Diario de lecturas

Gore Vidal: Juliano el Apóstata

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Gore Vidal: Juliano el Apóstata. Eduardo Mansillo (tr.) Barcelona: Edhasa, 2008.

Gore Vidal nació en Nueva York en 1925. Homosexual de ideas políticas progresistas ha sido durante años la conciencia crítica de Norteamericana. Publicó principalmente novelas históricas y ensayos de corte político. Una de esas novelas es Juliano el Apóstata (1964). Ganó el National Book Award en 1993 por un ensayo sobre la historia reciente de Estados Unidos. También fue guionista en Hollywood. Aunque no aparezca en los títulos de crédito, participó en la adaptación de Ben-Hur (William Wyler, 1959). A Vidal se le atribuye la tensión homosexual entre el protagonista, Charlton Heston, y su amante despechado, Stephen Boyd (Messala). Así lo confirma el propio Vidal en el imprescindible documental El celuloide oculto (1995).

Para terminar este breve apunte biográfico, quiero destacar los pronunciamientos de Gore Vidal acerca de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Según Vidal fueron “consentidos” por el gobierno estadounidense para justificar así la invasión de Afganistán e Iraq. La prueba de ello es que los aviones secuestrados permanecieron en el aire durante más de una hora sin que ningún caza se les acercase. El NORAD (North American Aerospace Defense Coomand) falló de un modo tan estrepitoso, que resulta imposible no albergar sospechas acerca de la intencionalidad de tamaño error.

Juliano el Apóstata reconstruye fielmente, en la línea del Yo, Claudio de Robert Graves, la vida del emperador romano Flavio Claudio Juliano (332-363). Es más conocido como Juliano el Apóstata, pues intentó revitalizar los antiguos ritos paganos y cerrar el paso a la superstición galilea. Para narrar la historia de Juliano, Vidal acude al recurso literario de la correspondencia entre dos de sus seguidores, los filósofos Libanio y Prisco, y a las memorias y diarios del propio Juliano. Prisco las habría robado en el lecho de muerte de Juliano y Libanio desea inútilmente publicarlas años después, cuando el cristianismo se ha hecho tan poderoso que no admite ningún tipo de oposición.

La religiosidad de Juliano es una mezcla de filosofía, mística y magia. Heredero del neoplatonismo sitúa como divinidad máxima al Uno. Este se manifiesta a los hombres a través de visiones, que en el caso de Juliano están asociadas al Sol, y rituales antiguos como los misterios de Eleusis o el culto a Mitra. Además se aferra al poder de los oráculos (Delfos), los rituales homéricos del sacrificio de bueyes y aves y los sueños proféticos. El cristianismo no está a altura de esta exuberancia religiosa y, en consecuencia, se dedica a rapiñar todos los elementos relevantes y respetados de otros cultos para hacer una burda imitación. Así se lo explica el mago Máximo a su discípulo Juliano:

Máx.-Algunos han preguntado: ¿Creamos nosotros a esos dioses o ellos nos han creado a nosotros? Éste es un debate antiguo. ¿Somos un sueño de la mente divina, o cada uno de nosotros es un soñador aislado, que evoca su propia realidad? Aunque no puede saberse con seguridad, los sentidos nos dicen que existe una sola creación y que estamos contenidos en ella para siempre. Ahora bien, los cristianos tratan de imponer un mito rígido y último sobre lo que nosotros sabemos que es variado y extraño. No, ni siquiera un mito, porque el Nazareno existió en carne y hueso, mientras los dioses a los que rendimos culto nunca fueron hombres; más bien son cualidades o poderes hechos poesía para que los conozcamos. La poesía desapareció con el culto del judío muerto. Los cristianos quieren reemplazar nuestras hermosas leyendas por los registros policiales de un rabinoreformador judío. A partir de este material inverosímil esperan lograr una síntesis final de todas las religiones conocidas. Ahora se apropian de nuestras festividades. Transforman las deidades locales en santos. Nos quitan nuestros ritos de misterio, en particular el de Mitra. Los sacerdotes de Mitra son llamados «padres». Así los cristianos llaman «padres» a sus sacerdotes. Incluso imitan la tonsura, esperando impresionar a los nuevos conversos con los adornos familiares de un culto más antiguo. Han empezado a llamar al Nazareno «salvador» y «curador». ¿Por qué? Porque uno de nuestros más amados dioses es Asclepio, a quien llamamos «salvador» y «curador».
Jul. —Pero nada hay en Mitra que iguale al misterio cristiano —sostuve para mi mal—. Por ejemplo la Eucaristía, la toma del pan y el vino, cuando Cristo dijo: «Aquel que coma de mi cuerpo y beba de mi sangre alcanzará la vida eterna». Máximo sonrió.
Max. —No descubro ningún secreto sobre Mitra si os digo que nosotros también somos partícipes de un alimento simbólico, al recordar las palabras del profeta persa Zaratustra, que dijo a aquellos que rendían culto a el Dios Uno… y a Mitra: «Aquel que coma de mi cuerpo y beba de mi sangre, se hará uno conmigo y yo con él; él mismo no conocerá la salvación». Esto fue dicho seis siglos antes del nacimiento del Nazareno. (p.135)

