Diario de lecturas

Galeano, Días y noches de amor y guerra

Eduardo Galeano

Eduardo Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en 1940. Fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época. En 1973, cuando el presidente Bordaberry entregó el país a los militares, se exilió en Argentina. En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis. Se exilió a España en 1976 cuando los militares también tomaron el poder en Argentina. A principios de 1985, regresó a Uruguay. De sus libros recomiendo: Días y noches de amor y guerra (1976) y Memorias del fuego (1986).

Textos para comentar

Galeano, E.: Días y noches de amor y guerra. Madrid: Alianza editorial, 1998.

  1. Memoria
  2. Política
  3. Tortura

1. Memoria

La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado.

Galeano, Eduardo: Días y noches de amor y guerra, Alianza, 1982, p. 12

2. Política

Humor negro de Buenos Aires: “El poder -dicen- es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha.”

p. 17

El país se incorpora lentamente a la civilización, o sea: a un mundo donde se fabrican a escala industrial los sabores, los colores, los olores y también la moral y las ideas, y donde la palabra Libertad es el nombre de una cárcel, como en Uruguay, o donde un cámara subterránea de torturas se llama, como en Chile, Colonia Dignidad. Las fórmulas de esterilización de las conciencias se ensayan con más éxito que los planes de control de natalidad. Máquinas de mentir, máquinas de castrar, máquinas de dopar: los medios de comunicación se multiplican y difunden democracia occidental y cristiana junto con violencia y salsa de tomates. No es necesario saber leer y escribir para escuchar la radio a transistores o mirar la televisión y recibir el cotidiano mensaje que enseña a aceptar el dominio del más fuerte y a confundir la personalidad con un automóvil, la dignidad con un cigarrillo y la felicidad con una salchicha

p. 108

Lo único libre son los precios. En nuestras tierras, Adam Smith necesita a Mussolini. Libertad de inversiones, libertad de precios, libertad de cambios: cuanto más libres andan los negocios, más presa está la gente. La prosperidad de pocos maldice a todos los demás. ¿Quién conoce una riqueza que sea inocente? En tiempos de crisis, ¿no se vuelven conservadores los liberales y fascistas los conservadores? ¿Al servicio de quiénes cumplen su tarea los asesinos de personas y países?

Orlando Letelier escribió en The Nation que la economía no es neutral ni los técnicos tampoco. Dos semanas después, Letelier voló en pedazos en una calle de Washington. Las teorías de Milton Friedman implican para él el premio Nobel; para los chilenos, implican a Pinochet.

p. 151

3. Tortura

Ha de ser un nervio, la ternura. Un nervio que se rompe y no se puede coser. Pocos hombres conocí que hubieran atravesado las pruebas del dolor y la violencia, rara hazaña, con la ternura invicta.

p. 47

Coincide con mil y una historias de torturadores.

¿Quiénes torturan? ¿Cinco sádicos, diez tarados, quince casos clínicos? Torturan los buenos padres de familia. Los oficiales cumplen su horario y después ven televisión junto a sus hijos. Lo que es eficaz es bueno, enseña la máquina. La tortura es eficaz: arranca información, rompe conciencias, difunde el miedo. Nace y se desarrolla una complicidad de misa negra. Quien no torture será torturado. La máquina no acepta inocentes ni testigos ¿Quién se niega? ¿Quién puede conservar las manos limpias? El pequeño engranaje vomita la primera vez. La segunda aprieta los dientes. A la tercera se acostumbra y cumple con su deber. Pasa el tiempo y la ruedecita del engranaje habla el lenguaje de la máquina: capucha, plantón, picana, submarino, cepo, caballete. La máquina exige disciplina. Los más dotados terminan por encontrarle el gustito. Si son enfermos los torturadores, ¿qué decir del sistema que los hace necesarios? El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados, que pierden su empleo si no cumplen con eficiencia su tarea. Eso, y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios. No vamos a regalarles esa grandeza.

p. 168

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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