Diario de lecturas

Jean Baudrillard: El pacto de lucidez o la inteligencia del Mal


Jean Baudrillard: El pacto de lucidez o la inteligencia del Mal. Irene Agoff (tr.) Madrid: Amorrortu, 2008. [Le Pacte de lucidité ou l’intelligence du Mal, Paris: Editions Galilée, 2004]

Uno de los últimos libros publicados por Baudrillard (1929-2007) en el que expone sus ideas más conocidas sobre metafísica, política, historia, estética o economía. Frente a las opiniones establecidas y las creencias inamovibles, el autor de Cultura y simulacro sugiere modos inesperados de contemplar el mundo. Su pensamiento es afín a la ironía y la paradoja. Tildado por algunos de polemista y vacío, prefiero considerarlo innovador y estimulante.

Como ya dijo Nietzsche, la muerte de Dios nos ha dejado solos frente a la realidad. Este hecho, que en principio era una oportunidad para la superación del hombre, se ha convertido en una trampa. Incapacitados para afirmar el trágico sinsentido del mundo, la inevitable y recurrente presencia del Mal, nos dedicamos a inventar una nueva realidad. Este proyecto está a punto de culminar en la Realidad Virtual que las tecnologías de la información han hecho posible. Una realidad donde todo tiene sentido, todo progresa y todo es nuevo. Una utopía limpia y aséptica, que en lugar de colocar al ser humano en el lugar que merece, vuelve a rebajarlo y amputarlo, tal y como habían hecho antes las religiones.

Frente a la aceptación trágica del mundo, al estilo de Nietzsche, la humanidad siempre ha preferido las soluciones fáciles. Sabemos que no existe la voluntad libre, ni la realidad objetiva y, sin embargo, libertad y realidad son los pilares de nuestra visión del mundo. Ansiamos ser libres, en todos los sentidos, desde el político al sexual, aun cuando en el fondo somos conscientes de que la libertad no es más que una ilusión bienintencionada y consoladora. Existen determinados ámbitos sociales en que esta sospecha se hace realidad. Por ejemplo, en la renuncia de las masas democráticas al poder político. Hay quienes dicen que están alienadas, Baudrillard opina que es su forma de venganza. Las mayorías silenciosas son la peor pesadilla del político.

También es, por lo tanto, una ingenuidad dolerse de los pueblos condenados a la «sociedad del espectáculo». Están alienados, sin duda, pero su servidumbre es de doble filo. Y ahí, en esa conjunción de indiferencia y goce espectacular de lo político, hay una forma maliciosa de revancha.
(p. 169)

Cuando Baudrillard afirma que la guerra del Golfo no tuvo lugar, los defensores del sentido y la realidad lo acusan de despreciar a los miles de muertos. Es la respuesta propia de un imbécil. A pesar de ellos, la pregunta continúa en el aire: ¿Qué quiere decir real cuando hablamos de una guerra programada y televisada en directo? Lo virtual, ese producto de la hipertrofia de la información, está a punto de destruir lo real. No hay cura ni remedio.

La ilusión, el sueño, la pasión, la locura, la droga, pero también el artificio, el simulacro: tales eran los predadores naturales de la realidad. Todo esto ha perdido su energía, como si lo hubiese atacado una enfermedad traicionera e incurable. (…) Lo Virtual: he aquí, sin duda, el último predador y depredador de la realidad, segregado por ella misma como una suerte de agente viral y autodestructivo. (p. 21)

Los museos de arte contemporáneo son un lugar ideal para tomar el pulso a esta desertificación de lo real. Museos llenos de obras vacías de significado donde el espectador pasea disciplinadamente para disfrutar de su nada virtual y su no-goce.

