Diario de lecturas

Vonnegut: El desayuno de los campeones

Kurt Vonnegut

Kurt Vonnegut, Jr.. Novelista estadounidense nacido en Indianapolis (EE.UU.) en 1922. Su padre fue Kurt Vonnegut, un famoso arquitecto. Estudió Bioquímica en la Universidad de Cornell hasta 1942, fecha en la que se alistó en el Ejército. En 1944, mientras Vonnegut mataba alemanes, su madre se suicidaba con una sobredosis de somníferos. Casi al término de la guerra es capturado por los nazis y encarcelado en la ciudad alemana de Dresde. Allí le tocó sufrir los terribles bombardeos que arrasaron la ciudad. Esta experiencia fue la inspiración de la obra que le dio fama internacional: Matadero 5.

Alrededor de 1950, y tras varios intentos frustrados de ganarse la vida, decide dedicar todo su tiempo a la literatura. En 1952 publica su primera novela, Pianola. No obtiene el éxito que esperaba así que tiene que dedicarse a la enseñanza. Su padre fallece en 1957. A partir de 1959 inicia una producción literaria estable: Las sirenas de Titán (1959), Cuna de gato (1960), Madre noche (1961), Dios le bendiga, Mr. Rosewater (1965) y Matadero 5(1969)

A las décadas de los 70 y 80 pertenecen las novelas El desayuno de los campeones (1973), Slapstick (1976), Jailbird (1979), Deadeye Dick (1982) y Galapagos (1985).

A mediados de los ochenta Vonnegut intenta suicidarse utilizando somníferos y alcohol. Tras este incidente continúa escribiendo, Barbazul (1987), Hocus Pocus (1990), Timequake (1997) y Dios le bendiga, Dr. Kevorkian (1999).

Enlaces sobre Kurt Vonnegut

  1. Página oficial de Kurt Vonnegut
  2. Kurt Vonnegut corner
  3. La generación beat: Vonnegut
  4. Vonnegutweb
  5. Alohacriticon

Cuestionario

  1. Relaciona las ideas de la novela con la teoría de Descartes sobre el genio maligno
  2. Relaciona las ideas de la novela con el fenomenismo.
  3. Relaciona las ideas de la novela con la hipótesis de Putnam acerca de los cerebros en una cubeta
  4. Busca información acerca de la función de un principio maligno del Universo en la filosofía gnóstica.
  5. Busca información acerca de la función de un principio maligno del Universo en Schopenhauer.

Textos para comentar

  1. Acerca del Creador del Universo y sus experimentos con una nueva criatura
  2. El solipsismo: acerca de las fronteras entre la verdad y la locura.

Kurt Vonnegut: El desayuno de los campeones. Barcelona: Anagrama, 1999.

1. Acerca del Creador del Universo y sus experimentos con una nueva criatura

O sea que cada vez estaba mucho más cerca de Dwayne Hoover. Y, como si el Creador del Universo o algún otro poder sobre-natural le estuvieran preparando para ese encuentro, Trout sintió la urgencia de echar un vistazo a un libro suyo, Ahora ya puede contarse. Ése era el libro que muy pronto convertiría a Dwayne en un maníaco homicida.

El argumento del libro era el siguiente: La vida era un experimento que estaba llevando a cabo el Creador, que quería probar un nuevo tipo de criatura porque estaba pensando en introducirla en el Universo. Se trataba de una criatura con la capacidad de decidir por sí misma. Todas las demás criaturas que había en el Universo eran robots absolutamente programados.

El libro estaba escrito como si se tratase de una carta muy larga del Creador del Universo a su criatura experimental. El Creador felicitaba a su criatura y lamentaba todos los inconvenientes por los que había tenido que pasar y le invitaba a un banquete que iba a dar en su honor en el Salón Imperio del Hotel Waldorf Astoria de la ciudad de Nueva York, donde cantaría y bailaría un robot negro, que se llamaba Sammy Davis Junior.

Después del banquete, la criatura experimental no fue eliminada sino que fue trasladada a un planeta virgen. Mientras se hallaba inconsciente se le rasparon y extrajeron unas células de las palmas de las manos. Fue una operación completamente indolora.

Y, después, se echaron las células a un mar espeso que había en aquel planeta virgen. Y, con el paso de millones de años, aquellas células fueron evolucionando hacia formas de vida más complicadas. Pero, fuera cual fuese la forma que adoptasen, eran criaturas con libre albedrío.

Trout no le había puesto a la criatura experimental un nombre propio. Lo llamó simplemente El Hombre.

En el planeta virgen al que le trasladaron, El Hombre se llamó Adán y el mar se llamó Eva.

El Hombre iba con frecuencia a pasear a la orilla del mar. Algunas veces se metía en su Eva, pero era demasiado espeso como para bañarse, nadar y sentirse tonificado. Después de meterse en su Eva se sentía cansado, somnoliento y pegajoso, así que solía zambullirse en una poza de un arroyo de agua helada que brotaba de una montaña.

