Cine

Gilligan: Breaking Bad (2008-)

Breaking Bad es una serie de televisión de la cadena AMC que empezó a emitirse en 2008. Creo que los primeros capítulos son un buen modo de iniciarse en las reflexiones de Spinoza acerca del problema del mal. Me gusta pensar que el título de la serie habla tanto de la transmutación del protagonista de “honrado ciudadano” en “depredador” como de la descomposición de los significados convencionales de bueno y malo:

  • ¿Actúa bien o mal un profesor de Química que, diagnosticado de un cáncer de pulmón incurable, se dedica a  fabricar metanfetamina para dejar algo de dinero a su mujer embarazada y su hijo discapacitado?

  • ¿Actúa bien o mal cuando mata para defenderse o para defender a los suyos?

  • ¿Es un demonio cuando las consecuencias indirectas de sus acciones implican la muerte de cientos de inocentes?

  • ¿O, por el contrario, los remordimientos y la tristeza son una pérdida de tiempo porque disminuyen nuestra potencia de existir y nuestro único objetivo es sobrevivir, perdurar, pasar página?

  • ¿Y si este no fuese más que otro camino al infierno de la locura, el mismo que entrevieron Dostoievski y Nietzsche?

“Las cartas del mal” es el tercer capítulo del espléndido libro de Gilles Deleuze sobre Baruch Spinoza. El libro lleva por título Spinoza: filosofía práctica (Barcelona: Tusquets, 1984). El capítulo está dedicado a la correspondencia entre el autor de la Ética y un teólogo aficionado llamado Blyenbergh.  Spinoza suele ser extremadamente prudente en sus cartas. Sabe que su filosofía, atea y amoral, le puede traer gravísimos problemas. Tenía ya la experiencia de haber sido apuñalado por un fanático, poco tiempo después de su excomunión del judaísmo. Sin embargo, en la correspondencia con Blyenbergh se atreve a analizar el problema del mal como no lo había hecho en ningún otro escrito. La comunicación se corta tras darse cuenta Spinoza de que a Blyenbergh no le interesa profundizar en la verdad sino la polémica y el escándalo.

Blyenbergh abre la correspondencia con una pregunta típica de la teodicea: ¿cómo puede Dios ser causa de una “voluntad mala”, como, por ejemplo, la de Adán al comer del fruto prohibido? La respuesta de Spinoza es prudente y discreta. Dios no es la causa de que Adán comiese del árbol de la ciencia, simplemente le advirtió que aquella fruta era un veneno, un alimento que no le sentaría bien. Para Spinoza, si queremos entender la naturaleza del mal, tenemos que compararlo con “una intoxicación, un envenenamiento o una indigestión”.

El teólogo aficionado deduce correctamente que los vicios no son vicios porque nos hayan sido revelados como tales sino porque son incompatibles con nuestra naturaleza, nos sientan mal. Entonces  pregunta con toda lógica qué ocurre con aquellos a quienes los así llamados vicios no les resultan repugnantes o indigestos sino agradables o excitantes. Spinoza, aun consciente del peligro, cae en la trampa y responde: no existe el Mal (en sí) ni el Bien (en sí) sino solamente lo bueno y lo malo (para mí).

“Se llamará bueno a todo objeto cuya relación se componga con la mía (conveniencia); se llamará malo a todo objeto cuya relación descomponga la mía, lo que no obsta para que se componga con otras relaciones (inconveniencia)” (p. 47)

El dogmático Blyenbergh disfruta observando que Spinoza ha mordido el anzuelo. Va a insistir hasta que el judío confiese su ateísmo y amoralidad. Así que Blyenbergh pregunta si no habrá individuos para quienes cometer crímenes, matar o matarse, no sea un veneno, sino algo divertido o placentero. En este momento Spinoza cae en la cuenta de que la discusión con Blyenbergh no es un bienintencionado diálogo socrático sino un interrogatorio. Y que debería ir pensando llamar a un abogado (Better call Saul!). Sin embargo, insiste, tajante: “si el crimen perteneciese a mi esencia, sería pura y simple virtud”.

