Ciencia

Louis-Ferdinand Céline: Semmelweis

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Louis-Ferdinand Céline: Semmelweis. Seguido de “Nacimiento de Céline”, de Philippe Solers. Ramon Vilà Vernis (tr.) Barcelona: Marbot Ediciones, 2009.

Céline, el polémico autor de Viaje al fin de la noche, fue, antes que novelista, médico. Presentó su tesis en 1924. Llevaba por título La vida y la obra de Philippe Ignace Semmelweis (1818-1865). Fue reeditada en 1936 con algunos cortes y correcciones y un nuevo título, Semmelweis. Tras finalizar la II Guerra Mundial Céline fue condenado por colaboracionista y tuvo que huir a Dinamarca.

La historia de Semmelweis es bien conocida dentro de la filosofía de la ciencia gracias al neopositivista Carl Gustav Hempel. En Filosofía de la ciencia natural, Hempel expone el caso Semmelweis como ejemplo heroico de la correcta aplicación del método hipotético deductivo. En el caso de Céline la historia de Semmelweis le sirve para ofrecernos una clase práctica de la filosofía de Schopenhauer. Es evidente también que el colaboracionismo de Céline tiene muchas similitudes con el cinismo político de Schopenhauer.

Semmelweis, médico nacido en Budapest, Hungría, llega a Viena en 1837 para completar sus estudios de medicina. Hace las prácticas en el pabellón de maternidad del Hospital de la capital austriaca. Allí, tras un proceso difícil y tortuoso, descubre que la mortalidad de las parturientas se debe en su mayor parte a la falta de higiene de los médicos, que las atienden tras haber realizado autopsias. Los síntomas de la fiebre letal que afecta a las parturientas son los mismos que los de los médicos que se hacen un corte mientras trabajan con cadáveres. Ha descubierto lo invisible: los microbios. Tras recomendar una sencillas normas de higiene, como el lavado de manos con cloruro cálcico, Semmelweis consigue reducir las tasas de mortalidad de los pabellones de maternidad a niveles milagrosos para la época. Sin embargo, y aquí empieza lo dramático, nadie le cree. A sus superiores les parece insultante que Semmelweis les obligue a lavarse las manos. Las mujeres más desfavorecidas, madres solteras pobres sin otro lugar donde ir, seguían acudiendo sin saberlo a aquel “lugar maldito”, a aquel matadero. A pesar de lo concluyente de sus experimentos, el genio de Semmelweis despierta envidias y celos de tal calibre que es definitivamente expulsado del Hospital y de Austria. De regreso a Budapest abandona la medicina y sus descubrimientos hasta que, fortuitamente, se entera de que un colega suyo se ha suicidado al sentirse responsable de la muerte de su prima, a la que había examinado sin seguir las normas higiénicas recomendadas por él. Este caso le anima a intentar convencer a la profesión médica de la verdad de su descubrimiento pero desgraciadamente la comunidad científica se mostrará sorda, cruel y mezquina. En el Hospital de Budapest, donde trabaja, el personal llegará incluso a infectar parturientas a propósito para demostrarle la falsedad de su teoría. Este terrible aislamiento desencadena en Semmelweis la locura (alucinaciones paranoicas). Llama asesinos a los obstetras y pega pasquines por los muros de la ciudad advirtiendo a los maridos del peligro que corren sus esposas. Incapaz de resistir la presión, un día entra en una clase de medicina forense con un bisturí y, tras despedazar el cadáver, se hace un corte. Morirá a las tres semanas encerrado en un manicomio.

A través de la historia de Semmelweis Céline expone una visión del mundo claramente inspirada en Schopenhauer. La historia de la humanidad es una calamidad sangrienta plagada de guerras sin sentido. La felicidad es una ilusión y lo único permanente es el dolor. Esa es la Verdad. El espectáculo de esta catástrofe despierta en algunos hombres especiales una compasión mística por todos los demás. Una forma de expresarse esa compasión es la Medicina y Semmelweis un caso ejemplar.

Quienes están llamados a crear cosas admirables no extraen las fuerzas afectivas de las que depende su formidable destino de uno o dos afectos particulares. Unos lazos místicos les ligan a todo lo que existe, a todo lo que palpita, los preservan y a menudo los encadenan a un entusiasmo sagrado. A diferencia de la mayoría, nunca llegan a considerar a la mujer o al niño amados como la parte más viva de nuestra razón de ser.

En fin, Semmelweis extraía su existencia de fuentes demasiado generosas como para ser bien comprendido por los demás hombres. Era de esas raras personas que pueden amar la vida por lo que ésta tiene de más sencillo y de más bello: vivir. La amó más allá de lo razonable.

En la Historia de los tiempos, la vida no es más que un momento de ebriedad, la Verdad es la Muerte.
En cuanto a la medicina, dentro del conjunto del Universo no es más que un sentimiento, un lamento, una piedad más activa que las demás, por otro lado casi impotente en esa época en que Semmelweis la abordaba. (pp. 51-52)

El precio que el genio tiene que pagar por rebelarse contra el destino, contra la Verdad, es inmenso: la locura y la muerte. Hay cierta afinidad en la descripción que hace Céline de la locura de Semmelweis y la de Nietzsche.

Semmelweis se había evadido del cálido refugio de la razón, bajo el que la enorme y frágil potencia de nuestra especie se protege desde seimpre del universo hostil. Erraba junto a los locos por el absoluto, por esas soledades glaciales donde nuestras pasiones no encuentran ya ecos, donde nuestro corazón humano, aterrorizado, palpitando hasta romperse por el camino de la Nada, no es más que un pequeño animal estúpido y desorientado. ( pp. 107-108)

4 replies »

  1. He quedado perplejo. Desde hace tiempo que conozco la historia de Semmelweis, extraida del libro de Hempel. La he utilizado infinidad de veces para explicar el método hipotético-deductivo a mis alumnos de primero de bachillerato. Y siempre con el sentimiento de que explicaba un hito o un avance en la reflexión epistemológica moderna. El conocimiento de este libro de Céline, a través del comentario de Eugenio, abre ante mis ojos una perspectiva totalmente nueva. Gracias.

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  2. Algo que he leído por ahí (y que de hecho estoy tratando de re-encontrar,razón por la cual me topé con esta página) es que en el caso del rechazo a las teorías de Semmelweis también intervino otro mal del ser humano: el etnocentrismo. El artículo comentaba que el director de la clínica vienesa descreía de Semmelweis por ser éste húngaro, dado que como Vienés, consideraba que los húngaros eran inferiores en habilidad e inteligencia.

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