Y en el momento de zambullirse en el agua helada gritaba, y volvía a gritar cuando ascendía a la superficie para respirar. A veces se hacía sangre en las espinillas al subir gateando por las rocas para salir del agua y le entraba la risa.

Jadeaba y se reía de nuevo y pensaba en alguna cosa asombrosa que poder gritar. El Creador nunca sabía lo que iba a gritar porque no tenía control sobre él. Era el propio Hombre el que tenía que decidir qué iba a hacer a continuación… y por qué.

Un día, después de darse un chapuzón, El Hombre gritó:”¡Queso!”

En otra ocasión gritó: “¿No preferiría, en realidad, conducir un Buick?”

El único animal grande que había en aquel planeta virgen era un ángel que visitaba a El Hombre de vez en cuando. Era un mensajero del Creador del Universo y llevaba a cabo investigaciones para Él. Había adoptado la forma de un oso macho de color canela de cuatrocientos kilos de peso. Pero también era un robot y, según Kilgore Trout, el Creador también lo era.

El oso estaba intentando averiguar por qué hacía El Hombre lo que hacía, y le preguntaba, por ejemplo: «Por qué has gritado “Queso”?»

Y El Hombre contestaba burlándose: «Porque me apetecía, máquina boba.»

Kurt Vonnegut: El desayuno de los campeones, 162-164

2. El solipsismo: acerca de las fronteras entre la verdad y la locura.

Allí, en el bar del hotel, las sustancias químicas nocivas de Dwayne Hoover decidieron de pronto que había llegado el momento de que Dwayne preguntara a Kilgore Trout acerca de los secretos de la vida.

–Déme el mensaje –dijo Dwayne a gritos. Se levantó torpemente de su butaca y se dejó caer junto a la de Trout, irradiando tanto calor como si fuera una calefacción–. El mensaje, por favor.

Y en ese momento a Dwayne se le ocurrió algo extraordinariamente raro. Lo hizo porque yo quería que lo hiciese. Se trataba de algo que yo tenía ganas, desde hacía un montón de años, que realizara alguno de mis personajes. Dwayne le hizo a Trout lo mismo que la duquesa le hizo a Alicia en Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol. Le apoyó la barbilla en el hombro y se la clavó.

—¿Y el mensaje? —dijo, clavándole la barbilla en el hombro cada vez con más fuerza.

Trout no respondió. Había albergado la esperanza de pasar lo poco que le quedase de vida sin tener que tocar de nuevo a ningún ser humano. La barbilla de Dwayne sobre su hombro le resultaba tan terrible como si le estuvieran sodomizando.

—¿Es esto? ¿Es esto? —dijo Dwayne, arrancándole a Trout de las manos su novela Ahora puede contarse.

—Sí, sí, es eso —dijo Trout gruñendo. Para alivio suyo, eso hizo que Dwayne levantara la barbilla y la separase de su hombro.

Dwayne se lanzó a leer con avidez como si estuviera hambriento de letra impresa. Y el curso de lectura rápida que había hecho en la Asociación Cristiana de Jóvenes le permitió convertirse en un perfecto cerdo engullendo palabras y páginas.

«Estimado señor, pobre señor, valiente señor», leyó, «es usted un experimento del Creador del Universo. Es usted la única criatura con libre albedrío de todo el universo. Es usted el único que ha de pensar en lo siguiente que va a hacer y en por qué va a hacerlo. Todos los demás son robots, son máquinas.

»Existen personas a las que parece que usted les gusta y hay otras que parece que le odian. Usted se estará preguntando el porqué. Es, simplemente, porque son máquinas de gustar y máquinas de odiar.

»Está usted desmoralizado y hecho polvo», siguió leyendo Dwayne. «¿Y cómo no habría de estarlo? Es agotador tener que razonar en todo momento en un universo que no es razonable.»

Dwayne continuó leyendo: «Está usted rodeado por máquinas de amar, máquinas de odiar, máquinas de avaricia, máquinas de generosidad, máquinas valientes, máquinas cobardes, máquinas de la verdad, máquinas de mentir, máquinas de diversión, máquinas solemnes», ponía el libro. «La única finalidad de todas ellas es la de pincharle a usted de todas las formas posibles para que el Creador del Universo pueda observar sus reacciones. Esas máquinas poseen tanta capacidad de sentir y de razonar como los relojes de su abuelo.

»Ahora, al Creador del Universo le gustaría disculparse no sólo por haberle proporcionado durante la prueba todas esas compañías caprichosas y agobiantes, sino también por el deplorable estado de degradación en el que se encuentra el planeta. El Creador programó a los robots para que hicieran un mal uso de dicho planeta durante millones de años, de tal modo que, cuando usted llegase, fuese ya un queso purulento y ponzoñoso. También se ocupó de superpoblarlo, hasta un grado desquiciante, de robots programados para que, fueran cuales fuesen sus condiciones de vida, no pararan de mantener relaciones sexuales y adorasen tener niños por encima de cualquier otra cosa.»

