Arte

William Morris y la Hermandad Prerrafaelita

La bella Isolda (1858) es la única pintura al óleo conservada de William Morris (Tate Gallery). La modelo es su esposa Jane Burden que le engañó con el prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti. Morris compensó la mala experiencia convirtiéndose en firme defensor del amor libre frente a la moral burguesa.

William Morris (1834-1896) y Edward Burne-Jones (1833-1898) estuvieron asociados a la Hermandad Prerrafaelita, grupo artístico formado por los pintores Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), John Everett Millais (1829-1896) y William Hunt (1827-1910). Todos compartieron la misma aversión por la revolución industrial, la producción en serie, el kitsch y las convenciones morales burguesas. Cada uno a su modo buscó alternativas al capitalismo rampante de finales del s. XIX: el misticismo medieval, la bohemia, Shakespeare, William Blake o el marxismo. Si quieres tener una panorámica general de su ideas, su trabajo y su vida privada te recomiendo la serie de televisión Desperate Romantics, emitida por la BBC en 2009 y basada en el libro de  Franny Moyle, Desperate Romantics: The Private Lives Of The Pre-Raphaelites. Tuve noticia de ella a través del blog de José Luis Molinuevo, pensamiento en imágenes: Sócrates y los artistas.

En cualquier caso, esta entrada está dedicada a William Morris, artesano, poeta, pintor, editor, impresor, traductor de las sagas islandesas, activista político marxista, y especialmente conocido por ser el fundador del movimiento Arts and Crafts. Proponía una vuelta al modo de producción artesanal de la Edad Media donde el mismo individuo concibe y ejecuta la obra. Fundó, de acuerdo a sus propios planos, el taller Morris & Co. donde en condiciones idílicas para la época se producían tapices y vidrieras con muy buenos resultados económicos. Como pone de manifiesto Houellebecq en el siguiente fragmento extraído de El mapa y el territorio, de las utopías alternativas a la producción fabril de finales del s. XIX sólo tuvo éxito la de Morris. Fourier y Cabet fracasaron estrepitosamente.

– Perdone -dijo finalmente, distendiéndose en el acto—. Atravieso un período… especial-. William Morris no tuvo una vida muy alegre, según los criterios habituales -prosiguió Houellebecq—. Sin embargo, todos los testimonios nos lo muestran contento, optimista y activo. A los veintitrés años conoció a Jane Burden, que tenía dieciocho y trabajaba de modelo para pintores. Se casó con ella dos años más tarde, él también pensó en dedicarse a la pintura pero renunció, no se sentía con suficiente talento; respetaba la pintura por encima de todo. Se hizo construir una casa con arreglo a sus propios planos en Upton, a la orilla del Támesis, y la decoró él mismo para vivir allí con su mujer y sus dos hijas pequeñas. Según todos los que la conocieron, su mujer poseía una gran belleza; pero no era fiel. Tuvo, en particular, una aventura con Dante Gabriel Rossetti, el jefe de fila del movimiento prerrafaelita. William Morris le admiraba mucho como pintor. Al final Rossetti se fue a vivir con ellos y le usurpó por las buenas el lecho conyugal. Entonces Morris emprendió viajes a Islandia, aprendió la lengua del país, empezó a traducir sagas. Regresó al cabo de unos años y se decidió a pedir una explicación; Rossetti se avino a marcharse, pero algo se había roto y ya no hubo nunca una auténtica intimidad carnal en la pareja. El ya se había comprometido con varios movimientos sociales, pero abandonó la Social Democratic Federation, que le parecía excesivamente moderada, para fundar la Socialist League, que defendía posiciones abiertamente marxistas, y hasta su muerte se dedicó en cuerpo y alma a la causa comunista, multiplicó los artículos de prensa, las conferencias, los mítines…

Houellebecq se calló, sacudió la cabeza con resignación, pasó suavemente la mano por el lomo de Platón, que gruñó de satisfacción.

-También combatió sin descanso -dijo, con lentitud-la gazmoñería victoriana, militó a favor del amor libre… ¿Sabe? -añadió todavía-. Siempre he detestado esa idea repugnante, pero, por otra parte, tan creíble, de que la acción militante, generosa, aparentemente desinteresada, sea una compensación a los problemas de carácter privado…

Jed guardó silencio, esperó al menos un minuto.

