Diario de lecturas

Joan Margarit: Misteriosamente feliz

 

Joan Margarit: Misteriosamente feliz. Madrid: Visor, 2009.
Invitado por el Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán, los días 6 y 7 de marzo dará unas charlas en Plasencia el poeta catalán Joan Margarit: una en el Auditorio Santa Ana y otra en mi centro de trabajo, el IES Valle del Jerte. A pesar de su larga trayectoria poética (comenzó a publicar en los sesenta y obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 2008 por Casa de Misericordia) no conocía ni su obra ni sus diseños arquitectónicos. La ocasión me ha dado la oportunidad de hojear su último libro, Misteriosamente feliz y mis primeras impresiones han sido muy buenas.

Uno de sus poemas me ha sorprendido por el modo en que utiliza las palabras para eternizar un instante.

La última tarde

Nunca he visto otra igual,
con la luz de final de primavera
penetrando en la casa, entre la gente.
Inmóvil, parecías pensativa.
El tiempo que tenía que llegar
no se atrevía a entrar dentro de un aire
que no se resignaba a la tristeza.
Nos amparaba todavía aquella
leve sonrisa de tus labios fríos.
Fue la última tarde que el amor
mantuvo su ventaja. Después lo desboradaron
el dolor y la muerte, ya imparables.

Otro poema, titulado Tenerife, me ha hecho pensar en las curiosidades del azar. Aquí estoy, recién llegado a Plasencia después de veinte años en Tenerife, y resulta que Joan Margarit emigró a Canarias con su familia durante los cincuenta. Recuerda aquella “ciudad colonial y tranquila”, de “modestas luces” y un “mar tan oscuro”. Ya no existen ni esa ciudad, ni tampoco esa isla y ni siquiera ese “mar oscuro” es el mismo. Y, sin embargo, dice el poeta, todo vuelve otra vez cuando miro “la oscuridad al fondo de tus ojos”. Pero, los ojos de quién, me pregunto.

Me han parecido algo injustas sus observaciones sobre el hermético Celan en Leer poesía. “No sé ni qué me ha dicho ni qué quiso decirme”. “Hay tanto miedo en un poeta hermético”, dice Margarit, “el miedo a la basura, la basura del miedo”. Celan no es hermético en ese sentido en sus dos primeros libros, Amapola y memoria y De umbral en umbral. Más tarde es necesario reconocer que su enfermedad mental, una esquizofrenia paranoide galopante, tuvo consecuencias nefastas en su vida y en su obra: en 1965 atacó a su mujer Gisèle con un cuchillo, y en 1967, amenazó con estrangularla, tras lo cual probó a suicidarse clavándose un abrecartas en el pulmón. También muchos de sus versos adquirieron un tono solipsista e ininteligible, del que luego algunos filósofos como Heidegger o Gadamer han sacado bastante partido.

Aquellos de sus poemas en los que está presente el tiempo y la memoria contienen impresiones con las que coincido, paisajes que ya he visto, ideas que ahora recuerdo. Es la anámenesis platónica provocada por versos como  estos de La pérdida de la ignorancia: “No escribas tus memorias. Lanzarán a tus pies a aquel que fuiste, como un cadáver enemigo… La alegría de un viejo es el silencio.” O también la sencillez de Tu calle que, con recursos mínimos, pone de manifiesto la continua proximidad de la muerte, los aterradores saltos en el tiempo que Kubrick escenifica tan bien en los espejos de la escena final de 2001.

Tu calle

Llegas una mañana luminosa.
A los cuarenta y dos. Las golondrinas
vuelan de punta a punta de la calle.
Hay un tiempo en que el Cálculo
muestra la fría terminal de un límite.
De repente te encuentras solo en casa.
Y el invierno que llega hasta la calle.
Y los setenta años te sonríen,
te das cuenta de lo cerca que está todo.
Un bus, el metro, y llegas hasta el mar.

Termino estos apuntes apresurados con el poema final. Creo que es el que da sentido al título del libro, misteriosamente feliz. Existe un modo del amor, dice el poeta, que hace posible la serenidad ante la soledad final.

El amor que no me asusta

Lejos de los amores feroces del origen,
y lejos del amor que, a modo de refugio,
la mente siempre inventa, el amor
que ahora me consuela es sin urgencias.
Cálido, respetuoso: amor de sol de invierno.
Amar es descubrir
una promesa de repetición que tranquiliza.
Estos poemas hablan de esperar,
porque el amor es siempre una cuestión
de las últimas páginas.
Ningún otro final podría estar
a la altura de tanta soledad.

8 replies »

  1. Menos mal que te ha gustado!. Hay muchas cosas que comentaré el día 7 cuando le presente en el Instituto.

    El Poema que dices de ETERNIZAR UN INSTANTE, se refiere a Joanna -su hija muerta a los 30 años- como muchos otros. Esta hija era una hija que no era normal, y a ella se dedicó mientras vivió en cuerpo y alma (tiene otros tres hijos: Mónica, Anna y Carles). Y esa última tarde es la última tarde de su hija.

    Hay en sus poemarios, principalmente tres cosas:Su relación con su padre y los acontecimientos tras la guerra. Su relación con su hija, la vida y la muerte de Joanna y tras la muerte de Joanna, y la relación con su ciudad.

    Bueno y ya no digo más, porque me lo reservo para presentarlo ese día que nos visite.

  2. Intuía lo de Joana pero como no conozco su obra a fondo no arriesgué la hipótesis para no meter la pata. Gracias por sacarme de dudas.