Blyenbergh pone a Spinoza entre la espada y la pared: ¿cómo podremos distinguir entonces entre lo bueno y lo malo? Sin embargo, Spinoza ya no responde. La correspondencia ha terminado. Pero es muy fácil encontrar sus ideas al respecto en su obra maestra, la Ética demostrada según el orden geométrico. Malas son todas las pasiones o acciones que disminuyan nuestra potencia de existir, es decir, todas aquellos estados que impliquen la tristeza. Malos no son los placeres, porque estos aumentan nuestra potencia de existir, sino la envidia o los celos, pasiones tristes que la disminuyen. Pero ¿son buenas entonces las alegrías de la crueldad? No, porque son reactivas, es decir, dependen de la tristeza de otro. La verdadera alegría, el aumento real de la potencia de existir, procede únicamente de cada uno. Este es el camino del hombre sabio, el que ha conquistado en vida la eternidad. Distinguir lo bueno y lo malo no es una cuestión relativa a juicios morales o a recompensas y castigos, sino una cuestión relacionada con la Química, con la composición o descomposición de los cuerpos.

Así lo explica Deleuze de un modo, a mi entender, brillante:

En este y no otro sentido es la existencia una prueba. Pero se trata de una prueba física y química, de una experimentación que es lo opuesto a un juicio. Por esta razón toda la correspondencia con Blyenbergh trata del tema del juicio de Dios; ¿posee Dios un entendimiento, una voluntad, pasiones que hagan de él un juez conforme al Bien y al Mal? En realidad únicamente por nosotros mismos somos juzgados, y conforme a nuestros estados. La prueba físico-química de los estados constituye la Etica en oposición al juicio moral. La esencia, nuestra esencia singular, lejos de ser instantánea, es eterna. Lo que ocurre es que la eternidad de la esencia no es posterior a la existencia en la duración, es estrictamente contemporánea, coexistente con ella. La esencia eterna y singular es nuestra propia parte intensa que se expresa en una relación en cuanto verdad eterna, y la existencia es el conjunto de las partes extensivas que nos son propias conforme a esta relación en el tiempo. Si durante nuestra existencia hemos sabido componer estas partes aumentando nuestro poder de acción, experimentaremos por este mismo hecho una gran cantidad correspondiente de afecciones que sólo dependen de nosotros mismos, es decir, de nuestra parte intensa. Si, por el contrario, nos hemos aplicado a destruir o descomponer nuestras propias partes y las ajenas, nuestra parte intensa o eterna, nuestra parte esencial no tiene ni puede tener más que un número muy exiguo de afecciones que procedan de sí misma, ninguna felicidad que de ella dependa. Tal es entonces la diferencia final entre el hombre bueno y el hombre malo: el hombre bueno, o fuerte, es el que existe tan plena o intensamente que ha conquistado en vida la eternidad, aquel para quien la muerte, siempre extensiva y exterior, poca cosa significa. La prueba ética es así lo contrario del juicio diferido; en lugar de restablecer un orden moral, ratifica en lo inmediato el orden inmanente de las esencias y de sus estados. En lugar de una síntesis distribuidora de recompensas y castigos, la prueba ética se conforma con analizar nuestra composición química. (pp. 56-57)

Curiosamente Walter White, alias Heisenberg, es un experto en Química, es decir, en Ética.

Ficha técnica

Breaking Bad (Gilligan, 2008-)

– Creada por: Vince Gilligan

Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul

– País: Estados Unidos

Duración: 47 minutos.

Idioma/s: Inglés, Español

– 4 temporadas, 46 episodios de 47 minutos aprox.

