Diario de lecturas

Giovanni Sartori: Homo videns

Giovanni Sartori

Giovanni Sartori: Homo videns. La sociedad teledirigida. 6ª edición. Madrid: Taurus, 2003.

El discurso de Sartori me recuerda al espectro del padre de Hamlet reclamando venganza a su hijo contra el miserable que ha ocupado su trono.

Me explico.

En nombre de la “vieja cultura” (entiéndase la Ilustración, la Modernidad) Sartori lleva acabo una diatriba contundente contra la influencia de la televisión en el mundo contemporáneo. Según Sartori el homo sapiens se distingue del resto de las especies por su habilidad simbólica. Esta nos capacita para el pensamiento abstracto y nos permite ir más allá de la inmediatez de la imagen. Sin embargo, en los últimos 50 años debido al influjo de la televisión se ha iniciado un retroceso evolutivo que terminará por convertirnos en descerebrados homo-videns, crédulos, estúpidos e incapaces de pensamiento crítico.

El sistema democrático resulta especialmente perjudicado puesto que la televisión transforma al “demos” en una multitud solitaria de individuos desinformados incapaces de generar “opinión pública”.

Los enemigos de Sartori son los apologetas de las nuevas tecnologías como Negroponte. El autor critica de un modo contundente sus absurdas teorías sobre las virtudes de abandonar el pensamiento lógico en favor de una lógica circular (“hipertextual”) o de la mejora de la democracia gracias a la interacción directa de los ciudadanos con sus representantes a través del correo electrónico.

Los cimientos filosóficos sobre los que se apoya Sartori son plenamente modernos. Son obvias las influencias de Platón y Kant. Por ejemplo, la distinción platónica de dos tipos de opinión: una irracional y supersticiosa y otra fundamentada. O también las críticas a la democracia directa argumentando, al modo kantiano, que no todos estamos preparados para dar una opinión legítima sobre complejos problemas políticos y que, por tanto, la democracia directa supone la victoria de una mayoría indocumentada sobre una minoría indefensa.

En cualquier caso, el defecto del libro es pensar la televisión “como si” no hubiesen existido ni Nietzsche ni Baudrillard. Sartori da por hecho que ideas ya enterradas siguen ejerciendo algún tipo de influencia en nuestro tiempo pero el hecho es que la distinción verdadero/falso o su evocación del “rey-filósofo” ya no pueden darse por supuestas.

En términos psicoanalíticos: es posible que fuese bueno para la salud mental de Hamlet terminar de enterrar a su padre.

Otros dos libros breves e interesantes sobre la televisión son:

  • Enrique Lynch : La televisión: el espejo del reino. Barcelona: Plaza & Janés, 2000.
  • Pierre Bordieu: Sobre la television. Barcelona: Anagrama, 1996.

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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