…el espectador… consume literalmente el hecho de no entender nada y de que no hay necesidad alguna de todo eso, salvo el imperativo de la cultura, de afiliación al circuito integrado de la cultura. Pero la cultura en sí es sólo un epifenómeno de la circulación mundial. La idea del arte se enrarece y se hace mínima hasta en el arte conceptual, donde termina con la exposición de no-obras en no-galerías: apoteosis del arte como no-acontecimiento. Recíprocamente, el consumidor circula por todo eso para experimentar su no-goce de las obras. (p. 101)

La Historia era la encargada de ordenar y dar sentido a los acontecimientos. Se seleccionaban los hechos y se establecía una jerarquía entre ellos. El fin de la historia consiste en que ya no hay más acontecimientos, ya no habrá más cambios significativos. Baudrillard cree que hemos trascendido la historia. Pero esto no significa que no pase nada nuevo sino que pasa algo nuevo continuamente. La Historia ha muerto por un exceso de información, de simultaneidad, de “información en tiempo real”. Si todo es acontecimiento, si todo es histórico, nada lo es. Esta situación, arraigada en el inconsciente colectivo, es, dice Baudrillard, la causa de esa fijación contemporánea por la catástrofe: meteoritos, tsunamis, holocausto nuclear, terrorismo…

En definitiva, que no nos engañe este simulacro virtual en el que vivimos inmersos. Sólo hay una salida posible. Reconocer la presencia inevitable del Mal en el mundo. La poca estima en que tenemos al mundo y al hombre tienen su origen en el no-reconocimiento de esa presencia. Atribuimos el Mal a un pecado original o a caprichos divinos y lo identificamos con una desgracia que no merecemos y de la que deberíamos poder librarnos. Frente a esta actitud Baudrillard propone que…

Seamos dignos de nuestra «perversidad», de nuestro genio maligno; pongámonos a la altura de nuestra implicación trágica en lo que nos sucede (felicidad incluida).
Para decirlo brevemente: no seamos imbéciles. Porque la imbecilidad, en sentido literal, está en la referencia superficial a la desgracia y en la exención del Mal.
Al confinar a las víctimas en su condición victimal, se las convierte en imbéciles.
(p. 147)

Por último, un detalle curioso. Es habitual que Baudrillard cite en sus libros a Elias Canetti, Marx, Lichtenberg, Heidegger o Nietzsche pero ha sido una sorpresa agradable encontrarme tres referencias a Rafael Sánchez Ferlosio y una a Macedonio Fernández.

Libros de Baudrillard traducidos al castellano

  1. El sistema de los objetos. Siglo XXI Ediciones, Barcelona, 1999. [Le système des objets, Gallimard, 1968, trad. Francisco González Aramburu]
  2. Crítica de la economía política del signo. Siglo XXI Ediciones, Barcelona, 2002. [Pour une critique de l’économie politique du signe, Gallimard, 1972, trad. Aurelio Garzón del Camino]
  3. El espejo de la producción. Gedisa, Barcelona, 1980. [Le miroir de la production, Casterman, 1973, trad. Irene Agoff]
  4. Olvidar a Foucault. Pre-textos, Valencia, 1994. [Oublier Foucault, Galilée, 1977, trad. José Váquez]
  5. Cultura y simulacro. Incluye “A la sombra de las mayorías silenciosas”, “El efecto Beaubourg”, “La precesión de los simulacros”, “El fin de lo social”. Kairós, Barcelona, 1988. [À l’hombre des majorités silencieuses, L’effet Beaubour, Simulacres et simulation, Galilée, Utopie, 1978, trad. Antoni Vicens y Pedro Rovira]
  6. De la seducción. Cátedra, Madrid, 1989. [De la séduction, Galilée, 1979, Trad. Elena Benarroch]
  7. Las estrategias fatales. Anagrama, Barcelona, 1991. [Les stratégies fatales, Grasset & Fasquelle, 1983, trad. Joaquín Jordá]
  8. América. Anagrama, Barcelona, 1987. [Amérique, Grasset & Fasquelle, 1986, trad. Joaquín Jordá]
  9. Cool memories. Anagrama, Barcelona, 1989 [Galilée, 1987, trad. Joaquín Jordá]
  10. El otro por sí mismo. Anagrama, Barcelona, 1988. [L’autre par lui-même, Galilée, 1987, trad. Joaquín Jordá]
  11. La transparencia del mal. Ensayo sobre fenómenos extremos. Anagrama, Barcelona, 1991. [La transparence du mal, Galilée, 1990, trad. Joaquín Jordá]
  12. La guerra del golfo no ha tenido lugar. Anagrama, Barcelona, 1991. [La guerre du Golfe n’a pas eu lieu, Galilée, 1991, trad. Thomas Kauf]
  13. La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos. Anagrama, Barcelona, 1993. [L’illusion de la fin ou la grève des avènements, Galilée, 1992, trad. Thomas Kauf]
  14. El crimen perfecto. Anagrama, Barcelona, 1996. [Le crime parfait, Galilée, 1995, trad. Joaquín Jordá]
  15. El paroxista indiferente. Conversaciones con Philippe Petit. Anagrama, Barcelona, 1998. [Grasset & Fasquelle, 1997, trad. Joaquín Jordá]
  16. Pantalla total. Anagrama, Barcelona, 2000. [Galilée, 1997, trad. Juan José del Solar]
  17. El intercambio imposible. Cátedra, Madrid, 2000. [L’échange impossible, Galilée, 1999, trad. Alicia Martorell]
  18. Contraseñas. Anagrama, Barcelona, 2002. [Mots de passe, Pauvert, 2000, trad. Joaquín Jordá]
  19. La ilusión vital. Siglo XXI Ediciones, Barcelona, 2002. [Columbia University Press, 2000, trad. Alberto Jiménez Rioja]
  20. Power Inferno. Arena Libros, Madrid, 2003.[Galilée, 2001-2002, trad. Isidro Herrera]
  21. La violencia del mundo. Paidós, Barcelona, 2004.
  22. El complot del arte : ilusión y desilusión estéticas. Agoff, Irene (tr.) Amorrortu, Madrid, 2006.