-¿Cree que era un utopista? -preguntó al cabo-. ¿Un completo irrealista?

-En cierto sentido sí, sin lugar a dudas. Quería suprimir la escuela, pensando que los niños aprenderían mejor en un ambiente de total libertad; quería suprimir las cárceles, pensando que los remordimientos serían un castigo suficiente para el criminal. Es difícil leer todas estas absurdidades sin una mezcla de compasión y de desaliento. Y, sin embargo, sin embargo… -Houellebecq vaciló, buscó palabras-. Sin embargo, paradójicamente, tuvo cierto éxito en el aspecto práctico. Para poner en práctica sus ideas sobre el retorno a la producción artesanal, creó muy pronto una empresa de decoración y mobiliario: los obreros trabajaban en ella mucho menos que en las fábricas de aquel tiempo, que es verdad que eran más o menos presidios, pero sobre todo trabajaban libremente, cada uno era responsable de su tarea de cabo a rabo, el principio esencial de Morris era que la concepción y la ejecución nunca debían separarse, no más de lo que lo estaban en la Edad Media. Según todos los testimonios, las condiciones de trabajo eran idílicas: talleres luminosos, aireados, a la orilla de un río. Todos los beneficios se repartían entre los trabajadores, salvo una pequeña parte que servía para financiar la propaganda socialista. Pues bien, contra todo pronóstico, el éxito fue inmediato, incluido en el sector comercial. Después de la carpintería se interesaron por la joyería, la talabartería, luego las vidrieras, los tejidos, las tapicerías de muebles, siempre con el mismo éxito: la sociedad Morris & Co. generó ganancias constantemente, desde el principio hasta el fin de su existencia. Lo cual no lo ha conseguido ninguna de las cooperativas obreras que se multiplicaron a lo largo del siglo XIX; ya fueran los falansterios de Fourier o la comunidad icariana de Cabet, ninguna consiguió organizar una producción eficaz de bienes y mercancías, exceptuando a la sociedad fundada por William Morris sólo se puede hablar de una sucesión de fracasos. Sin hablar siquiera de las posteriores sociedades comunistas…

Enmudeció de nuevo. La luz empezaba a menguar en la sala. Houellebecq se levantó, encendió una lámpara de pantalla, echó un leño al fuego antes de volver a sentarse. Jed le seguía mirando con atención, perfectamente silencioso, con las manos posadas en las rodillas.

-No lo sé -dijo Houellebecq-, soy demasiado viejo, ya no tengo ganas ni costumbre de sacar conclusiones, o sólo de cosas muy simples. Existen retratos de él, ¿sabe?, dibujados por Burne-Jones: probando una nueva mezcla de tintes vegetales, o leyendo a sus hijas. Un tipo achaparrado, de pelo espeso y revuelto, con la cara colorada y viva, gafitas y una barba enmarañada, en todos los dibujos da una impresión de hiperactividad permanente, de una buena voluntad y un candor inagotables. Lo que sin duda se puede decir es que el modelo de sociedad propuesto por William Morris no tendría nada de utópico en un mundo en el que todos Jos hombres se parecieran a William Morris.

El retrato que hace la serie Desperate Romantics de la figura de William Morris es la de un hombre íntegro hasta la locura, un Quijote hiperactivo e impredecible, opuesto a la laxitud moral de Dante Gabriel Rossetti. Cuando Rossetti, por entonces casado con la musa prerrafaelita Lizzie Siddal, intentó iniciar a Morris en los placeres del sexo mercenario la respuesta de su admirador fue bastante radical.

Fotograma de Desperate Romantics, BBC 2009

Fotograma de Desperate Romantics, BBC 2009

Fotograma de Desperate Romantics, BBC 2009

Por último, en una entrada en la que se menciona a los prerrafaelitas, no quiero dejar pasar la oportunidad de mostrar la reelaboración que realiza John Everett Millais del suicidio de Ofelia, tras ser repudiada por Hamlet. Desperate Romantics pone en escena el proceso creativo de un modo bastante fidedigno. Se puede ver a Lizzie Siddal, quien, por cierto, también se suicidó al ser abandonada por Rossetti, en la bañera posando para Millais. Tal fue la concentración del pintor que las velas que calentaban el agua se apagaron y Lizzie pilló una hipotermia de cuidado que terminó en neumonía. De todos modos, el resultado final es de una belleza sobrecogedora. Al mirar la pintura de Millais tengo la sensación de que la vegetación que rodea a Ofelia no la adorna ni acompaña, sino que devora indiferente su dolor y su historia. Salta a la vista el rojo de la flor del opio que simboliza la muerte y el sueño. También una supuesta calavera oculta entre la vegetación.