Cadena de televisión: AMC

Fecha de emisión:20 de enero de 2008

20 replies »

  1. Aquí parece estar la respuesta a quien considera (y confunde) el superhombre de Nietzsche con el apex predator, que salió unas entradas atrás a cuento de la película Chronicle, ¿no?

    Un saludo.

  2. Hola fran, en mi opinión la síntesis de Nietzsche y Spinoza que elabora Deleuze es lo mejor de su filosofía. Da una respuesta posible al atolladero de las paradojas del superhombre como apex-predator o del tirano como hombre más feliz de Trasímaco.

    En una carta del 30 de julio de 1880 a Overbeck Nietzsche dice:” Estoy asombrado, realmente maravillado. -Tengo un predecesor ¡y que uno! Casi no conocía nada de Spinoza: el que yo lo buscara precisamente ahora fue un acto del instinto. No sólo que su tendencia general es igual a la mía -de convertir el conocimiento en el mas poderoso de los impulsos- me identifico con cinco puntos principales de su doctrina: éste, el más inaudito y más solitario de los pensadores es el más cercano a mí precisamente en esas cosas: niega el libre albedrío, las finalidades, el orden cósmico/ético, lo no egoísta, lo malo […] mi soledad es ahora al menos una soledad a dúo. ”

    En una clase de Deleuze sobre Nietzsche y Spinoza el filósofos francés dice: “¿Qué significa un estado de vida? Un estado de vida, siempre es relativo. Quiero decir un estado de vida siempre es un paso, de hecho no hay estado de vida, hay pasos de un estado a otro. Los pasos de un estado a otro son pasos de estado, y pueden hacerse en dos sentidos: paso a un estado que envuelve una más grande potencia de vida, fuerza de vida, o paso a un estado que envuelve menos fuerza de vida. Cualquier paso en el sentido de aumento o disminución se llamara un afecto. Los afectos son pasos. El afecto que aumenta una fuerza de vida, Nietzsche habla frecuentemente de este, le da un nombre particular, lo llama ebriedad. La ebriedad, no es beber, no es la droga, si bien Nietzsche hace alusión a la bebida y la droga, algunas veces. ¿Eso produce tales aumentos o no? ¿Esos aumentos se pagan con una considerable disminución? etc…. todos esos problemas, es necesario, habría que verlos en cada caso. Pero él llamará ebriedad a cualquier intensificación, cualquier proceso de intensificación que aumente la potencia de vida. Más mi potencia de vida, ven entonces ustedes, yo elijo por mi, yo, todo depende de cada uno, lo importante es que uno decide, algo así como: vale más que una potencia de vida aumente más bien a que ella no disminuya

    Hombre, hay gente que no sabe ver, si, son los mismos en los cuales la potencia de vida disminuye constantemente, decrece… mientras más aumenta mi potencia de vida, más apto soy para percibir y percibir más cosas. ¿Quién ha dicho eso? ¡Spinoza! Spinoza lo dice permanentemente, y, es sobre este punto que Nietzsche dirá: no tengo más que un predecesor, es Spinoza.

    Percibir lo que no tiene forma, ah, hombre, eso comienza a ser interesante, es más difícil. ¿Qué es lo que no tiene forma? Por ejemplo, es lo que está entre dos cosas, percibir entre las cosas

    ¿Qué es ética? Eso quiere decir, y Spinoza ha definido siempre así a la ética, ética quiere decir: que cada uno de nosotros, hasta donde le es posible hacerlo, haga que su potencia de existir aumente al máximo, y al mismo tiempo que cada uno de nosotros, tanto como lo sea en él, es decir tanto como le sea posible, en virtud de las circunstancias objetivas, pero quiero decir esto también para un moribundo… vale para un enfermo, vale para, que cada uno de nosotros, tanto como este en él, se esfuerce en devenir apto para percibir más cosas. Yo diría, eso, es el dominio de la potencia.” (Encontrado en http://pensamientonomada.blogspot.com.es/2009/03/clase-de-deleuze-nietzsche-y-spinoza.html)

    Un saludo.

