Diario de lecturas

Amir D. Aczel: El cuaderno secreto de Descartes


Amir D. Aczel: El cuaderno secreto de Descartes. Josep Sarret Grau (tr.) Barcelona: Biblioteca Buridán, 2008.

El libro de Aczel es el producto de una fórmula, de una receta, es decir, que ha sido preparado por los mercaderes de la cultura con el único objetivo de vender el mayor número posible de ejemplares. La primera impresión es buena porque satisface los criterios de la moda editorial y las expectativas del tipo mayoritario de consumidor de libros. El producto tiene gancho y se venderá bien. Naturalmente, detrás de Biblioteca Buridán está Random House.

Lo que me irrita de El cuaderno secreto de Descartes es la extensión de la moda de la “novela histórica de misterio” al terreno filosófico. Habitualmente, cuando se lee la biografía de algún filósofo se aprende también algo de su filosofía, pues el autor ha intentado en lo posible conectar su vida y sus ideas. Sin embargo, Aczel no toca absolutamente ningún aspecto de la filosofía de Descartes. Su relato no es más que una colección de anécdotas que incluye un romántico duelo con espada, su amistad platónica con la princesa Isabel, contactos con matemáticos de la época que probablemente pertenecieran a la secta de los Rosacruces, un cuaderno secreto perdido en el que se escondía un importante descubrimiento matemático, y su misteriosa muerte, probablemente envenenado, en la corte de la Reina Cristina de Suecia.

La historia del cuaderno secreto se puede resumir en un párrafo. Leibniz había sido acusado de robar el invento del cálculo integral a Newton. Para evitar que nadie pudiera echarle en cara que sus descubrimientos se inspiraban en los de otros, Leibniz necesitaba saber qué había entre los papeles no publicados de Descartes. Entre estos papeles estaba el famoso cuaderno secreto. Lo que Leibniz encontró le resultó tranquilizador pues no tenía nada que ver con el cálculo integral. Descartes había descubierto la primera invariante topológica C+V-L=2. Es decir, cuando tratamos con sólidos regulares, el número de caras, más el número de vértices, menos el número de lados, da siempre 2.

Este es el tipo de libro que te avergüenzas de haber comprado.

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