Thomas Bernhard, Siegfried Unseld: Correspondencia

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Thomas Bernhard, Siegfried Unseld: Correspondencia. Miguel Sáenz (sel. y tr.) Barcelona: Cómplices Editorial, 2012.

La correspondencia entre el escritor austriaco Thomas Bernhard y su editor Siegfried Unseld, dueño de Suhrkamp Verlag,  es el documento biográfico esencial para hacerse una idea aproximada del Bernhard real. Textos autobiográficos como Mis premios, las Conversaciones con Thomas Bernhard de Kurt Hofmann  o Una biografía de Miguel Sáenz resultan absolutamente insuficientes sin esta relación epistolar.

Hasta ahora siempre había sido  Bernhard interpretándose a sí mismo según le conviniese. En varias ocasiones, Unseld se refiere a sus conversaciones como piezas teatrales donde Bernhard monologa interminablemente mientras el resto guarda silencio. En esta edición Unseld ofrece un contrapunto esencial. Se incluyen no sólo sus cartas sino también notas privadas comentando los desencuentros con el escritor. Su punto de vista es el de un admirador incondicional del genio Bernhard y, al mismo tiempo, un ejemplo de sensatez y cordura frente a la megalomanía del autor de Trastorno, Maestros Antiguos o Tala.

Su relación profesional comienza a mediados de los sesenta y termina abruptamente en noviembre de 1988.     Unseld le dice en un telegrama que ya no puede más y Bernhard le responde por carta «bórreme de su editorial y de su memoria«. Las razones de la ruptura son los continuos reproches, chantajes, ultimátums y traiciones de Bernhard a su editor.

Por ejemplo, Bernhard insistía una y otra vez en que sólo proporcionaba beneficios económicos a Suhrkamp y que, sin embargo, la editorial no hacía nada para promocionar sus libros y, además, entregaba sus piezas teatrales a actores y directores de tercera que terminaban destrozándolas. En el fondo, no eran más que maniobras para pedir más y más dinero que Bernhard gastaba en propiedades insólitas como la inaccesible finca de Grasberg o vacaciones de lujo en España (el Ritz en Madrid, Palma de Mallorca…). Si Unseld no aceptaba el chantaje, Bernhard retrasaba la entrega de los manuscritos o amenazaba con llevarlos a otra editorial. Unseld pagó generosamente, le ayudó en el proceso judicial que resultó de la publicación de Tala y aguantó más de una humillación pública, pero no fue capaz de encajar que Bernhard entregase su mejor texto en prosa (los cinco volúmenes de su autobiografía) a Residenz Verlag. Las promesas de Bernhard de ceder los derechos de Un niño y demás a Suhrkamp nunca llegaron a cumplirse y Unseld abandonó resignado.

Como he dicho arriba, en esta edición de la correspondencia a cargo de Miguel Sáenz, encontraremos principalmente dos tipos de textos. En primer lugar, el clásico monólogo demente de Bernhard y, en segundo lugar, las serenas reacciones de Unseld.

En sus monólogos Bernhard ataca sin piedad a la editorial, a sus lectores, a otros escritores como Handke o Walser, a los actores y directores que representan sus obras, a los espectadores, a los libros de bolsillo, al cine, la televisión, la radio…. El estilo inimitable de Bernhard funciona como una apisonadora. Cito dos ejemplos.

Ohlsdorf
22 de Noviembre de 1972

Muy estimado Dr. Unseld:

(…) no soporto más estar frente a esas gigantescas empresas, establecimientos públicos de estupidificación como la radiodifusión y el teatro, que con toda su estructura no son otra cosa que monumentales empresas explotadoras de la debilidad mental general, baluartes gigantescos del mal gusto, que todos los años tiran por la ventana miles de millones con el único fin de engañar a los pueblos de Europa (…) Si oigo mi nombre en la radio, me veo en medio de la porquería, si leo mi nombre en el periódico, creo estar en una cloaca.

(pp. 152-153)

Ohlsdorf
12 de abril de 1973

Estimado Dr. Unseld:

La representación de Munich no tenía siquiera el nivel de una función de bachillerato y, si no hubiera sido ante un público engañado y por cierto asquerosamente engañado, yo habría subido al escenario y habría matado con mis propias manos a aquellos lémures abyectos de actores megalómanos, no sin antes haber dado un par de bofetadas mortales al así llamado director.  (…) En primer lugar, tengo que decir que no solo me resulta perfectamente indiferente, sino repulsivo, que algún señor Maier o alguna ama de casa de Flensburgo o de Ingolstadt o de Düsseldorf o de Múnich o de Hamburgo (nada más que provincianos, estimado Dr. Unseld) pueda sentirse impresionado por mis palabras, porque eso querría decir que no habría comprendido nada de mi obra, absolutamente nada de mi obra. La gente no debe sentirse impresionada por mi obra, sino que esta, de forma totalmente injustificada, debe ser reconocida como obra de arte. Lo que, sin duda, solo es posible en un escenario de primera clase con gente absolutamente de primera clase. Discutir sobre ello sería querer extraer mantequilla de patatas. Sin embargo, por desgracia, los alemanes se han especializado demasiado en esa ocupación. Eso hay que decirlo.

