Historia de la Filosofía (Extremadura)

Texto Marx. (PAU Extremadura)

Giuseppe Pellizza da Volpedo, El cuarto Estado, 1901, Civica Galleria d’Arte Moderna, Milán. (Fotograma que abre la película Novecento de Bernardo Bertolucci, 1976)

I. Introducción

El Manifiesto Comunista se publicó en Londres en enero de 1848, poco antes del estallido de las revueltas en París.  Fue un encargo de la Liga de los Comunistas, partido político organizado en Londres. Por una parte, se trataba de un instrumento de análisis del capitalismo que favoreciera la toma de conciencia del proletariado y, por otra, de un texto propaganda política que inspirase la revolución.

Es muy significativo que en el título aparezca comunista y no socialista. Para Marx el término socialismo se refería al socialismo utópico de Proudhon. Marx entendía que Proudhon se limitaba a fantasear con mundos ideales dejando a un lado el estudio de la economía capitalista, único camino posible para comprender las posibilidades reales de una transformación social.

II. Marx-Engels: Manifiesto Comunista. Anselmo Sanjuan (tr.) Madrid: Alhambra, 1986, pp. 48-56.

Preámbulo

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Contra este fantasma se han coaligado en santa jauría todos los poderes de la vieja Europa, el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes.

¿Dónde hay hoy un partido de la oposición a quien sus adversarios en el gobierno no le lancen la infamante acusación de comunista?

Y ¿dónde hay un partido de oposición que no fulmine con este reproche oprobioso tanto a los oponentes más avanzados como a sus adversarios de la reacción?

De este hecho se desprenden dos consecuencias:

Que el comunismo es ya reconocido como un poder por todos los poderes europeos.

Que ya ha llegado el momento de que los comunistas expongan públicamente y ante el mundo entero sus concepciones, objetivos y tendencias y salgan al paso de las fábulas en torno al fantasma del comunismo con un manifiesto de su propio partido.

Con este propósito se han reunido en Londres comunistas de las más diversas nacionalidades y han redactado este manifiesto que se publicará en las lenguas inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.

Marx compara el comunismo con un fantasma que aterroriza no sólo a los poderosos de toda Europa sino también a los falsos revolucionarios. Para todos ellos el término comunista tiene connotaciones peyorativas. En el fondo, todos temen la fuerza del proletariado una vez tome conciencia de sí mismo.

Scherbakov V., 1920

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Scherbakov V., 1920

El Papa, el Zar y Metternich representan al Antiguo Régimen, Guizot a la burguesía que salió triunfante de la revolución de 1830 y los radicales franceses son aquellos que confundían la revolución con reformas al sistema democrático. Todos ellos temen al nuevo movimiento. Por ello Marx argumenta que es el momento de exponer claramente las ideas y los objetivos del comunismo.

Capítulo I. Burgueses y proletarios.

1. La historia humana es la historia de la lucha de clases.

La historia de todas las sociedades humanas habidas hasta hoy ha sido la historia de la lucha de clases.

Fritz Lang: Metropolis, 1927

Fritz Lang: Metropolis, 1927

Hombre libre y esclavo, patricio y plebeyo, barón y siervo de la gleba, maestro y oficial del gremio, en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron en perpetuo antagonismo, librando una lucha incesante, a veces encubierta y a veces franca, lucha que se saldó en cada caso con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o bien con el hundimiento conjunto de las clases enfrentadas.

En épocas anteriores de la historia hallamos en casi todas partes una completa articulación orgánica de la sociedad en diversos estamentos, una variada gradación jerárquica de las posiciones sociales. En la antigua Roma hallamos a los patricios, los caballeros, los plebeyos y los esclavos. En la Edad Media a los señores feudales, a los vasallos, a los maestros y oficiales gremiales y a los siervos de la gleba, aparte de que casi todas estas clases tienen su propia jerarquía interna.