Esta es la conocida descripción que hace la reina Gertrud de la muerte de Ofelia. Esta en su locura se sube a un sauce sobre un río para recoger flores y una rama se rompe. En el agua sus vestidos la mantienen a flote pero, en lugar de intentar salvarse, empieza a entonar canciones, “As one incapable of her own distress, /Or like a creature native and endued /Unto that element.” (“inconsciente del peligro, o como hija del agua”.)

QUEEN:

There is a willow grows askant the brook…
There on the pendant boughs her coronet weeds
Clambering to hang, an envious sliver broke,
When down her weedy trophies and herself
Fell in the weeping brook. Her clothes spread wide,
And mermaid-like awhile they bore her up,
Which time she chanted snatches of old tunes,
As one incapable of her own distress,
Or like a creature native and endued
Unto that element. But long it could not be
Till her garments, heavy with their drink,
Pulled the poor wretch from her melodious lay
To muddy death

– Act 4, Scene 7, lines 169-184.

William Shakespeare: Hamlet. Instituto Shakespeare (ed.) Madrid: Cátedra, 2011.

Fotograma de Desperate Romantics, BBC 2009.

Fotograma de Desperate Romantics, BBC 2009.

Ophelia (1852) Tate Britain, London

Ficha técnica de Desperate Romantics (BBC, 2009)

Desperate Romantics, de izquierda a derecha, Millais, Fred, Rossetti y Hunt

  • Guión: Peter Bowker sobre el libro de  Franny Moyle, Desperate Romantics: The Private Lives Of The Pre-Raphaelites.
  • Director: Paul Gay, Diarmuid Lawrence
  • Intérpretes: Aidan Turner (Rossetti), Rafe Spall (Hunt), Sam Crane (Fred), Samuel Barnett (Millais), Zoë Tapper (Effie), Amy Manson (Lizzie Siddal), Tom Hollander (Ruskin), Jennie Jacques (Annie), Dyfrig Morris (William Morris), Peter Sandys-Clarke (Burne-Jones)
  • Música: Daniel Pemberton
  • País: Reino Unido
  • Idioma: Inglés
  • Formato: 1 temporada, 6 episodios.
  • Productor: Ben Evans
  • Duración de cada episodio: 60 minutos
  • Emitido por BBC Two y BBC HD

George Frederic Watts: Retrato de William Morris, 1870

24 replies »

  1. Estos son asuntos muy interesantes, aunque no puedo opinar sobre la pintura, pues no conozco lo suficiente de ese arte. Pero sí traigo al recuerdo lo emotivo de la muerte de Ofelia al leer Hamlet, la locura, sus cánticos y las flores, los demás no la entienden, el lector sí. La reina Gertrude habla de una rama de sauce que se rompe y ella cae al arroyo, pero creo recordar que las flores la adormecieron, o así se lo cuenta un loco a Hamlet, corríjanme si no es así. Ya Hamlet se había mostrado tajante con Ofelia en cuanto al amor (1). Él llega a creer que todos representan un papel en su contra en aquel drama que fue la muerte de su querido padre (lo curioso es que recurre a una obra de teatro para desenmascarar el complot, pero ese ya es otro asunto). En esa época de Shakespeare, los personajes son como muestras llevadas al extremo de las distintas pasiones. No es extraño que los postrománticos de finales del XIX recurrieran a Shakespeare, pues era la suya una época de exaltación de lo sentimental, de la libertad, del inconformismo del mismo Hamlet. También Dickens, desde su realismo y crítica social, criticaba mucho la industrialización y su explotación obrera en Tiempos difíciles (1854), que es una novela muy recomendable. Pienso que Realismo y Romanticismo están en desacuerdo en cuanto a la forma, pero no en su crítica de fondo, lo emotivo y lo pesimista están ahí.

