Historia de la filosofía (Canarias-2014)

Texto PAU Aristóteles: Política

Aristóteles: Política, Libro I, Capítulos 1,2 y 3, Alianza Editorial, Madrid 2009, pp. 45-50.

Capítulo 1

Ya que vemos que cualquier ciudad es una cierta comunidad, también que toda comunidad está constituida con miras a algún bien (por algo, pues, que les parece bueno obran todos en todos los actos) es evidente. Así que todas las comunidades pretenden como fin algún bien; pero sobre todo pretende el bien superior la que es superior y comprende a las demás. Esta es la que llamamos ciudad y comunidad cívica.

Cuantos opinan que es lo mismo regir una ciudad, un reino, una familia y un patrimonio con siervos no dicen bien. Creen, pues, que cada una de estas realidades se diferencia de las demás por su mayor o menor dimensión, pero no por su propia especie. Como si uno, por gobernar a unos pocos, fuera amo de una casa; si a más, administrador de un dominio; si a más aún, rey o magistrado; en la idea de que en nada difiere una casa grande y una ciudad pequeña ni un rey y un gobernante político, sino que cuando uno ejerce el mando a título personal resulta un rey, y cuando lo hace según las normas de un arte peculiar, siendo en parte gobernante y gobernado, es un político. Pero eso no es verdad. Y lo que afirmo será evidente al examinar la cuestión con el método que proponemos. De la misma manera como en los demás objetos es necesario dividir el compuesto hasta sus ingredientes simples (puesto que éstos son las partes mínimas del conjunto), así también vamos a ver, al examinar la ciudad, de qué elementos se compone. Y luego, al analizarlos, en qué difieren unos de otros, y si cabe recoger alguna precisión científica sobre cada uno de los temas tratados.

La ciudad pretende el bien superior y es diferente del resto de las comunidades.

Cualquier comunidad existe con miras a algún bien que es su fin. Pero aquella que pretende el bien superior es la Ciudad – Estado (la polis de la Grecia clásica).

Algunos opinan que es lo mismo dirigir un reino que una familia, y que ese gobierno sólo se diferencia en la cantidad de gente a quien hay que ordenar: más en el reino y menos en la familia. Pero Aristóteles dice que se equivocan: regir una ciudad no es lo mismo que regir otras comunidades. Y para demostrarlo nos pide que le sigamos según su método, que consiste en dividir el compuesto (los diversos sistemas políticos) hasta sus partes más simples para luego analizarlos y ver en qué se diferencian.

Capítulo 2

Si uno presta atención desde un comienzo al desarrollo natural de los seres, podrá observar también este problema, como los otros, del mejor modo.

En primer lugar es necesario que se emparejen los seres que no pueden subsistir uno sin otro; por ejemplo, la hembra y el macho, con vistas a la generación. (Y esto no en virtud de una previa elección, sino que, como en el resto de animales y plantas, es natural el impulso a dejar tras de sí a otro individuo semejante a uno mismo). O, por ejemplo, lo que por naturaleza domina y lo dominado, para su supervivencia. Porque el que es capaz de previsión con su inteligencia es gobernante por naturaleza y un jefe natural. En cambio, el que es capaz de realizar las cosas con su cuerpo es súbdito y esclavo, también por naturaleza. Por tal razón amo y esclavo tienen una conveniencia común.

De tal modo, por naturaleza, están definidos la mujer y el esclavo. (La naturaleza no hace nada precariamente, como hicieran los forjadores el cuchillo de Delfos, sino cada cosa con una única finalidad. Así como cada órgano puede cumplir su función de la mejor manera cuando no se le somete a varias actividades, sino a una sola). Entre los bárbaros la mujer y el esclavo ocupan el mismo rango. La causa de esto es que carecen del elemento gobernante por naturaleza. Así que su comunidad resulta de esclavo y esclava. Por eso dicen los poetas:

“Justo es que los griegos manden a los bárbaros”, como si por naturaleza fuera lo mismo bárbaro y esclavo.

De las dos comunidades, la originaria es la casa familiar, y bien lo dijo Hesíodo en su poema:

“Ante todo, casa, mujer y buey de labranza”.

Porque el buey hace las veces de criado para los pobres. La familia es la comunidad, constituida por naturaleza, para satisfacción de lo cotidiano, por lo que Carondas llama “compañeros de panera”, y Epiménides de Creta, “los del mismo comedero”.

La ciudad es la comunidad, procedente de varias aldeas, perfecta, ya que posee, para decirlo de una vez, la conclusión de la autosuficiencia total, y que tiene su origen en la urgencia del vivir, pero subsiste para el vivir bien. Así que toda ciudad existe por naturaleza, del mismo modo que las comunidades originarias. Ella es la finalidad de aquéllas, y la naturaleza es finalidad. Lo que cada ser es, después de cumplirse el desarrollo, eso decimos que es su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de una casa. Además, la causa final y la perfección es lo mejor. Y la autosuficiencia es la perfección, y óptima.

