Diario de lecturas

Hitoshi Oshima (ed.): La vía del samurái

samurai

Hitoshi Oshima (ed.): La vía del samurái. Libro de los cinco anillos de Miyamoto Mushashi y Hagakure de Yamamoto Tsunetomo. Amaranta Oshima (tr.) Madrid: La Esfera de los Libros, 2007.

El bushido es el “camino (do) del samurái (bushi)”. Hitoshi Oshima reúne en este libro dos textos sobre el tema: Libro de los cinco anillos de Miyamoto Mushashi y Hagakure de Yamamoto Tsunetomo. El Libro de los cinco anillos es un tratado de técnicas de combate escrito en el s. XVII por un maestro de katana. El Hagakure, del s. XVIII, es una guía moral sobre el comportamiento que ha de tener el guerrero para vivir con honor.El Hagakure me ha recordado en ciertos momentos la descripción que Platón hace de los guardianes en la República. Un bushi es el que está siempre dispuesto a morir por su clan. Esa es también la idea que según Platón hay que inculcar en los guardianes desde niños. Platón incluso autoriza la eliminación de los versos de Homero que hablen del Hades: la ciudad necesita que los guardines vean la muerte con buenos ojos. El segundo párrafo del Hagakure dice:

El bushido es morir. Es lo que he descubierto. En una encrucijada entre la vida o la muerte es optar por la muerte. El bushido no tiene más significado que éste. (…) Sólo cuando uno consiga día y noche pensar en la propia muerte, aceptar la propia muerte y vivir asumiendo a toda hora que el destino de uno consiste en morir, habrá alcanzado la libertad en el camino del bushi y podrá desempeñar su función, en tanto que bushi, sin cometer jamás ningún fallo. (p. 182)

A los guardianes Platón recomienda llevarlos de niños al campo de batalla para que vayan probando el sabor de la sangre. Y el Hagakure dice “Todo trabajo propio del hombre es un trabajo sangriento”. (p. 193) Si alguien pregunta qué es lo más importante a que debe consagrarse un bushi o samurái la respuesta del Hagakure es claramente organicista: lealtad absoluta al señor y su clan. Es la misma actitud que Platón exige a los guardianes: obediencia ciega a los gobernantes de la ciudad.

Al bushi le está permitida una relación homosexual que está reglamentada de un modo parecido al que se recomienda en el Banquete. Si tras cinco años de cortejo se puede determinar que las intenciones del amante son sinceras puede establecerse una relación para toda la vida. Esta relación incluye, como en los mitos que cuenta Fedro en el Banquete, el dar la vida por el amado.

No falta en el Hagakure el componente idealista, el “no hay cuchara” de Matrix:

No hay nada que no pueda conseguirse. Basta con tener una firme voluntad, para poder atravesar tanto el cielo como la tierra sin la ayuda de nadie. Y, si esto ocurre, no hay nada que no pueda cumplirse o conseguirse. La gente carece de ánimo y es por ello que no les surge la voluntad. Mover el cielo y la tierra sin ni siquiera hacer fuerza es una cuestión de concentrar el espíritu en un único punto. (p. 232)

El Hagakure también me ha traído a la memoria la impresionante escena final de Los siete samuráis de Akira Kurosawa. El ocaso trágico del guerrero frente a una mayoría incapaz y cobarde: Nietzsche en estado puro.

La vía del samurai es la fuente de inspiración de otra buena película, Ghost dog (Jarmusch, 1999).

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