Conductismo

Hiperrealidad y ‘spec commercials’

max isaacson web

Enlace a la web del director Max Isaacson

En julio de 2009 el director Max Isaacson publicaba en el huffingtonpost un artículo aclarando las circunstancias relativas a dos “spec commercials” de la marca Sprite que había subido a la red días antes.

Un “spec commercial” es un ejercicio de estilo, un anuncio simulado con el que el director busca darse a conocer al público y atraer la atención de las grandes marcas.

El problema surge cuando, a pesar de las evidencias, una fuente fiable como el Huffington Post da por auténticos ambos anuncios añadiendo que habían sido prohibidos en Alemania.

Las consecuencias para Isaacson fueron, en primer lugar, amenazas de muerte y acusaciones feroces de misoginia y racismo y, en segundo lugar, una notoriedad abrumadora pues alcanzó el millón de visitas en dos días.  Las imitaciones no se hicieron esperar. Basta hacer una búsqueda en Youtube para encontrar decenas de anuncios similares bajo la etiqueta de banned commercials” cuando en realidad son meras simulaciones.

Según el autor pueden extraerse dos lecciones muy claras de este malentendido viral y virtual. La primera tiene que ver con uno de los peores males de los medios de comunicación en la era de internet. En la era de la banda ancha se premia mucho más la rapidez en divulgar la información que la fiabilidad de la misma. La máxima del periodismo actual es el peligroso dogma: “publica primero y contrasta después”. Suele utilizarse esta deficiencia del periodismo digital como el primer argumento en defensa de la prensa tradicional, que, a pesar de su supuesta sensatez, hace mucho que está en vías de extinción. La segunda lección está relacionada con el triunfo del simulacro sobre lo real. Afirma Isaacson que, con un prespuesto ínfimo (tres mil dólares), puede crearse un anuncio con la calidad suficiente como para engañar a cualquiera y hacerlo pasar como original y verdadero.

El filósofo francés Jean Baudrillard desarrolló a lo largo de su obra el término “hiperreal” para referirse justamente a lo descrito por Isaacson: el desvanecimiento de lo real en favor del simulacro. Este desvanecimiento no ocurre bajo la forma de una ocultación sino de una exacerbación obscena de lo real.  La fórmula mágica para neutralizar el poder subversivo de la liberación sexual no fue la moral y la represión sino su desvanecimiento en “lo más sexual que el sexo: el porno“. En el máximo de verdad y exactitud del porno lo que está realmente en juego es el fin de lo real.

La publicidad es, desde siempre, el territorio favorito de la simulación. Es suficiente contemplar con inocencia zen las imágenes de la teletienda para comprender los secretos de lo hiperreal. Los anuncios de Isaacson son el siguiente paso lógico en el desarrollo del lenguaje publicitario: la anexión de las formas del porno al discurso del márketing. No se trata, como podemos ver en este anuncio de Baileys, de utilizar el sexo como estímulo pauloviano, con más o menos tacto, estilo, refinamiento o simbolismo.

Se trata de utilizar las formas del porno para vaciar definitivamente el anuncio de cualquier tipo de referencia de modo que, finalmente, sólo subsista la forma pura y vacía de la marca.

El éxtasis es la cualidad propia de todo cuerpo que gira sobre sí mismo hasta la pérdida de sentido y que resplandece entonces en su forma pura y vacía. La moda es el éxtasis de lo bello: forma pura y vacía de una estética giratoria. La simulación es el éxtasis de lo real: basta con que contempléis la televisión: en ella todos los acontecimientos reales se suceden en una relación perfectamente extática, o sea, en los rasgos vertiginosos y estereotipados, irreales y recurrentes, que permiten su encadenamiento insensato e ininterrumpido. Extasiado: así está el objeto en la publicidad, y el consumidor en la contemplación publicitaria —torbellino del valor de uso y del valor de cambio, hasta su anulación en la forma pura y vacía de la marca.

Jean Baudrillard: Las estrategias fatales.

En definitiva, el anuncio de Isaacson es paradigma de lo hiperreal porque es más verdadero que lo verdadero, es decir, muchísimo más eficaz que una campaña publicitaria oficial de Sprite. Y, además, más falso que lo falso, porque, a pesar de ser pura simulación, resulta muy verosímil que Isaacson fuese contratado en secreto por la marca en cuestión.

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