A Prisco le llaman la atención las incoherencias del pensamiento religioso de Juliano. Por un lado, la sensatez de no aceptar a un judío rebelde como dios, y, por otro, compartir con las legiones el culto a Mitra, que, casualmente, nació de un rayo que abrió una roca, el 25 de diciembre, mientras los pastores miraban su nacimiento. Prisco tiene un punto de vista materialista y escéptico acerca de las creencias religiosas y, al contrario que a Libanio, le resulta imposible comprender los éxtasis místicos de Juliano. Este es uno de ellos:

Vi al mismo dios mientras caía de rodillas entre matorrales de salvia, y los rojos y oblicuos rayos daban de lleno en mi rostro. Oí aquello que no puede escribirse ni decirse y vi aquello que no puede ser registrado en palabras ni en imágenes.Y aún ahora, años después, es tan vivo en el recuerdo como lo fue en ese momento. Porque yo fui elegido en esa ladera para la gran tarea en la que ahora estoy comprometido: la restauración del culto del Dios, Uno, en toda su hermosa singularidad. (p. 146)

La crítica a la religión cristiana que Juliano lleva a cabo en sus memorías podría repetirse hoy día tal cual con los mismos argumentos. Así que, a pesar de ser una cita un poco larga y, por tanto, inadecuada para un blog, allá va el discurso que debería oírse en las escuelas en lugar de la clase de religión, el saber de Juliano el Apóstata:

Jesús fue, simplemente, un sacerdote judío renovador, tan exclusivo como los demás judíos, que no tenía ningún interés en hacer proselitismo fuera del pequeño mundo de los judíos. Los problemas que tuvo con Roma no eran de carácter religioso (¿cuándo Roma persiguió a alguien por sus creencias religiosas?), sino político. Este Jesús pensó que él era el mesías. Ahora bien, el mesías es una especie de héroe judío que, de acuerdo con la leyenda, un día establecerá un imperio judío que durará hasta el fin del mundo. Evidentemente no es un dios, y mucho menos el hijo del Dios Uno. El mesías ha sido objeto de muchas profecías judías, y Jesús representó cuidadosamente cada uno de los requerimientos proféticos para parecerse a este héroe (el mesías entraría en Jerusalén sobre un asno, así lo hizo él, etcétera). Pero la cosa salió mal. El pueblo no le dio su apoyo. Su dios lo abandonó. Él recurrió a la violencia. Con una gran banda de rebeldes tomó el templo, anunciando que había llegado con una espada. Debía lograr para sí mismo lo que su dios no le concedía. Acabó no siendo un dios ni tampoco el mesías judío, sino un rebelde que trataba de convertirse en el rey de los judíos. Con bastante razón, nuestro gobernador lo ejecutó.
Las prédicas morales del Galileo, aunque a menudo han sido registradas incoherentemente, están más allá de toda crítica. Predicó la honestidad, la sobriedad, la bondad y una suerte de ascetismo. Es decir, era un rabino judío igual a todos, con tendencias fariseas. Se parece a Marco Aurelio en una forma grosera. Comparado con Platón o Aristóteles, es un niño.
Lo sorprendente de nuestra época es que un rabino provinciano y simple fuera convertido de forma tan extraordinaria en un dios por Pablo de Tarso, quien superó a todos los embaucadores y tramposos que hayan existido en cualquier lugar del mundo. Como señaló con tanta agudeza Porfirio el siglo pasado, «Los dioses han declarado que Cristo ha sido sumamente piadoso; él se ha hecho inmortal y su memoria es estimada por ellos. Mientras tanto, los cristianos son una secta corrompida, contaminada y sumergida en el error». En la actualidad, la situación es todavía peor. Para cuando Constantino, Constancio y la horda de obispos acabaron con Jesús, poco quedó de su mensaje inicial. Cada vez que se reunían en sínodo se alejaban más de las enseñanzas originarias del hombre. La concepción del triple dios es su última obra maestra.
Una razón por la que los galileos se hicieron cada vez más peligrosos y poderosos reside en su continua asimilación de nuestros ritos y fechas sagradas. Puesto que, con razón, consideraban el culto de Mitra como su principal rival, desde hace años se han venido apropiando de diversos aspectos de los ritos de Mitra y los han incorporado a sus propias ceremonias. (pp. 497-498)
[…]

