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III Ciclo de Filosofía y Cine. Marcos Manrique Crespo: “The Giver y la República de Platón”

Marcos Manrique Crespo: The Giver y la República de Platón.

Marcos Manrique Crespo: “The Giver y la República de Platón”

 

–Si a la fuerza se arrastrara al prisionero por una escarpada cuesta…— Platón

–“Tu entrenamiento será duro”— Chief Elder (The Giver)

The Giver es un reflejo de la sociedad y Estado perfectos que Platón ideó en su obra “La República”. Los habitantes de la comunidad, aislados del resto del mundo, viven en una sociedad estamental completamente controlada en la que cada individuo, desde que nace, es objeto de un arduo proceso de adoctrinamiento, observación y clasificación por parte de los gobernantes (un reducido grupo de personas “sabias”), para después elegir para él o ella la vida futura que más se adapta a sus características. Todo el aparato social funciona de acuerdo a la idea platónica del Estado ideal: control de la población, eugenesia, determinación de la profesión y pareja de cada individuo, educación…

Sin embargo, todos y cada uno de los habitantes viven sumidos en la anulación del conocimiento, en la caverna. No pueden alcanzar la sabiduría puesto que se les impide acceder a cualquiera de las fuentes de conocimiento platónico: la reminiscencia, la dialéctica y el amor. En primer lugar, los individuos no saben nada de cómo era la vida anterior al establecimiento del Estado ideal, es decir, no recuerdan y, por tanto, no pueden poner en práctica la anámnesis, la búsqueda de la verdad interior que el alma, de vidas pasadas, recuerda. El único que tiene acceso a estos saberes y recuerdos (y por tanto, a la sabiduría) es el Receptor de Memoria, figura homóloga al gobernante filósofo que ha contemplado la Idea del Bien en la obra de Platón “La República”.

Por otra parte, tampoco tienen acceso a la búsqueda del conocimiento mediante la dialéctica, la disciplina que permite a los filósofos la contemplación de las Ideas y la adquisición de sabiduría; esto se debe a que no pueden hacerse preguntas acerca del día a día, deben aceptar todo tal y como es, en un dar por hecho continuo y dogmático. Deben presuponer, nunca suponer. Esto es norma inquebrantable de la comunidad, y quien la desobedece sufre la expulsión; de esta forma se evita la contemplación y la adquisición de sabiduría.

Por último, no tienen acceso al sentimiento del amor, tanto por la inyección que reciben diariamente, y que anula toda emoción posible, como por el vacío de recuerdo que tienen. El individuo, al no recordar nada del pasado, no puede acordarse de la Idea de Belleza ni compararla, por tanto, con las cosas en el mundo terrenal.

Jonas, elegido como el nuevo Receptor de Memoria, se da cuenta gracias al Dador de la utopía sin sentido en la que vive. Comprende que no vive en un mundo ideal como le han enseñado, sino en un Estado mentiroso, deshumanizado y criminal. Entiende que la única forma de que la comunidad viva de acuerdo a la condición de ser humano es devolver a los habitantes sus recuerdos, de modo que puedan alcanzar el conocimiento de las Ideas. Tiene que “liberarlos” a todos, obligarles a salir de la ciudad ideal concebida por Platón, que no es más que la verdadera caverna, dominio de la ignorancia y el dogmatismo. Jonas y el Dador pretenden dar la posibilidad a todos los individuos de contemplar la verdad por ellos mismos para que dejen de dar por hechas las cosas, para poder decidir sobre su propia vida.

Marcos Manrique Crespo, 30 de octubre de 2014.

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