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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2 replies »

  1. Si bien Baudrillard nunca ha logrado ir más allá de sus muchos maestros (especialmente de Nietzsche), al menos le concedo el calificativo de estimulante. La humanidad siempre ha preferido las soluciones fáciles, la voluntad no es libre, el silencio de las masas es la peor pesadilla para los políticos. De acuerdo. ¿No hay realidad objetiva? Ahí sigo manteniendo mis dudas. ¿Ya no habrá más cambios significativos? Eso es rotundamente falso.Sobre la relación entre real y virtual, me sigue pareciendo acertadísima la interpretación de Lacan sobre la relación sexual. El acto sexual “real” (el acto con una pareja de carne y hueso) es inherentemente fantasmático: el cuerpo real del otro sólo nos sirve como apoyo masturbatorio y como sostén para nuestras proyecciones fantasmáticas. En otras palabras, no hay ninguna diferencia esencial entre el “sexo real” y el “sexo virtual”; sencillamente, el “sexo virtual” (por ejemplo, el sexo telefónico, las revistas pornográficas, incluso el sexo virtual por ordenador, etc.) sólo pone de manifiesto la estructura fantasmática -ilusoria, imaginaria- del “sexo real” con una pareja de carne y hueso. El sujeto humano, cuando lleva a cabo el acto sexual con otro sujeto humano, lo hace a través de fantasías; el propio goce que una persona experimente en el acto sexual dependerá únicamente de sus fantasías acerca del acto sexual en sí mismo y acerca del Otro real que le ha tocado en suerte.Quizá me haga con este libro. Las traducciones de Amorrortu, no obstante, me asustan un poco.

  2. Encantado de verte por aquí crates.He visto que si pinchas en crates aparece tu perfil de lastfm. Gracias, mogwai suena bien. Y no sabía ni que existían.Creo que Baudrillard es de los que intenta ir un poco más allá de Nietzsche. A veces lo consigue. Aunque al final, si intentas resumir lo que has aprendido al terminar un libro suyo, te queda muy poca cosa, te quedas ciertamente insatisfecho, aunque es difícil reconocerlo.No creo que Baudrillard hable del fin de la historia con la complacencia de Fukuyama. Sí abandona un modo crítico de pensar y prueba con un modo irónico. En aspectos puntuales del funcionamiento de la sociedad ofrece una mirada nueva: el arte contemporáneo o las mayorías silenciosas. Es un <>maestro de la sospecha<> a lo Foster Wallace. Sobre lo real y lo virtual. Me gusta la historia que cuentas de Lacan. Hace más de veinte años que leí En busca del tiempo perdido pero me suena terriblemente proustiano.Tienes bastante razón con lo de Amorrortu. Esta no es la mejor traducción de Baudrillard que he leído. Sinceramente, no te recomiendo que lo compres. Es suficiente con que le eches un vistazo en la librería al capítulo de Las soluciones fáciles. Cultura y simulacro, América y Cool memories son sus tres grandes libros.

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