Étienne Gilson: El ser y los filósofos

Étienne Gilson (París, 1884-1978)

Étienne Gilson: El ser y los filósofos. Santiago Fernández Burillo (trad.) 5ª ed. Navarra: Eunsa, 2005.

Si pasa usted por el trance de preparar en España unas oposiciones a docente de filosofía en instituto este anacrónico libro del cristiano neotomista Gilson le ayudará a preparar los temas de metafísica. Junto a su obra emblemática La filosofía en la Edad Media: desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV (versión española de Arsenio Pacios y Salvador Caballero. Madrid: Gredos, 2007) constituye parte importante de la bibliografía esencial para enfrentarse a:

  • La metafísica como problema
  • Formación y sentido de la idea de ente
  • Los primeros principios y su valor ontológico
  • Las categorías y los diversos sistemas categoriales
  • Los distintos planteamientos en torno al concepto de sustancia. Valoración crítica del principio de causalidad
  • La realidad personal y el problema de la libertad
  • El debate en torno a las relaciones entre la fe y la razón
  • Ontologismo, agnosticismo y ateísmo

Dicho esto, si tiene usted la fortuna de aprobar, no se olvide de olvidar inmediatamente lo aprendido porque las discusiones escolásticas sobre ser, sustancia, esencia y existencia producen, a medio y largo plazo, reblandecimiento cerebral.

Cuando Gilson reclama atención y seriedad para comprender las posiciones metafísicas de Suárez, Scoto o Tomás está hurtándonos la verdad profunda. En toda discusion sobre los primeros principios del ser y del conocer todo se resuelve en última instancia en cuestiones de índole moral o política. En general, aquello de lo que habla Gilson (la unidad del ser, la relación entre esencia y existencia, la infinitud del primer principio…) no es más que una gigantesca logomaquia creada por una clase político-sacerdotal que busca defender intereses muy, muy concretos.

A este respecto es muy ilustrativa la historia de la filosofía medieval que Umberto Eco bosqueja en su novela El nombre de la rosa. Las polémicas teológicas entre franciscanos y tomistas se reducen en definitiva a la cuestión de si es correcto que la iglesia acumule bienes materiales mientras a su alrededor sus fieles mueren de hambre. Una cuestión que sólo tiene una respuesta posible para cualquiera que la examine objetivamente se convierte en la novela en una encendida disputa filológica sobre si Cristo llevaba o no monedero en sus idas y venidas por Galilea. El enfrentamiento entre la metafísica de Ockham y los tomistas tiene como trasfondo si es legítimo que el papa acumule poder político y militar. Lo cual, si nos atenemos a los Evangelios, tiene también una respuesta bastante sencilla.

La crítica de Nietzsche a la metafísica es especialmente apropiada en este caso:

Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto —ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma… Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto «Dios»… Lo último, lo más tenue, lo mas vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum [ente realísimo]… ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas!—¡Y lo ha pagado caro!…

Nietzsche, F.:Crepúsculo de los ídolos, La razón en la filosofía, §4.

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