  3. ¡Gracias! No he tenido casi tiempo estos ultimos dias entre clases y viajes, pero ya pronto comenzare a actualizar mas a menudo. Y que le guste a usted es agradable (ya que siempre leo su blog desde hace mucho tiempo ya) Un saludo!

    PD: Gran respuesta la de arriba.

  4. Bueno, uniendo los dos últimos artículos, se me ha ocurrido lo siguiente: hace un año veía con preocupación que una persona que aprecio se dedicara demasiado a videojuegos de matar zombis. Me ha confesado que tiene un sueño recurrente: matar zombis que le rodean y persiguen por la calle. Intuyo y razono que su conciencia le advierte que matar no está bien, por eso convierte a los demás en muertos vivientes y acaba con ellos en sus deseos oníricos, cosa que no está tan mal, después de todo. Aquí entramos en lo que está bien y lo que está mal, claro, desde los razonamientos de un pensador de principios del siglo XXI. Puede ocurrir que alguien que ha perdido a sus seres queridos en un accidente diga: “es como un sueño, no parece que esto esté ocurriendo”. La ficción prueba a decirnos: “ese hombre cumplirá su pesadilla en la realidad, está ya por encima del bien y del mal”. Está preparado para acabar con la vida de los ruines.

    • Hola ente, ¿cuál es el papel de la ficción o de los sueños? ¿Dar rienda suelta a impulsos que están en nuestra naturaleza y que si no reprimiésemos llevarían la sociedad al caos? Es habitual leer que cuando los filósofos intentan llevar a la práctica sus ideas los resultados son catastróficos. Pero no podemos darle simplemente la razón a Freud y renunciar a la ficción o a los sueños porque son estos los que abren posibilidades al mundo. Todo está conectado con la hybris, el poder caótico, dionisiaco, que engendra y destruye la vida. Seguiré pensando en ello.

      Un saludo.

  5. Me he acordado de Ulises (Odiseo), al que los dioses castigaron por su hybris. Encuentro la tragedia griega como una pomada para nuestras heridas.

  6. Es fantástico que esa idea de Aristóteles llegue a nuestros días y sirva para entender mejor, por ejemplo, el buen cine. Quién no sabe del canto de las sirenas que te cautiva hasta el naufragio de tu alma; el vuelo demasiado alto de Ícaro; o del atrevido Prometeo, que robó el fuego (luz e idea) a los dioses para devolverlo a los hombres. Sus castigos nos aleccionan; me pregunto: ¿saben los guionistas modernos de esa catarsis? Intuitivamente, creo que algunos sí.

  7. Aunque dije tragedia griega, me refiero a mitología, poemas y teatro de la antigua Grecia. Me tomo esa libertad al hablar de tragedia y catarsis siguiendo una opinión personal, que puede estar equivocada. Y le pregunto: ¿hay catarsis en la filosofía? ¿en los diálogos de Platón, por ejemplo?

  8. ¡Qué no era una pregunta retórica! Es broma. Entiendo que haya recortes hasta en las contestaciones. Es broma de nuevo. Gracias por su paciencia.

    • 🙂 Gracias por unas buenas risas.

      No he tenido tiempo de nada.

      La tragedia está pensada para producir ese efecto pero los diálogos no. Sin embargo, eso no quita que un lector del s. XXI se pueda identificar con Sócrates en la Apología y experimentar una suerte de catársis. A mí me pasa continuamente.

      Estoy metido en mil cosa a la vez.

      Un abrazo, amigo.

      • Menos mal que nos queda el ánimo para Aula de Filosofía, en la que no entran las tijeras de ningún remendón endeudado.
        El tema de esta purificación o liberación, digamos, es una meta deliciosa que estimula a leer libros, ver teatro, escuchar música, etc. Creo que muchas veces es algo más real que el sexo, por ejemplo, que a menudo resulta un gran engaño. Coincido con su respuesta.

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