—Nadie —dije- será perseguido por mí a causa de su fe. -Hubo un relajamiento general de la tensión. Pero aún se mostraban cautelosos-. Por supuesto, me gustaría convenceros de que estoy en lo justo. Pero puesto que la verdad es tan clara como el sol, si ya no la veis, simplemente no la veréis. Pero no puedo permitiros que perjudiquéis a los demás, como lo habéis hecho durante tantos años. No catalogaré los delitos que habéis cometido, o permitido. Los asesinatos, los latrocinios, los vicios más propios de bestias salvajes que de sacerdotes, inclusive aquellos de fe equivocada. Aquí están vuestros últimos delitos. —Mostré un grueso fajo de documentos-. Peticiones de asesinato y peticiones de propiedad… ¡Oh, cómo amáis las riquezas de este mundo.
Sin embargo, vuestra religión predica que no debéis responder a los ataques, o ir ante la ley o incluso tener propiedades, ¡mucho menos robarlas! Se os ha enseñado a no considerar nada como propio, salvo vuestro lugar en otro mundo mejor. Sin embargo, usáis joyas, vestís ricas túnicas, construís grandes basílicas, todo en este mundo no en el futuro. Se os ha enseñado a despreciar el dinero; sin embargo, lo acumuláis. Se os ha dicho que cuando recibáis un daño no os venguéis, que es un error devolver mal por mal. Sin embargo, lucháis entre vosotros como la chusma, torturando y matando a quienes os critican. No sólo habéis puesto en peligro la verdadera religión, sino también la seguridad del estado cuyo primer magistrado soy yo, por voluntad del cielo. No sois merecedores ni siquiera del Nazareno. Si no podéis vivir de acuerdo con los preceptos que estáis dispuestos a defender con el cuchillo y el veneno (alusión al envenenamiento de Arrio por Atanasio), ¿qué sois sino hipócritas?(pp. 504-505)

Los momentos clave en la vida de Juliano: El Emperador Constancio asesina a casi toda su familia para suprimir posibles herederos y sólo sobreviven Juliano y su hermano Galo. Son alejados del poder y reciben educación cristiana en la pequeña población de Nicomedia. Juliano se inclina hacia la filosofía y se instruye en una Atenas decadente repleta de cínicos y galileos. Mientras tanto su hermano se convierte en un psicópata, es nombrado César de Oriente y ejecutado poco después. Juliano es nombrado César de las Galias y consigue importantes victorias militares contra los bárbaros. Constancio, temeroso de la fuerza de Juliano, planea asesinarlo pero, afortunadamente, muere antes de poder ejecutar su plan. Juliano es coronado emperador y se enfrenta al cristianismo. Termina creyendo, como muchos otros, que es la reencarnación de Alejandro e inicia una campaña militar suicida contra la gigantesca Persia. Muere a manos de sus propios hombres, en medio de un cómplot cristiano.

La historia de Juliano tiene cierto aire de tragedia pues “llega demasiado tarde” para restaurar los antiguos dioses; el cristianismo ya se ha apoderado del mundo. Además, Juliano es consciente de que los dioses se han retirado, se han desvanecido. Es el fin de una época. Como bien dice Libanio al final del libro, cuando los bárbaros rompan los muros del imperio “no encontrarán nada valioso que tomar, sólo reliquias vacías. Ha desaparecido el espíritu de lo que éramos” (p. 755)

5 replies »

  1. Es un gran libro que narra un episodio que demuestra que la Historia no siempre es lineal. Espléndida la recomendación que haces al Documental sobre el cine.

    Un saludo.

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  2. Pues a falta de leerlo, (lo tengo pendiente) a juzgar por lo extraido en este blog creo que mi amado Gore se equivoca desde el punto de vista histórico. Está lleno de tópicos anticristiani (no soy yo un fanatico cristiano, sinceramente, pero lo estudio). Lo peor es la idea de que el cristianismo cambió la mente de los romanos, los romanos ya habían cambiado cuando el cristianismo llegó, llegó en el momento en que estaban dispuestos a aceptarlo, ni más ni menos. Y la imagen del Jesus histórico que ahí narran no lo sostiene ningún historiador especialista en el tema. (con alguna salvedad)Especialmente irritante es la insistencia en el mitraísmo. Los expertos actualmente, a pesar de los problemas para saberlo a ciencia cierta, tienden a pensar que fue el mitraísmo el que cometió plagio. Toda esa imagen (típica y tópica) del mitraísmo la debemos a un cristiano del siglo VII d.C.

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  3. Es un libro interesante para iniciarse en el conocimiento de este hombre excepcional que fue Juliano. Pero yo recomendaria leer autenticas biografías sobre él, como la de Joseph Bidez o bien Lucien Jerphagnon, la obra de Amiano Marcelino, su contemporaneo i, claro ésta, las propias obras del Emperador, que aportan un testimonio decisivo y nos dan una idea sobre la vivacidad de su escritura (sobre todo sus cartas) y nos aportan claridad sobre su atrayente carácter. En la obra de G.Vidal hay bastantes episodios novelescos inventados e innecesarios.
    En cuanto al tema de la diatriba sobre el cristianismo, la obra de Juliano “Contra los galileos” en parte conservada, debe mucho a Celso y a Porfirio pero no deja de aportar ciertas contradicciones en la doctrina cristiana que son vigentes hasta el dia de hoy (p.ej. la creencia de que Dios se manifiesta físicamente en un momento histórico y en un lugar geográfico concreto quedando así limitado física i temporalmente; contradicciones manifiestas entre el Apocalipsis de Juan y las profecías del Antigua Testamento; que no fue Jesús el fundador del cristianismo sino Pablo de Tarso, etc.).
    Yo animaría a todos los que esteis interesados en la figura de Juliano a que procureis leer estas biografías alejadas de novelescas invenciones que nada aportan a su de por sí legendaria grandeza.

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