La moderna sociedad burguesa, surgida de las ruinas de la sociedad feudal, no ha suprimido los antagonismos de clase. Lo único que ha hecho es establecer nuevas clases, nuevas condiciones de opresión y nuevas formas de lucha en substitución de las anteriores.

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, del antagonismo entre una clase dominante y una clase oprimida. Es el punto de vista dialéctico propio de las filosofías de Heráclito (la armonía de los contrarios) o Hegel (la tríada tesis-antítesis-síntesis).

Los antagonismos de clase que cita Marx dan cuenta de la lucha de clases en la Antigua Roma y la Edad Media. Tienen como característica común la existencia de varias clases sociales al tiempo y una rigurosa jerarquía dentro de cada capa social.

La sociedad burguesa, surgida del modo de producción capitalista, no ha eliminado la lucha de clases, sino que ha sustituido las antiguas clases por otras.

Estos cambios en las relaciones de producción (antagonismos de clase) son el producto del avance de las fuerzas productivas. El progreso histórico consiste en la sucesión de los diferentes modos de producción caracterizados por unas determinadas relaciones de producción: Grecia (hombre libre y esclavo), Roma (patricios y plebeyos), feudalismo (barón y siervo de la gleba), manufactura (maestro y oficial del gremio).

2. La época de la burguesía.

Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza, sin embargo, por el hecho de haber simplificado estos antagonismos de clase. Paso a paso, el conjunto de la sociedad se va escindiendo en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases directamente enfrentadas: la burguesía y el proletariado.

La sociedad burguesa ha reducido las clases a dos: burguesía, poseedora de los medios de producción, y proletariado, destinado a alquilar su fuerza su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

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De los siervos de la gleba medievales fueron surgiendo los pecheros de las primeras villas. A partir de éstos, fueron desarrollándose los primeros elementos de la burguesía.

La burguesía surge a partir de los siervos de la gleba que emigran a las ciudades. Se enriquecieron gracias a la artesanía y el comercio hasta que pudieron hacer frente a la antigua nobleza y tomar el poder político.

El descubrimiento de América y la circunnavegación de África abrieron nuevos caminos a la burguesía en ascenso. El mercado de las Indias Orientales y de la China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el aumento de los medios de cambio y de las mercancías en general dieron al comercio, a la navegación y a la industria un auge nunca visto y, con ello, un rápido desarrollo al elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.

De acuerdo al materialismo histórico, el paso de la sociedad feudal a la sociedad burguesa fue causado por el progreso de las fuerzas productivas, por el desarrollo científico y tecnológico. Marx menciona los descubrimientos geográficos que permiten el acceso a nuevas materias primas y el desarrollo del comercio.

El desarrollo de la historia se explica, por tanto, no en función de un Dios providente o la Naturaleza kantiana o la Idea o Espíritu de Hegel, sino como el producto del progreso de la base material de la sociedad, de las fuerzas productivas. Esta es la tesis básica que diferencia la filosofía de la historia propia del idealismo frente al materialismo histórico.

La hasta entonces imperante explotación feudal o gremial de la industria no podía ya satisfacer las necesidades que crecían con los nuevos mercados y hubo de ceder el puesto a la manufactura. Los maestros gremiales fueron desplazados por la clase media industrial. La división del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció dando paso a la división del trabajo dentro mismo de cada taller. Pero los mercados continuaron expandiéndose y las necesidades creciendo. La misma manufactura resultó ya insuficiente. El vapor y la maquinaria vinieron entonces a revolucionar la producción industrial y la manufactura tuvo que ceder el puesto a la gran industria moderna. El lugar de la clase media industrial lo ocuparon los millonarios de la industria, jefes de auténticos ejércitos fabriles, los burgueses modernos.

La industria artesanal no puede abastecer las necesidades de este desarrollo comercial y es sustituida por la manufactura. Esta se caracteriza principalmente por una mayor división del trabajo o especialización de los obreros.  La manufactura se desarrolla en Inglaterra y Holanda del s. XVI hasta principios del s. XVIII.

