Arte

Fernando Castro Flórez: En el instante del peligro (2015)

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Fernando Castro Flórez: En el instante del peligro. Postales y souvenirs del viaje hiperestético contemporáneo. Murcia: Micromegas, 2015.

Seguimos inmersos en la crisis de la Modernidad, vagando entre las ruinas que nos han dejado los grandes maestros. Un escenario saturado de imágenes convertidas en souvenirs culturales que la masas consumen lo mismo que hacen zapping ante la pantalla, lobotomizadas y a velocidad de vértigo. Cualquier pieza de la serie Today de On Kawara esta inerme frente a la mirada de quienes buscan culturizarse en tiempo récord y a toda costa. Es una imagen que habla de la fatalidad de la urgencia y las prisas, que requiere del espectador una pausa singular, prolongada, casi extática.

On Kawara, TODAY Series No. 217, NOV. 26, 1966.

On Kawara, TODAY Series No. 217, NOV. 26, 1966.

Sin embargo, lo cultural se ha puesto al servicio de un imperativo turístico que se alimenta del horror generalizado a permanecer en casa, en nuestras grandes metrópolis-necrópolis.

En el origen de la conversión de los museos en espacios-basura se halla, cómo no, el ready-made de Duchamp, la banalidad obscena que se hace pasar por arte. La muerte de Dios, la caída del Muro, las burbujas financieras ponen al descubierto nuestros vacíos, nuestras vergüenzas. Todo ha devenido visible y vemos que no hay nada, excepto insignificancia, procacidad o aburrimiento. Obsérvese el significado de El gran vidrio (1915-1923) de Duchamp. Según el autor, el panel superior representa a la novia antes de apuntarse a un gang-bang con los nueves solteros del panel inferior.  Transparencia, pornografía y nimiedad.

Marcel Duchamp: La Mariée mise à nu par ses célibataires, même (Le Grand Verre) (1915-1923)

Marcel Duchamp: La Mariée mise à nu par ses célibataires, même (Le Grand Verre) (1915-1923)

El motivo de la transparencia nihilista del vidrio es una constante del arte contemporáneo: Hans Haacke, Jeff Koons, Monica Bonvicini.

Otra forma que toma el vacío en las tendencias artísticas recientes es la “interpretosis” postmoderna que necesariamente ha de acompañar al  apropiacionismo de Cindy Sherman (Alfred Hitchcock), Sherrie Levine (Walker Evans), Mike Bidlo (Jackson Pollock) o Elaine Sturtevant (Roy Lichtenstein). Tal y como ocurre en la industria cinematográfica, obsesionada con el remake, el artista actual parece condenado a reciclar el pasado e incluso, llegado el caso, a sí mismo.

El humor y el cinismo es otra vía de escape más interesante. No cabe duda de que Maurizio CattelanErwin Wurm combaten con su ingenio corrosivo el hastío y el tedio del museo-mausoleo. De todos modos, no está de más la pregunta de si esto es todo lo que el arte puede dar de sí.

Afortunadamente, la respuesta es no. Todavía es posible la autenticidad de la noche parisina de Brassaï o la mirada filosófica de Duane Michals. Resulta curioso que, contra todo pronóstico, sea precisamente en la fotografía, hija de la técnica, donde el artista puede devenir algo más que sampleador o payaso, donde la obra de arte puede recuperar un “valor mágico”.

También es llamativa en este campo la arquitectura imaginaria de Dionisio González:

Cabe una crítica burda a este nuevo volumen de Fernando Castro Flórez. En el fondo es el mismo libro (lleno de erratas) que lleva publicando en los últimos diez años: el aura de Benjamin, el nihilismo de Adorno, la línea de Heidegger-Jünger, el nomadismo de Deleuze-Guattari, el simulacro de Baudrillard, las cosas líquidas de Bauman, los no-lugares de MacCannell y Augé… más algunas postales comentadas de ese arte contemporáneo ya convertido definitivamente en mercancía a golpe de imperativo turístico.

Sin embargo, hay algo muy seductor en su discurso. En más de una ocasión menciona una anécdota del arquitecto Tony Smith. Allá por los cincuenta se le ocurrió entrar en la autopista de Nueva Jersey que estaba sin terminar. Llegó un momento en que no había señales ni pintura en el asfalto. Comprendió que perderse es la experiencia necesaria para transformar el camino en viaje o en arte. Castro Flórez se pierde una y otra vez desde hace años en los mismos caminos estéticos y cada vez regresa con un descubrimiento nuevo. En el caso del libro que nos ocupa yo me quedo sin dudarlo con la fotografía de Duane Michals.

 

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