
1. Existe una multiplicidad de bienes o fines pero sólo uno es perfecto y suficiente: la felicidad. Considerar al estilo de Protágoras que «el hombre es la medida de todas las cosas» y, por tanto, hay tantos fines o bienes como personas nos condena a un relativismo muy problemático porque valdría lo mismo dedicar la vida a acumular dinero que a acumular conocimiento. Considerar, al modo de Platón, que existe un solo fin o bien, que ha de buscarse tanto en lo privado como en lo público conduce a un absolutismo moral y político incompatible con la democracia y la tolerancia.
Aunque se admita que la felicidad es el bien perfecto y suficiente todavía queda por definir qué sea la felicidad. En este caso resulta difícil admitir como universal la definición aristotélica y volvemos a caer en el relativismo: unos colocan la felicidad en el placer, otros en las riquezas, otros en los honores… ¿Cómo saber si unos tienen más razón que otros? Así, los epicúreos sitúan la felicidad en el placer, los escépticos en la duda y Erasmo en la ignorancia.
2. La felicidad es una actividad del alma conforme a la razón durante una vida entera. La felicidad, en primer lugar, no puede ser meramente pasiva pues eso es más propio de los vegetales que de seres animados. En segundo lugar, la felicidad ha de estar vinculado con lo que sea propiamente humano y esto es la razón. Podríamos ser muy felices entregando nuestra vida al placer pero en este caso esa felicidad no sería la propia del hombre, estaríamos viviendo como si fuésemos animales. En tercer lugar, la felicidad no puede reducirse a instantes felices pues la verdadera felicidad es algo que nunca se alcanza y sólo puede medirse al final de una vida.
La definición aristotélica de felicidad se sostiene sobre la definición del hombre como ser racional lo cual es muy discutible (piénsese por ejemplo en Freud) y la vida cotidiana está llena de ejemplos que muestran la naturaleza irracional del hombre. La definición de felicidad que da Aristóteles excluye a los niños que son precisamente aquellos de los que puede decirse con certeza que son felices. Considerar que la felicidad sólo puede medirse al final de una vida es lo contrario a las vivencias cotidianas de los hombres.
3. La diversión está excluida de la felicidad y la vida feliz es la vida seria del esfuerzo no la vida de diversión. » las diversiones … a) los hombres son perjudicados más que beneficiados por ellas, al descuidar sus cuerpos y sus bienes. b) es en ellas donde los hombres de poder pasan sus ocios pero la aparente felicidad de tales hombres no es señal de que sean realmente felices, también los niños creen lo que ellos estiman es lo mejor. c) Ocuparse y trabajar por causa de la diversión parece necio y muy pueril; en cambio, divertirse para afanarse después parece estar bien; porque la diversión es como un descanso y como los hombres no pueden estar trabajando continuamente, necesitan descanso. El descanso, por tanto, no es un fin, porque tiene lugar por causa de la actividad. d) son mejores las cosas serias que las que provocan risa y son divertidas porque estas son las propias del esclavo y a este no le corresponde la vida humana.
La vida cotidiana en la sociedad de consumo es lo opuesto a las teorías de Aristóteles: la felicidad está en la diversión y el ocio, no en el esfuerzo y la razón. Las sociedades de consumo proporcionan felicidad a una cantidad de gente muy superior a la que pueden hacerlo las teorías de Aristóteles. Si se diese a elegir a la mayoría entre Aristóteles y la sociedad de consumo seguro que la mayoría elegiría esta última.
4. La virtud ética por excelencia reside en la elección del término medio entre dos extremos. La moderación y la sensatez están muy relacionadas con la excelencia en el uso de la razón. Si aplicamos al mundo actual la teoría del término medio podría resultar bastante útil pues si no regulamos el consumismo pondremos en peligro el equilibrio medioambiental del planeta.
5. El hombre es por naturaleza un ser social. Desde que nace el hombre está condenado a relacionarse con otros para poder sobrevivir. La autarquía es un fin propio de la polis pero imposible para el ser humano pues este necesita de padres, pareja, hermanos… La naturaleza no hace nada en vano y si la naturaleza nos ha dado el lenguaje será para que nos relacionemos unos con otros, distinguiendo el bien del mal, lo justo de lo injusto…
Tal y como afirmaban los cínicos es la sociedad la que hace infeliz al hombre con sus trabajos, horarios, responsabilidades… Sólo se puede alcanzar la felicidad mediante una vuelta a la naturaleza y el desprecio de las convenciones sociales. Fue el estilo de vida que eligió Diógenes y fue considerado por todos, incluido Alejandro, un sabio.