En el s. XVIII la manufactura es reemplazada por la revolución industrial debido al descubrimiento, entre otros, de una nueva fuente de energía, la máquina de vapor. Las posibilidades de la nueva industria provocaron una emigración masiva del campo a la ciudad. La gran industria requiere de enormes inversiones de capital, maquinaria y un ejército de trabajadores. Produjo un rápido enriquecimiento de la clase burguesa. Este esquema es típico de la evolución económica de China en las últimas décadas. Aquí tienes un fotograma de una de esas interminables fábricas chinas del documental Manufactured landscapes.

Manufactured landscapes (Bachwill, 2006).  http://www.imdb.com/title/tt0832903/

La gran industria ha creado el mercado mundial previamente preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial ha permitido un ingente desarrollo del comercio, la navegación y las comunicaciones por tierra. Este desarrollo ha repercutido, a su vez, en la ampliación de la industria. Y en la misma medida en que se ampliaban la industria y el comercio, la navegación y los ferrocarriles, se desarrollaba también la burguesía, aumentando sus capitales y desplazando a un segundo plano a todas las clases originarias de la Edad Media.

Vemos, pues, cómo también la burguesía moderna es el producto de un largo proceso de desarrollo, de una serie de transformaciones radicales de los modos de producción e intercambio. Cada una de estas fases de desarrollo de la burguesía iba de la mano del correspondiente progreso político. Estamento oprimido bajo la dominación de los señores feudales, asociada después en comunas armadas y con administración autónoma, república ciudadana independiente en unos sitios, tercer estado tributario de la monarquía en otros, fue más tarde, en la época de la manufactura, contrapeso frente a la nobleza en el seno de la monarquía estamentaria o absoluta; en todo caso, fundamento social de las grandes monarquías hasta que, finalmente, consiguió con su lucha establecer su dominación política exclusiva en el moderno estado representativo sobre las dos premisas de la gran industria y del mercado mundial.

El poder estatal moderno equivale al Consejo de Administración de los intereses generales del conjunto de la burguesía.

Como ya hemos dicho, la gran industria hizo desaparecer las clases sociales propias de la Edad Media, que fueron sustituidas por burguesía y proletariado.

Las nuevas relaciones de producción (burguesía/proletariado) fueron el producto de una evolución en los modos de producción. El progreso en la infraestructura y las relaciones de producción tuvo consecuencias a nivel político, es decir, en la superetructura. Las fases del desarrollo político de la burguesía fueron las siguientes: estamento oprimido dentro del modo de producción feudal, administración autónoma o tercer estado tributario de la monarquía durante la formación de las nuevas ciudades en el Renacimiento, contrapeso de la nobleza durante la época de la manufactura y, por fin, dominadora política en las monarquías constitucionales. Estas se caracterizan por proteger, ante todo, los intereses de la nueva clase dominante, es decir, la propiedad privada. Se caracterizaban, como la constitución republicana de Kant o la monarquía parlamentaria de Locke, por el sufragio censitario de modo que sólo los propietarios pudiesen votar. Aunque hoy día el sufragio sea universal lo único intocable en nuestra sociedad sigue siendo la propiedad privada. Se pueden recortar los presupuestos de Sanidad y Educación pero de ningún modo permitir que el sistema financiero quiebre.

Marx termina por concluir que  “el poder estatal moderno equivale al Consejo de Administración de los intereses generales del conjunto de la burguesía.” Desgraciadamente, nuestras democracias actuales son un buen ejemplo de la tesis de Marx: la política al servicio de la industria financiera. Aquí tienes a George Bush, el peor presidente que ha tenido los Estados Unidos, junto a Henry Paulson, ex-CEO de Goldman Sachs y el secretario del Tesoro que amañó el rescate a la industria financiera tras la crisis de 2008.