    Hay un óleo de Eugene Delacroix en el que vemos a Ofelia languidecer en las aguas. Es hermoso ese cuadro. También hay un cuadro de Dante Gabriel Rossetti, La enguirnaldada, que siempre me ha gustado; decía John Ruskin (tutor de Oscar Wilde) de ese pintor y poeta que era Rossetti: “un gran italiano perdido en el infierno de Londres”. Oscar Wilde iba al Trinity College cuando Rossetti era ya una figura consagrada en el campo de la poesía. Todos se conocieron.

    (1) Un consejo amoroso. Se representa una obra ante la corte, Ofelia y Hamlet hablan, comienza el actor:
    CÓMICO.- Para nosotros, y para nuestra tragedia, humildemente solicitamos su clemencia, y les rogamos escucharla con paciencia.
    HAMLET.- ¿Es esto un prólogo o la inscripción de un anillo?
    OFELIA.- Es muy breve, mi señor.
    HAMLET.- Como amor de mujer.

    Por último, Eugenio, gracias por enseñarme la tarea de Morris y las recomendaciones de la serie de la BBC, no las conocía. En la televisión hay programas que enseñan a construir muebles, pero son simples anuncios de herramientas eléctricas de todas clases. 😦

    No he podido contenerme, el tema es apasionante. Un poco a lo Tristam Shandy, lo siento.

    • Hola ente, también aparece Dickens en la serie. Al parecer había fundado una casa para rehabilitar a las “mujeres de la calle”. Ruskin fue el que lanzó a la fama a la Hermandad Prerrafaelita: Rosseti, Millais y Hunt. En la serie Desperate Romantics hacen un retrato curioso de John Ruskin. Te la recomiendo. Creo que te gustará mucho. De su obra pictórica de los prerrafaelitas me quedo con la Ofelia de Millais pero hay también algunas de Rossetti que me gustan. No encuentro “La enguirnaldada” en la Wikipedia pero sí algunas otras muy conocidas: La anunciación, Beata Beatrix, Perséfone y Lilith. Creo que mejoró con el tiempo. La modelo de las dos primeras es Lizzi Siddal, su musa y esposa, un personaje muy interesante.
      Rossetti: La anunciación, 1850
      Rossetti: La anunciación, 1850

      Rossetti: Beata Beatrix, 1863-64
      Rossetti: Proserpine o Perséfone, 1874
      Rossetti: Proserpine o Perséfone, 1874
      Lady Lilith
      Rossetti: Lilith
      Comparando La muerte de Ofelia de Delacroix con la Ofelia de Millais me quedo con la de este último: esa vegetación que condena todo lo humano al olvido. ¿Te acuerdas de La fuga de Logan? Además parece que la de Delacroix es menos fiel al texto de Shakespeare
      Delacroix: La muerte de Ofelia, 1853
      Delacroix: La muerte de Ofelia, 1853
      Saludos.

  2. Sí, Logan y la chica se encuentran, ya fuera de su burbuja, que la vegetación reina en la Tierra. Sorprendente.

    Lizzi Siddal me recuerda a Mamen, de la revista El Jueves.

    Ya tengo ganas de ver la serie Desperate Romantics.

    Será que le tengo cariño a los sauces, y esa “mano” que le tiende a Ofelia es un símbolo para mí.

  3. Mire qué bonito cuadro es La Ghirlandata:

    http://s3.amazonaws.com/data.tumblr.com/tumblr_lxxyl5Pj8E1qhwpzro1_1280.jpg?AWSAccessKeyId=AKIAJ6IHWSU3BX3X7X3Q&Expires=1330793975&Signature=9Tzuyf1aFgRaYvajFIWjPOhilCQ%3D

    El verde de los ojos, la vegetación y el vestido parecen adornados por el rojo fuego de los cabellos, como si estos fueran las flores, pienso. Los ángeles escuchan a una mujer tocar el arpa, no es Siddal la modelo, sino Alexa Wilding. May Morris, la hija de William y Jane Morris, posó para hacer de los dos ángeles, según he leído.
    Saludos.