6. Es función del Estado educar a los ciudadanos en la virtud. Argumentos a favor: Del mismo modo que en Platón el Estado en Aristóteles tiene como misión educar en la virtud a los ciudadanos. En una sociedad de este tipo se supone que los ciudadanos comparten los más altos valores y su comportamiento es el obligado por las leyes de la ciudad. Incluso en las modernas democracias occidentales donde se da prioridad a la libertad política negativa (eres libre de hacer lo que quieras siempre que no perjudiques al vecino) el Estado se esfuerza en educar en algunos aspectos de la virtud a sus ciudadanos: comida sana, nada de drogas, abrocarse el cinturón de seguridad, etc.
La vocación ética del Estado tal y como se plantea en Platón y Aristóteles queda fuera del marco de las modernas democracias occidentales donde la libertad está por encima de la crianza de ciudadanos virtuosos. El Estado con vocación ética fácilmente desemboca en una tiranía: piénsese, por ejemplo, en el fundamentalismo islámico.
7. La mujer es por naturaleza inferior al hombre. Aristóteles se limita a aplicar la teoría hylmórfica para afirmar que en la mujer, lo mismo que en el niño y en el esclavo, la forma no está plenamente desarrollada. Reflexiona por qué lo dice. ¿Quizás es que la mujer no recibía igual educación que el hombre?. Platón, muchos años antes, había sido capaz de ir más allá de su tiempo y defender la igualdad de hombres y mujeres. Platón razona del modo siguiente: del mismo modo que en una manada de perros pastores, machos y hembras cazan y defienden a los cachorros, en la sociedad humana hombres y mujeres tienen aptitudes para hacer cosas semejantes. Además, en una situación de guerra negar a las mujeres la posibilidad de participar como significa disminuir el propio ejército a la mitad. ¿Qué opinas de los argumentos de Platón? ¿Tienen algo que ver con la fundamentación actual de los Derechos Humanos? ¿Cómo justificas tú la igualdad de hombres y mujeres?
8. La conquista de América. En la actualidad existe la polémica sobre si el Estado español debería pedir perdón a México por la crueldad de la conquista.
Aristóteles defendía que los bárbaros (no-griegos) no son verdaderos hombres, así como tampoco lo son los niños o los retrasados mentales. Les falta, la forma, el alma racional. Aristóteles defiende que lo superior debe dominar a lo inferior. Así, es justo que estos seres inferiores les sean entregados como esclavos a los superiores. Los planteamientos de Aristóteles fueron los que justificaron la esclavitud y las masacres de los españoles durante la conquista de América.
Si se consideraba a los indios no-humanos su condición natural era la de esclavos y si se los consideraba humanos pero necesitados de guía la solución sería la encomienda. Tras Junta de Valladolid de 1550 los españoles aceptaron en general que los indígenas eran seres humanos, los definieron como incapaces que, al igual que los niños o los discapacitados, no eran responsables de sus actos. Con esa justificación sostuvieron que debían ser «encomendados» a los españoles. La encomienda fue una institución característica de la colonización española de América del sur y Filipinas, establecida como un derecho otorgado por el Rey en favor de un súbdito español (encomendero) con el objeto de que éste percibiera los tributos que los indígenas debían pagar a la corona, en consideración a su calidad súbitos de la misma; a cambio, el encomendero debía cuidar del bienestar de los indígenas en lo espiritual y en lo terrenal, asegurando su mantenimiento y su protección, así como su adoctrinamiento cristiano. Sin embargo, se produjeron abusos por parte de los encomenderos y el sistema derivó en formas de esclavitud, al reemplazarse, en muchos casos, el pago en especie del tributo por trabajo en favor del encomendero.
En la famosa Junta de Valladolid discutieron el filósofo aristotélico Ginés de Sepúlveda y el autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Bartolomé de las Casas. Sepúlveda, defensor de la esclavitud de los indios y partidario de Aristóteles y Maquiavelo, defendió sus ideas sobre la justicia de la guerra contra los indios por considerarlos bárbaros (no-hombres, no-racionales) a causa de sus pecados (la antropofagia o la desnudez, por ejemplo) e idolatrías, por su inferioridad cultural y para evitar guerras entre ellos. Además, él creía que las conquistas eran necesarias por el adelanto cultural de España, de forma que la civilización equivalía a derecho del dominador sobre el dominado para evangelizarlo y elevarlo a su misma altura; su rival Las Casas, defensor de la encomienda, propugnaba la humanidad indiscutible de los indios (sociables, pacíficos, mansos…) frente a la actitud salvaje de los conquistadores que, enceguecidos por el ansia de oro, mataron a millones. Su propuesta consistía en sustituir a los indios en los trabajos más exigentes por negros que, irónicamente, de ningún modo, podían llegar a ser humanos.
La incapacidad de los españoles para aceptar la diferencia, para comprender al otro tendrá unas consecuencias catastróficas, un auténtico genocidio. De los 80 millones que habitaban el continente americano quedan 10 a mediados del siglo XVI. De los 25 millones que vivían en México en 1600 sólo queda un millón.
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