George Bush y Henry Paulson (ex-CEO de Goldman Sachs y Secretario del Tesoro de 2006 a 2009)… “el poder estatal moderno equivale al Consejo de Administración de los intereses generales del conjunto de la burguesía.”

3. La burguesía ha desempeñado un importantísimo papel revolucionario en la historia.

La burguesía ha desempeñado en la historia un papel eminentemente revolucionario.

“La burguesía ha desempeñado un papel extremadamente revolucionario en la historia”. A continuación Marx realiza un paradójico elogio de la burguesía. Recuerda que de acuerdo al materialismo histórico no es posible pasar a una sociedad posclasista hasta que no se consume el capitalismo. El papel de la burguesía es llevar a su extremo este modo de producción que, por sus contradicciones internas, terminará dando pasa a la sociedad ideal.

¿En qué han consistido los logros revolucionarios de la burguesía?

Donde quiera que haya llegado al poder, la burguesía ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Desgarró inexorablemente los abigarrados vínculos feudales que ataban al hombre a sus superiores naturales sin dejar entre los hombres otro vínculo que el del desnudo interés, el del implacable «pago en dinero contante». Ahogó en el agua helada de su cálculo egoísta los piadosos estremecimientos de la exaltación religiosa, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del burgués filisteo. Ha disuelto la dignidad personal en el valor de cambio y en el lugar de todas las innumerables libertades, bien adquiridas y escrituradas, ha establecido como única libertad la del libre comercio sin escrúpulo. En una palabra, la burguesía ha substituido la explotación envuelta en ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y adusta.

Ha reducido todos los valores y creencias medievales a uno solo sólo: el valor económico.  La explotación medieval estaba legitimada por una superestructura muy desarrollada que otorgaba el poder a la nobleza. Pero tras la revolución burguesa no cuentan ya para nada la caballerosidad, el culto religioso o la “sangre azul”.  La burguesía ha dinamitado ese conjunto de valores y ha dejado en pie sólo uno: el libre comercio. Este es suficiente para legitimar la explotación del hombre por el hombre. En este orden de cosas hay una escena muy significativa en la película Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) donde se puede observar cómo lo sagrado se ha degradado a mera mercancía. El protagonista decide convertirse al cristianismo y llega a casa con la compra:

Fotograma de Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) Primero se compra un crucifijo.

Fotograma de Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) A continuación un Nuevo Testamento..

Fotograma de Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) Una estampa kitsch de Jesús

Fotograma de Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) Y todo se mezcha con el pan de molde

Fotograma de Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986) …y la mayonesa.

La burguesía despojó de su halo de santidad a todas las actividades contempladas hasta entonces con piadoso temor como venerables, convirtiendo en sus sirvientes a sueldo al médico, al jurista, al cura, al poeta y al hombre de ciencia.

Los profesionales liberales como médico, jurista, cura, poeta y hombre de ciencia, antes respetados por sí mismos, se reconvierten en simples “asalariados” al servicio de la burguesía y la acumulación de capital. Piensa en las industrias farmacéuticas que combinan ciencia y medicina. Su objetivo no es descubrir nuevos medicamentos que salven a la humanidad sino la acumulación de capital, rendir cuentas a los accionistas. ¿Cuánto de lo que ves cuando entras en una farmacia es estrictamente necesario?

La burguesía arrancó el velo patético-sentimental que encubría las relaciones familiares reduciéndolas a una mera relación de dinero. La burguesía puso al descubierto que los alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media, hallaban su adecuado complemento en la más indolente haraganería .

Incluso aquello que consideramos más sagrado como las relaciones familiares se reducen a relaciones de dinero. Se respetan los lazos familiares si hay una herencia en juego. Los duelos entre caballeros luchando por el amor de una dama son expuestos como la máscara que oculta una vida ociosa y sin finalidad. Erasmo y Tomás Moro ya habían criticado esta otra cara del idealizado mundo medieval.