  4. Eugenio yo he pensado lo mismo sobre las pelirrojas y Rossetti, me pregunto si será por lo de la flor del opio, que simboliza la muerte y el sueño, como dice usted arriba. Después de todo, de las mujeres espero que adormezcan mis sentidos y me lleven a una muerte lenta

      • Puede ser que alguien vea algo de Kitsch, profesor. Yo a veces me encuentro en un supermercado admirando el dibujo de una lata de aceite, el de Carbonell. Lo pintó Julio Romero de Torres, que pintaba musas gitanas, sobre todo me atraen sus rostros.
        Es la belleza interpretada por un inglés postromántico o por un español lleno de simbolismo. Belleza para todos. Me asusta lo de Kitsch.

        • El art nouveau (creo que es modernismo) pasa ahora de ser antiguos carteles publicitarios a estupendo arte. A mí me gusta.
          Me gustaría saber más de arte.

  5. Mi abuelo sabía hacer sus propias herramientas, una vez me hizo un martillo y una pequeña pala. Con mi padre había hecho lo mismo, él tiene esas herramientas en un cuadro. No hace mucho, los más ancianos lo recuerdan, en Canarias existía esa artesanía del estilo de la que habla William Morris. En un viaje que hice a La Palma recuerdo ver muchas muestras de ese tipo.
    Saludos.

      • Sí, es así. Los hoteles de por aquí están llenos de trabajadores inmigrantes a los que se les pide que hagan más horas de lo normal. Los gobiernos lo saben, no quiero pensar que sean cómplices de esta explotación. Todos los puntos que Nancy Fraser explica son ciertos. Me deprime, no puedo tratar el tema. Es un suplicio para los desempleados; la sociedad nos oprime demasiado, nadie quiere a los que no tienen dinero, no son extraños los brotes de violencia, ¿sabe alguno de los contertulios de las distintas televisiones lo que es pasar una noche a la intemperie? ¿no tener dinero para una lata de sardinas? ¿no poder lavarse porque no tienes una casa? ¿vivir de lo que da la pensión de un padre?

  6. He visto varios episodios de Desperate Romantics (2009). Me gusta la mezcla de una ambientación logradísima y ese aire de modernidad en la forma de contar la historia, en su lenguaje cinematográfico. Los colores y la luz forman parte de un trabajo completo, redondo. Los ojos de las modelos son para zambullirse en ellos, son de una belleza angelical, pero todos sabemos que esconden a una femme fatale.

    Por cierto, he tenido una pequeña aventura con una mujer fatal. Descubrí, para mi disgusto, que a ha conquistado a varios hombres. Les habla de amor y luego desaparece, no contesta llamadas ni mensajes electrónicos. Averigüé, por sus rastros en la Red, a quienes le había hecho lo mismo. Somos ya unos cuantos pobres diablos los que hemos caído, hoy se han sumado otros 2. Lo más extraño es que parece una criatura desamparada, que habla de una vida de dolor. Me he sentido como dentro de un relato romántico de triste final. Llevo varios días con depresión fuerte a causa de esto último.

    No quiero molestarle. Gracias por todo.

  7. La forma de ligarse las vidas de estos artistas reales y cómo reaccionan en las diferentes situaciones me interesan porque sorprenden, no son previsibles; las historias de genios de carne y hueso dan mucho para la representación, teatral, novelada o filmada… En el fondo, las mejores historias tienen anécdotas que ocurrieron en la realidad, ¿no?

    • Cada vez creo más que la realidad no existe. Existe sólo la mirada. Artista es el que abre posibilidades al mundo, el que desafía a la rutina o al destino… Cuando se encuentran dos o más como ocurrió con los prerrafaelitas se genera un acontecimiento. Un acontecimiento es una nueva mirada de la que nos alimentamos durante siglos. Los atentados del 11/S serían un falso acontecimiento.

      Te recomiendo la música que estoy escuchando ahora. Unthanks. Espero que te guste y alivie tu espíritu.

      Un saludo.

  8. Ay, el aire melancólico del folklore anglosajón, me recuerda cuando me encontré en los verdes prados de Irlanda, a solas con mi alma; me gusta.

    Pues es cierto, la realidad no existe, por eso lo pasaba yo tan bien de niño, vivía de mi fantasía. Tiene que apuntar las frases de arriba, en especial: “Un acontecimiento es una nueva mirada de la que nos alimentamos durante siglos”.

    Gracias por todo.

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