Diario de lecturas

Byung Chul-Han: La sociedad de la transparencia (2013)

Byung Chul-Han: La sociedad de la transparencia. Raúl Gabás (tr.) Barcelona: Herder, 2018.

En la sociedad positiva, en la que las cosas, convertidas ahora en mercancía, han de exponerse para ser, desaparece su valor cultual a favor del valor de exposición. En lo que se refiere a este último, la mera existencia es por completo insignificante. Todo lo que descansa en sí se demora en sí mismo, ya no tiene ningún valor. Las cosas se revisten de un valor solamente cuando son vistas. La coacción de la exposición, que lo entrega todo a la visibilidad, hace desaparecer por completo el aura como “aparición de una lejanía”.

(p. 26)

La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica. Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, despojado, desvestido y expuesto. El exceso de exposición hace de todo una mercancía que “está entregado, desnudo, sin secreto, a la devoración inmediata.” La economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición. Solo la escenificación expositiva engendra el valor; se renuncia a toda peculiaridad de las cosas. Estas no desaparecen en la oscuridad, sino en el exceso de iluminación: “Más en general, las cosas visibles no concluyen en la oscuridad y el silencio: se desvanecen en lo más visible que lo visible: la obscenidad.”

(p. 29)

La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan.

(89 y ss.)

En el capítulo “La sociedad porno” dedicado a las categorías estéticas de studium y punctum en la fotografía según Barthes no se menciona a un solo fotógrafo para ejemplificar sus teorías. Esta es, para mí, una de las faltas más significativas en un texto de Estética.

2 replies »

  1. También es muy interesante el libro En el enjambre, en el último capítulo sustituye la biopolítica de Foucault, basada en la disciplina, por la psicopolítica basada en la transparencia; dice también que en el panóptico digital, el control y la vigilancia se acentúan desde dentro, y que “la autoexplotación es más eficiente que la explotación ajena”.
    Me parecen muy contracorriente y acertados los textos que citas aquí, son muchos los que piensan que el valor a una obra se lo da su visibilidad, hasta el punto de afirmar que una obra no existe hasta que no es expuesta o leída; aunque, por otra parte, me parece que ese exceso de iluminación también conlleva una objetivación extrema de la cultura en la que el sujeto desaparece, no está; eso sí, paralelamente se reclama la firma del autor (un autor que se vende, que es citado, que tiene un supuesto valor objetivo). En ese aspecto me llama la atención tu reflexión final, que a la vez comprendo, aunque en la ausencia de aquel otro sentido más singular.
    No leí La salvación de lo bello, pero me encantó tu reseña, sobre todo los dos primeros puntos que señalas, lo bello como “ocultamiento” y como “herida y desastre”, en ese sentido el arte, como la vida, es siempre un boceto o un borrador.
    Muchos abrazos,
    Marisa

    • Hola Marisa, también habla en La sociedad del cansancio de que es más eficiente la autoexplotación de las sociedades tardomodernas que la explotación pura y simple de las sociedades del panóptico. Tengo para leer En el enjambre en la lista de la izquierda. La metáfora de la colmena ha dado tanto juego desde Platón.

      Las citas que hago de Chul Han son un signo de impotencia para escribir una reseña en condiciones. Por falta de tiempo o de cabeza me limito a seleccionar dos párrafos y anotarlos con el fin de no olvidar. Me gustaría que fueran significativos.

      Mi reflexión final es una queja que tengo con muchos libros de Estética. Hablan mucho de la belleza pero se mantienen totalmente al margen del arte: ni una pintura ni un poema nada. Por lo menos, hablar del cielo estrellado. En La salvación de lo bello Chul Han usa a Koons para criticarlo y a Proust para lo contrario y no es mucho pero correcto. Sin embargo, en este volumen un capítulo entero dedicado a la fotografía sin nombrar a un sólo fotógrafo me pareció un poco irritante. Fernando Castro Flórez o Eloy Fernández Porta destacan por lo contrario, atiborran la página de referencias artísticas.

      Abrazos.
      Eugenio.

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