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Fedro, el mito del carro alado.

Odilon Redon: El carro de Apolo

Odilon Redon: El carro de Apolo

Para la mentalidad griega todo lo que es capaz de moverse a sí mismo está vivo. El movimiento autónomo es la característica que separa el reino animado del inanimado. Existe, por tanto, en los seres animados un principio del movimiento al que llamamos alma. No hay otra forma de interpretar correctamente la sentencia de Tales de Mileto, “todo está lleno de dioses”.

Al mirar al cielo nocturno y ver estrellas y planetas moviéndose, los griegos creyeron que eran seres vivos y, al no morir nunca, eternos y divinos. Esta es la razón de que consideraran a los objetos celestes como dioses.

Para explicar este principio del movimiento en el ser humano, es decir, el alma, Platón recurre a la metáfora del carro alado. Según esta alegoría el alma es como un auriga subido a un carro tirado por dos caballos. Sus alas se fortalecen con la contemplación de la Verdad y el Bien en el mundo de las Ideas.

Las almas de los dioses son carros tirados por dos caballos buenos que les permiten disfrutar sin dificultades de las alturas donde se encuentra el mundo inteligible.

Sin embargo, el alma humana es un carro del que tiran un caballo bueno, que impulsa al alma hacia el conocimiento, y otro malo, que desea volver al mundo de los placeres sensibles. Por ello, aunque las almas de los hombres intentan seguir a las de los dioses, son torpes y se molestan y pisotean unas a otras. Sólo las mejores llegan a atisbar con mucha dificultad el mundo donde habitan la Justicia y el Bien en sí mismos.

Inevitablemente, al ser privadas del alimento inteligible, las alas del alma humana se deterioran y esta cae a la Tierra para encarnarse en un cuerpo de hombre al tiempo que olvida todo lo que ha visto.

Las almas, según hayan podido disfrutar de más o menos visión de las Ideas, serán merecedoras de destinos de distinta calidad. Estas son, en orden de prioridad, las vidas que pueden corresponderle: 1. filósofo, 2. rey, 3. político u hombre de negocios, 4. atleta o médico, 5. sacerdote, 6. poeta o pintor, 7. artesano o agricultor, 8. sofista y 9. tirano.

Quien lleva una vida justa en el destino que se le ha asignado se encarnará en una posición mejor en la siguiente vida pero tardará 10000 años en tener la oportunidad de volver al mundo de las Ideas. Sólo el alma del filósofo recupera sus alas si repite la misma vida tres veces.

Los malvados, por su parte, son juzgados y condenados durante 1000 años a recibir castigos. Después de este tiempo volverán a reencarnarse en un cuerpo de animal o de hombre.

6 replies »

  1. ¡Muy bueno!
    Para mí es parte de lo mejor de la filosofía.

    Ser político tenía otro significado distinto en la Antigua Grecia.

    😉 Pobres sofistas, ¡je!

      • Algunas personas que me caen bien tienen algo de sofistas. Sobre Protágoras, seguro que si viviera hoy e hiciera una página en la Red, le pondría propagandas para cobrar algo. 😉
        Me trae recuerdos de los diálogos, mira que la memoria es curiosa.

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