    De todos modos, me parece que en ese poema va más allá del caso individual para tocar una fibra universal.

    Pues espero impaciente tu presentación y la charla de Margarit.

    P.D.: Hay quien dirá que la poesía al fin y al cabo no son más que un montón de palabras. No te devuelven al ser querido. Son sólo un síntoma triste del fracaso. A veces tengo esa visión pesimista del arte en general.

  3. Hasta ahora solo hemos comentado narrativa, novela, ensayo, porque vosotros, o TÚ particularmente, solo habláis -presentáis- de narrativa. Pero en fin, yo soy de POESÍA, principalmente leo POESÍA, desde siempre y de contínuo, quizá fue lo primero que oí en este mundo de labios de mi madre, de labios de mi abuelo (mi abuela fue la comadrona, pero solo se le ocurrió salir corriendo a decir que había nacido una niña fea y pelona-ya existía mi hermana la mayor y no debió hacerle gracia-).

    Así que otro día empezaremos la ristra de Poetas si queréis.

    Por supuesto no estoy de acuerdo contigo. La poesía no es solo un montón de palabras y sí pueden devolverte al ser querido (y además enriquecido). Y desde luego pueden ser el síntoma de un -o muchos- fracaso; pero esa es una mínima parte de la Poesía, que no creo que abarque mucho más que un rincón.

    Ya lo comentábamos el otro día: las tragedias han sido siempre mucho más fructíferas para el hombre, para el arte; el dolor (que es otra cosa a la tragedia) siempre ha aquilatado la verdad, por tanto la Poesía como síntoma de dolor sí puede ser mucha Poesía.

    Pero yo creo con San Juan que de la noche oscura sale LA LUZ, y que Joan Margarit recupera el mundo de Joanna justo ahora que no la tiene, su recuerdo, el recuerdo de sus ojos, de su sonrisa, de sus manos, se convierte en CELEBRACIÓN ahora que está lejos, que solo está presente a través de la PALABRA.

    Joan Margarit ve a su hija, siente a su hija, escribe con su hija.
    El viernes vino a la librería El Quijote -como te dije- INMA CHACÓN estuve con ella tomando una caña en la plaza, le dije que estaba segura que seguía escribiendo con Dulce (ella que ha escrito o insinuado cosas parecidas otras veces), me decía que le explicara porqué lo decía, yo le explicaba que su morfología y su sintaxis, sobre todo en la Poesía (no tanto en las Novelas)traducían palabras de su hermana.

  4. Un amigo muy querido me ha dejado en facebook este comentario que me ha gustado mucho:

    “”eternizar un instante” rememora la muerte de cualquier ser querido desde la perspectiva del eterno retorno, en un intento de evitar la desgarradora verdad… la negación freudiana en su máxima expresión. Contrasta con el sentido contrario al nihilismo del último poema “La última tarde” donde la reconciliación con el mundo se articula gracias al tiempo o el sentido religioso de la realidad. Espero que disfrutes de las charlas…. desde la sana envidia.”

  5. Cada uno vamos adquiriendo nuestro LOTE DE MUERTOS a medida que va transcurriendo la vida y de todos aprendemos

    El muerto que inauguró mi lote fue mi bisabuela Ana, tenía yo diez años, me hicieron despedirme de ella con un beso, friísimo, la temperatura cadavérica me asustó, pensé que la muerte era demasiado poderosa.

    El segundo muerto fue gente joven que moría muy joven, que habían sido compañeras mías de estudio, no presencié su muerte, pero sí me aterrorizó. Se sumaron a estos gente que moría en accidente y que yo presencié, y se me heló el cuerpo y el alma. A ello hay que añadir vecinos, gente más o menos conocida, suicidas, etc que iban aumentando mi sentido macabro de la muerte.

    Cuando murió mi abuela Petra, la gente que estaba a mi -su- alrededor o estaba más emocionada que yo o tenía más miedo que yo, el caso que fue la primera persona a la que yo vestí, muerta ya, me pareció que su cuerpo se dejaba hacer y que finalmente tenía la suerte de acomodarla en su último lecho. Me estaba haciendo mayor.

    Cuando murió luego mi abuela Matilde, mi hermana (enfermera) que la había atendido en su enfermedad, pidió a mi madre y mis tías que se salieran de la habitación y que ella y yo la amortajaríamos, me pareció un rito precioso y de ello escribí un artículo que ya te pasaré -Eugenio- si los demás quieren leerlo está en Internet en CLARÍN, solo hay que poner mi nombre y aparece bajo el título TODO TAN FÁCIL.

    Luego he tenido más muertes que he ido sumando al catálogo y que me han hecho comprender que podemos amar a nuestros muertos más cuanto más cerca de ellos estemos en su muerte. Ellos se quedan con nosotros si nosotros queremos, apaciblemente, para ellos no reza ya el TIEMPO y permanecen callados (también pueden hablarnos, ayudarnos…)junto a nosotros porque los quisimos, los amamos, nos amaron y siguen haciéndolo, y es hermoso además que con este LOTE sigamos adelante

  6. El Poeta Joan Margarit nos visitó al fin este miércoles, acompañado además de Mariona, su mujer. Leyó el poeta los poemas de Joana, la intensidad de la emoción se hizo cuchillo en la sala. Su mujer y él resistieron una vez más su lectura honda, volvieron a llorar, volvieron a tenerla cerca.

    A todos nos pareció entrañable, su cercanía, su dolor, su saber compartir con nosotros esa intemperie de la vida

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