Todo lo dicho en los últimos párrafos se resume en una idea: los cambios en la infraestructura hicieron desaparecer una superestructura centenaria. La ideología, por tanto, cambia a medida que progresan las fuerzas productivas. Respecto a la ideología, la filosofía ha de desempeñar un papel crítico, es decir, desenmascarar las apariencias. Se establece entre la filosofía de Marx y la ideología una relación parecida a la que existía entre el interior y el exterior de la caverna en Platón y la minoría y la mayoría de edad en Kant.

Ella ha sido la primera en demostrar lo que la actividad humana es capaz de realizar, consumando obras prodigiosas totalmente distintas a las de las pirámides de Egipto, los acueductos romanos o las catedrales Góticas y llevando a cabo expediciones muy distintas a la Invasión de los Bárbaros o las Cruzadas.

La burguesía ha llevado a cabo obras prodigiosas que, a pesar de las apariencias, superan a las pirámides de Egipto o las catedrales góticas. La burguesía ha transformando el mundo en su totalidad. Resulta extraño la admiración y el entusiasmo que Marx muestra hacia los logros de la burguesía. Es ese peligroso optimismo ilustrado que luego pondrá en cuestión la Escuela de Frankfurt.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando de continuo los instrumentos de producción, las relaciones de producción y, consiguientemente, la totalidad de relaciones sociales. Las clases productivas anteriores tenían, por el contrario, como primera condición de su existencia el mantenimiento, sin variaciones, del viejo sistema de producción. La incesante transformación a fondo de la producción, la ininterrumpida conmoción de todo el sistema social, la inseguridad y el movimiento perpetuos son precisamente los rasgos característicos de la época de la burguesía respecto a las demás. Todas las relaciones rígidas y enmohecidas, con su acompañamiento de ideas y concepciones de venerable tradición, quedaron disueltas y las recién constituidas envejecen antes de adquirir consistencia. Todo cuanto era estamental y estable se esfuma; todo lo santo es profanado y los hombres se ven finalmente forzados a contemplar con prosaica frialdad su posición en la vida y sus relaciones interpersonales .

La burguesía no puede existir sino “revolucionando continuamente los instrumentos de producción”. ¿Por qué? En el modo de producción capitalista el objetivo es sólo uno, la acumulación de capital. Esto obliga a los empresarios a una competitividad extrema. En orden a destruir a la competencia se promueve el desarrollo tecnológico y se reducen al máximo los salarios y el valor de la mercancía. Obsérvese aquí que Marx no va más allá del idealismo y su “astucia de la razón“. Es decir, la llegada de la sociedad ideal estará precedida por el triunfo absoluto del capitalismo y este implica necesariamente llevar al extremo la explotación del hombre por el hombre. Es otra versión de la insociable sociabilidad kantiana. En cualquier caso, esta revolución perpetua de las fuerzas productivas, del progreso tecnológico, desmantela rápidamente todas las viejas relaciones sociales: todo lo que parecía sagrado como la monarquía o el poder religioso queda a expensas del poder económico.

La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta. En todas partes tiene que afincarse, echar raíces y establecer relaciones.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha imprimido un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Muy a pesar de los reaccionarios, ha privado a la industria de su base nacional. Antiquísimas industrias nacionales han sido ya arrasadas y otras lo son diariamente al verse desplazadas por otras nuevas cuya instalación resulta vital para todas las naciones civilizadas. Industrias éstas que no elaboran materias primas del país, sino originarias de las más lejanas zonas planetarias y cuyos productos no se consumen tan sólo en el propio país, sino en todos los continentes al mismo tiempo. En lugar de las viejas necesidades para cuya satisfacción bastaban los productos del país, surgen otras nuevas que exigen para su satisfacción los productos de los países y climas más exóticos. La vieja autarquía local y nacional y el aislamiento económico dejan paso a un comercio universal y a una universal interdependencia de las naciones. Y cuanto acontece en el plano de la producción material, resulta también aplicable a la cultural. Los productos culturales de las diferentes naciones se convierten en bien común. La estrechez y cortedad de miras nacionales se van haciendo imposibles con el tiempo y, a partir de las diferentes literaturas nacionales y locales, se va configurando una literatura universal.