(pp. 164-165)

En las observaciones de Siegfried Unseld sobre Bernhard hay una mezcla de admiración y desconfianza. En cualquier caso, siempre certero y sosegado en sus notas. Léanse, por ejemplo, los siguientes textos.

S. U. se reúne con Th. B. con motivo del estreno de La fuerza de la costumbre en los Festivales de Salzburgo el 27 de julio de 1974. (…)

Con Bernhard estuve dos veces detenidamente. ¡Gran decepción! No quiere entregar en estos momentos su manuscrito. El manuscrito está listo pero no es perfecto, no tiene esa última precisión que él quiere. (…) Es difícil cambiar nada en su actitud, él es fuerte y testarudo, hace lo que quiere… solo el dinero, solo el dinero puede moverlo, pero de eso no hace falta hablar ahora.

Ha seguido construyendo en Ohlsdorf y además se ha comprado en las proximidades de Gmunden, en una zona apartada, un nuevo terreno con una casa; solo se puede llegar a ella a pie o en un tractor, (…) la así llamada «Grasberg», junto a Gmunden, una finca de 50.000 metros cuadrados. (…) La finca resulta totalmente insólita, porque queda remota, extraviada. Cuando nos íbamos, tres excursionistas aislados bajaron a la posesión desde las alturas. A Bernhard lo acometió tal rabia que, de haber tenido una escopeta, les habría disparado.

(pp. 204-205)

S.U. dice en una nota a esa Conversación del sábado, 15 de marzo de 1975, en Francfort, para la Chronik:

Es y seguirá siendo un hombre extraño. Sin duda un genio, pero expuesto también a los peligros del genio. Desmesurado, falto de realismo y, en las cuestiones materiales, dispuesto siempre a chantajear al prójimo.

(p. 214)

El encuentro entre Th.B. y S.U. se produce los días 13 y 14 de febrero en Palma de Mallorca, donde está Th.B. del 25 de enero al 14 de marzo de 1982. Del correspondiente Informe sobre el viaje puede extraerse lo siguiente:

«Tras una breve pausa, subimos al cuadrilátero y el intercambio de golpes dura tres horas. Dice que él, Bernhard, no desempeña ningún papel en Suhrkamp Verlag. Sin duda sus libros aparecen, y se alegra de ello, pero luego no pasa nada, qué hace la editorial, qué hacen los propios libros. A otros autores, Walser y Handke, los «azotan». En su propio caso, no hay huella del menor esfuerzo. (…) En general la producción de Suhrkamp era como la de las otras editoriales, una producción en cadena, inhumana, no se podía tratar así a los productos del espíritu. Cada día caían dos volúmenes de la cinta y desaparecían. Odiaba los libros de bolsillo y le parecía también inútil que sus libros aparecieran de esa forma.

(pp. 268-269)

A medida que se acerca el momento de la ruptura el tono de Bernhard va haciéndose cada vez más insoportable. Véase este texto de 1985:

El 18 de diciembre tiene lugar en el Hotel Sacher de Viena una conversación con S.U.; este escribe en su Informe sobre el viaje a Viena-París, 16-19 de diciembre de 1985:

Luego, sin embargo, abordó el verdadero tema de la velada. La literatura que publicaban las editoriales alemanas no valía nada, era basura, porquería, nada más que horrores literarios, y entonces iba el editor y hacía publicidad y más publicidad y más publicidad precisamente de la obra más horrible. Todos los periódicos estaban llenos de anuncios de una novela deleznable, a él le parecía incomprensible. Sin duda le daba igual, pero casi tenía que avergonzarse de escribir para una editorial así. Cuando quise aducir que, al fin y al cabo, no era el editor quien escribía los textos sino los autores, explotó otra vez. Una de las palabras más espantosas de la época moderna era «texto», ¿qué quería decir eso? Era la expresión última, barata, de hojalata y no tenía nada que ver con la literatura, sí, naturalmente, quizá lo que ocurría era que las editoriales alemanas (decía siempre editoriales alemanas queriendo decir naturalmente Suhrkamp) publicaban solo «textos». La segunda explosión se produjo cuando le dije que se había hecho una propaganda tan intensa de «Resaca» porque Walser había estado de viaje seis semanas, había hecho lecturas, firmas de libros, había dado conferencias y el «mercado» exigía que esas actividades fueran acompañadas de anuncios. El «mercado», con eso se produjo otra vez un estallido. Sin duda el mercado no le preocupaba, le importaba un bledo por decirlo así, pero era ridículo querer conquistar el mercado para una obra mediocre, etcétera, etcétera. Finalmente, atacó directamente al editor: se sentía solo en su lucha en Austria, «sin apoyo». Cuando entonces me mostré firme y recordé nuestro apoyo financiero en las demandas en curso se enfureció. No quería saber nada, tampoco le gustaba cómo puse yo fin al asunto. Cuando dije que él había deseado ese final y que yo no había podido elegir entre tantas posibilidades para lograrlo volvió a arremeter contra la justicia austríaca y las condiciones austríacas. […] Todo duró aproximadamente una hora, en la segunda mitad yo no hablé más,

(p. 301)

También es muy clarificadora la Correspondencia para entender correctamente el caso Tala. Tras la publicación de Tala, el matrimonio Auersberger denuncia a Bernhard por difamación. En una conversación previa con Unseld, Bernhard reconoce que es un texto autobiográfico en el que destroza con su estilo peculiar la vida cultural vienesa y, en particular, al matrimonio citado. Sin embargo, una vez que la demanda es oficial, escribe a Unseld negándolo todo. La demanda de los Auersberger es atendida y los ejemplares de Tala retirados de las librerías austríacas. Inmediatamente, Bernhard prohíbe a su editor la publicación por siempre jamás de su obra en Austria.

En su Informe sobre el viaje a Vierta, 6-7 de abril de 1984, dice al respecto: (…)

Bernhard habló con mucha franqueza de su manuscrito, que lleva siempre consigo y solo me dio al final de nuestra reunión. «Tala», lo que naturalmente no tiene mucho que ver con cortar árboles, aunque él podía imaginarse una sobrecubierta marrón oscuro con letras blancas. Esta vez no entraba en consideración su color favorito: el verde oscuro. El manuscrito, por otra parte, es completamente autobiográfico. Los protagonistas principales, el matrimonio Auersberger, me dijo, existían en realidad (se llamaban Lampersberg), y la amiga Joana, que acabó suicidándose, es la escritora y actriz Jeannie Ebner.

(pp. 282-283)

Ohlsdorf
12 de septiembre de 1984.

Con respecto a una posible demanda del Sr. Lampersberg, tengo que decir con toda claridad y decisión que el matrimonio Auersberger de mi «Tala» no tiene nada que ver y por tanto en ningún caso es idéntico al matrimonio Lampersberger (¡solo he conocido siempre al matrimonio Lampersberger como matrimonio Lampersberger!). Mi libro es una obra artística, si se quiere lo que se llama un «cuadro de costumbres», y en él no he escrito sobre el matrimonio Lampersberger sino sobre el matrimonio Auersberger.

(p. 286)

Un libro imprescindible para los lectores de Thomas Bernhard.

Thomas Bernhard, Portugal, mayo de 1976.
Thomas Bernhard, Portugal, mayo de 1976.

6 comentarios en “Thomas Bernhard, Siegfried Unseld: Correspondencia

  1. No se trata de «buenos» ni «malos». Es la vida misma. Bernhard y Unseld se amaban y se odiaban al mismo tiempo. Uno no hubiera podido existir sin el otro. Surhkamp no sería lo que es ni Bernhard tampoco.

    Saludos.

  2. Ahora resulta que uno de los sospechosos no puede hablar por una herida en la garganta. ¡Contra! El planeta de los simios (1968), le ocurre lo mismo a Taylor cuando es detenido por los simios. Esto va de películas.
    Saludos.

    1. Ahora, al ver que todo eso se disuelve con más facilidad, te digo que llevabas razón desde hace años hablándonos de teorías como la de de Baudrillard. Es que yo no vi a ese muchacho tirado en el suelo con ningún explosivo ni tampoco armas, sin embargo, hay gente que imagina que sí lo vio solo porque la tele lo dijo.
      Y esto en unos 60 años de televisión, ¿qué ocurrirá en el futuro?
      Todo va bien por lo demás. Tengo por aquí 2 gatas que parieron 5 gatos cada una. 10 pequeños gatos dando brincos.
      Saludos.

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