(…)

Y Dwayne continuaba leyendo aquel mensaje sobre sí mismo y el Creador del Universo, a saber:

«También programó robots para que escribiesen libros y revistas y periódicos para usted, y espectáculos de radio y televisión, y obras de teatro y películas. También escribieron canciones para usted. El Creador del Universo hizo que inventaran cientos de religiones, para que usted dispusiera de una gran variedad para elegir. Hizo que se mataran entre sí a millones, sólo con el siguiente propósito: sorprenderle. Los robots han cometido todas las atrocidades posibles y todas las amabilidades posibles sin sentir absolutamente nada, automáticamente, inevitablemente, sólo para ver cómo reaccionaba USTED.

La última palabra estaba escrita en caracteres extragrandes y ocupaba toda un renglón, de modo que tenía el siguiente aspecto:

U-S-T-E-D

«Cada vez que usted entraba en una biblioteca», ponía el libro, «el Creador del Universo contenía el aliento. ¿Qué libro podría llegar a elegir usted, con su libre albedrío, en aquel opíparo bufé cultural sin orden ni concierto?

»Sus padres eran máquinas de lucha y autocompasión», decía el libro. «Su madre estaba programada para gritarle a su padre porque éste era una máquina de hacer dinero defectuosa, y su padre estaba programado para gritarle a su madre porque ésta era una máquina de hacer labores del hogar defectuosa. Estaban programados para gritarse el uno al otro por ser unas máquinas de amar defectuosas.

»Y después su padre estaba programado para salir violentamente de la casa y cerrar la puerta de un portazo, cosa que convertía automáticamente a su madre en una máquina de llorar. Y su padre se iba a una taberna donde se emborrachaba junto con otras máquinas bebedoras. Y después todas las máquinas bebedoras se iban a un prostíbulo y alquilaban máquinas folladoras. Y después su padre volvía arrastrándose a casa para convertirse en una máquina de pedir perdón. Y su madre se volvía una máquina de perdonar muy lenta.»

Dwayne se puso de pie después de haber devorado decenas de miles de palabras de aquel capricho solipsista en unos diez minutos aproximadamente.

Se encaminó, muy rígido, hacia el piano-bar. Lo que le confería tal rigidez era sentirse sobrecogido ante su propio poder y capacidad de actuación. No se atrevía a utilizar toda su fuerza en el simple hecho de caminar, por temor a destruir el nuevo Holiday Inn con sus pisadas. No temía por su vida, ya que el libro de Trout le aseguraba que ya le habían matado veintitrés veces y que, en cada ocasión, el Creador del Universo lo había reconstruido y puesto en marcha otra vez.

Dwayne se contenía más por elegancia que por propia seguridad. Estaba dispuesto a actuar con refinamiento ante su nueva percepción de la vida, para un público compuesto de dos seres: él mismo y su Creador.

Se dirigió hacia su hijo homosexual.

Bunny se vio venir el problema, pensó que aquello sería su ruina. Se podría haber defendido fácilmente recurriendo a todas las técnicas de lucha que había aprendido en la academia militar, pero prefirió sumirse en la meditación. Cerró los ojos y su conciencia se sumergió en el silencio de los lóbulos, rara vez utilizados, de su mente. Esta bufanda fosforescente pasó flotando:

Dwayne le agarró la cabeza a Bunny por detrás, se la aplastó contra las teclas del piano y la arrastró, como si fuese un simple melón, por todo el teclado. No paraba de reírse mientras le decía a su hijo:

–¡Eres una maldita máquina de chupar pollas!

Bunny no opuso resistencia, a pesar de que le estaba destrozando la cara de un modo espantoso. Dwayne levantó aquella cabeza del teclado y volvió a estrellarla contra él. Las teclas del piano quedaron llenas de sangre, babas y mocos.

Entonces Rabo Karabekian y Beatrice Keedsler y Bonnie Mac-Mahon agarraron a Dwayne y lo apartaron de Bunny. Aquello hizo que Dwayne estallara de júbilo.

–Nunca se debe pegar a una mujer, ¿verdad? –le dijo al Creador del Universo.

Y, a continuación, le asestó un puñetazo a Beatrice Keedsler en toda la mandíbula y golpeó a Bonnie MacMahon en el estómago. Estaba sinceramente convencido de que no eran más que máquinas insensibles.

–Todos vosotros, robots, ¿queréis saber por qué mi mujer tomó Drano? –preguntó Dwayne a su estupefacto público–. Os lo voy a decir: ¡Porque era una máquina que estaba programada para eso!

ibid, 231-237

Categorías:Diario de lecturas, Novela

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3 replies »

  1. Me agrada como Vonnegut utiliza filosofía disfrazada de ciencia ficción.

    Ayer estuve a punto de comprar Matadero 5 en tienda de libros usados… pero desistí por que algunas paginas tenían gusanitos. es triste porque detesto leer libros tan buenos en línea.
    pero bueno supongo que en eso se estan convirtiendo los libros hoy en dia con la tecnologia: en ataúdes

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