“La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta”. Marx profetiza el mundo globalizado en el que vivimos. El modo de producción capitalista lleva a cabo la revolución cosmopolita ilustrada. La burguesía, cuyo único objetivo es acumular capital, necesita continuamente descubrir nuevos mercados donde colocar sus productos. A todas las naciones donde la burguesía llega con sus mercancías les ocurre lo mismo: no pueden competir con los nuevos precios y se ven obligados a desmantelar sus industrias centenarias y sus antiguos modos de vida. Los países dejan de estar aislados y se establece entre ellos una interdependencia económica. Esta globalización económica se traslada incluso al ámbito de la cultura: Marx habla de la desaparición de las literaturas nacionales en favor de una literatura universal.

No importan las vidas humanas ni los países que sea necesario destruir para llevar a término la consumación del capitalismo. Las tropelías del Imperio Británico en la India no eran evaluadas negativamente por Marx sino, al contrario, como un momento necesario para la consolidación del capitalismo. Sólo cuando este llegue a su madurez será posible la sociedad posclasista. Las atrocidades de la Historia se justifican en orden a un Bien futuro. Es la misma soberbia de la filosofía de la historia idealista, el talón de Aquiles del materialismo histórico.

Con el rápido perfeccionamiento de todo el utillaje productivo y la ilimitada mejora de las comunicaciones, la burguesía arrastra a la civilización a todas las naciones, incluidas las más bárbaras. La baratura de sus mercancías constituye la artillería pesada con la que arrasa todas las murallas chinas e impone la capitulación a los bárbaros de más obstinada xenofobia. Fuerza a todas las naciones a hacer suyo el sistema de producción burgués, salvo que prefieran su propia ruina. Las obliga a adoptar para sí mismas la llamada civilización, es decir, a convertirse en burguesas. En una palabra, la burguesía se crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.

“La burguesía se crea un mundo hecho a su imagen y semejanza”. Ninguna nación puede competir con los bajos precios de la mercancía generada por el modo de producción capitalista. Todos los países tienen que doblegarse ante el imparable empuje de esta revolución económica y adoptar todo un nuevo modo de vida. Las multinacionales son los nuevos dioses de hojalata.

Desgraciadamente, durante los dos últimos siglos hemos pensado que el modo de producción capitalista iría necesariamente acompañado por una superestructura democrática, respetuosa con las libertades y derechos fundamentales de los individuos. Sin embargo, el reciente éxito del capitalismo en China ha demostrado la falsedad de lo anterior.

tumblr_nf3x90QI7G1rvtvymo1_1280El capitalismo puede funcionar a la perfección con una superestructura donde no se respeten los derechos humanos y el modo de gobierno sea una tiranía. El capitalismo ha prosperado en China mejor de lo que lo había hecho en Occidente, que ha sido invadido por “la baratura de sus mercancías” orientales. ¿Tendrá Occidente también que renunciar a sus ideales democráticos, a su soñado Estado del Bienestar?

En apoyo a esta tesis no está de más citar el blog de Rosa María Artal, el periscopio. El economista jefe del Banco Mundial ha encontrado la solución para la crisis en España:

Pues bien, su economista jefe para Europa y Asia, Indermit Gill, ha encontrado la solución:  España “ha de acercarse al modelo de protección social de EEUU”, muy inferior al europeo, y ha de liberalizar su mercado de trabajo al estilo de los países asiáticos emergentes, “trabajando más horas, con menos salario y jubilándose más tarde, para no dejar una pesada carga a las generaciones futuras”. Mientras, los ricos no pagan impuestos, lo que, como dice Krugman, resulta indefendible.

