja de ser una lectura amena e interesante siempre que se ponga en perspectiva.

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