O, para concluir, como diría Forges:

La nueva FP según Forges. Viñeta publicada en elpais.com el 3/2/2012

III. Bibliografía

  1. Marx-Engels: El manifiesto comunista. Anselmo Sanjuan (ed.) Madrid: Alhambra, 1986, pp. 48-56. (para mayor claridad cito la edición didáctica de la editorial Alhambra)
  2. Marx-Engels: El manifiesto comunista. José Vicente Borja Caballer, Joan Pau Cimarro Ramasco, Xavier Jorge Alapont (ed.) Valencia: Diálogo, 2000.
  3. John Lanchester:  ¡Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar. Marco Aurelio Galmarini (tr.) Barcelona: Anagrama, 2010.

10 replies »

    • Hola José Ángel, la verdad es que es un texto que da mucho juego.

      La actualidad económica le da la razón a Marx en dos temas esenciales: la globalización económica y el sometimiento del poder político al financiero.

      Pero, al mismo tiempo, pone al descubierto las debilidades del materialismo histórico, debilidades heredadas de la filosofía de la historia del idealismo: la legitimación del mal en orden a un bien futuro que nunca llega.

      Me alegra que te haya gustado el enfoque.

      Un saludo.

      Me gusta

  1. Hoy la economía parece la nueva religión. Si esta última usaba “el pecado” para dar miedo a sus seguidores, la primera tiene más recursos: la prima de riesgo es sólo uno que permite cualquier maniobra opresiva.
    Saludos.

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  2. Buenas Eugenio!
    En el examen de selectividad de este año de Extremadura en la pregunta 1 de Marx con que lo relacionarías con el materialismo histórico o con la revolución al proletariado? Y si me puedes decir el de Platón también me vendría bien. Gracias

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  3. Siento disentir:

    La burguesía ha llevado a cabo obras prodigiosas que, a pesar de las apariencias, superan a las pirámides de Egipto o las catedrales góticas. La burguesía ha transformando el mundo en su totalidad. Resulta extraño la admiración y el entusiasmo que Marx muestra hacia los logros de la burguesía. Es ese peligroso optimismo ilustrado que luego pondrá en cuestión la Escuela de Frankfurt.

    Y

    No importan las vidas humanas ni los países que sea necesario destruir para llevar a término la consumación del capitalismo. Las tropelías del Imperio Británico en la India no eran evaluadas negativamente por Marx sino, al contrario, como un momento necesario para la consolidación del capitalismo.

    Creo que Marx apreciaba el avance espectacular de la burguesía destruyendo los antiguos valores ( religiosos o nobles). En este sentido sería como el león negador de Nietzsche, una clase rebelde, una clase que dice no camusianamente jejeje. Pero creo que ese avance espectacular ofrece una espalda negra que el percibe perfectamente: la destrucción de esos valores nos lleva a la afirmación de un único valor: el dinero. Y todas las tropelías que de ello se deriva ( y que vemos a diario en los telediarios). Me cuesta creer que a Marx, humanista como yo le considero, esperara el crecimiento total del capitalismo y si desarrollo histórico final para ver ser su colapso subsiguiente. Y la filosofía de la praxis y el trabajo como acción revolucionaria para inmiscuirse en el desarrollo de la historia?

    Saludos

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    • Hola Anónimo,

      el principio de esa discusión es el agrio debate de Marx con el socialismo utópico. Para marcar distancias con Proudhon, Marx dice que lo suyo es pura ciencia y, en tono muy hegeliano y poco marxista, que el capitalismo lleva dentro de sí su propia negación que se desplegará cuando llegue a su clímax como si del monstruo Alien se tratase.

      Creo, como tú, que Marx está más cerca del humanismo y la acción revolucionaria de lo que a veces deja entrever. Fueron mucho los fracasos y lo cierto es que El Capital se presenta a sí mismo como una obra estructuralista 100%.

      Saludos.

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