Por lo tanto, está claro que la ciudad es una de las cosas naturales y que el hombre es, por naturaleza, un animal cívico. Y el enemigo de la sociedad ciudadana es, por naturaleza, y no por casualidad, o bien un ser inferior o más que un hombre. Como aquel al que recrimina Homero: “sin fratría, sin ley, sin hogar”. Al mismo tiempo, semejante individuo es, por naturaleza, un apasionado de la guerra, como una pieza suelta en un juego de damas.

La razón de que el hombre sea un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario, es clara. La naturaleza, pues, como decimos, no hace nada en vano. Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que por su naturaleza ha alcanzado hasta tener sensación del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros). En cambio, la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones. La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y la ciudad.

Es decir, que, por naturaleza, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros. Ya que el conjunto es necesariamente anterior a la parte. Pues si se destruye el conjunto ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede llamar mano a una piedra. Eso será como una mano sin vida. Todas las cosas se definen por su actividad y su capacidad funcional, de modo que cuando éstas dejan de existir no se puede decir que sean las mismas cosas, sino homónimas. Así que está claro que la ciudad es por naturaleza y es anterior a cada uno. Porque si cada individuo, por separado, no es autosuficiente, se encontrará, como las demás partes, en función a su conjunto. Y el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino como una bestia o un dios.

En todo existe, por naturaleza, el impulso hacia tal comunidad; pero el primero en establecerla fue el causante de los mayores beneficios. Pues así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos.

La injusticia es más feroz cuando posee armas, y el hombre se hace naturalmente con armas al servicio de su sensatez y su virtud; pero puede utilizarlas precisamente para las cosas opuestas. Por eso, sin virtud, es el animal más impío y más salvaje, y el peor en su sexualidad y su voracidad. La justicia, en cambio, es algo social, como que la justicia es el orden de la sociedad cívica, y la virtud de la justicia consiste en la apreciación de lo justo.

Naturaleza inferior de la mujer, el esclavo y el bárbaro: necesitan ser gobernados.

A partir de la observación de los distintos seres vivos se puede concluir que la “hembra” y el “macho” es necesario que se unan para la procreación. Esta unión se fundamenta en que el “macho” es gobernante por naturaleza y un jefe natural, mientras que la hembra, al igual que el esclavo o el bárbaro, sólo es capaz de realizar las cosas con su cuerpo. Continúa Aristóteles exponiendo ideas heredadas de Platón: cada cosa en la naturaleza tiene una finalidad que es al mismo tiempo su esencia, así, la mujer y el esclavo.

La ciudad es causa final: perfección.

De la unión de varias aldeas, en forma de una comunidad mayor, que se basta a sí misma, surge la Ciudad – Estado. El Estado aparece simplemente para el logro de los fines de la vida, pero sigue existiendo en razón del buen vivir, y Aristóteles recalca que el Estado se diferencia de la familia, no sólo cuantitativa sino cualitativamente. Sólo en el Estado el hombre puede vivir feliz en un sentido pleno, y como el vivir bien es el fin natural del hombre, al Estado ha de llamársele sociedad natural. La ciudad es causa final y perfección. Esto se opone a las creencias de los sofistas de que el Estado es una convención. Quien no puede vivir en el Estado es un animal o un dios, puesto que vivir en sociedad pertenece a la naturaleza humana, es su finalidad.

La palabra demuestra que el hombre ha nacido para vivir en sociedad. Teoría organicista del estado. Equívoco, homónimo.

El don del habla muestra con claridad que la naturaleza destinó al hombre a la vida social, y la vida social, en su forma específicamente completa, es la vida del Estado. Este es primero que la familia y el individuo porque mientras el Estado es un todo autosuficiente, ni el individuo ni la familia lo son. Al hilo de ésto expone Aristóteles una teoría organicista del Estado semejante a la de Platón: el Estado es anterior al individuo del mismo modo que el todo es primero y anterior que la parte. Aristóteles compara al Estado con un cuerpo donde la vida de pies y manos dependen del todo. Así, cuando un cuerpo se destruye ya no podemos llamar “mano” a la mano pues lo que define a algo es su función (su causa final) y esa función viene determinada por el conjunto, en este caso, el cuerpo. Por tanto, en el caso de que el cuerpo se destruya sólo podríamos llamar a la mano “mano” de forma equívoca u homónima. Homónimas son dos cosas de naturaleza totalmente distinta tienen el mismo nombre: en el caso del cuerpo, una mano muerta y una mano viva. Del mismo modo un hombre que viva fuera del Estado tampoco puede ser llamado hombre a no ser de forma equívoca. Tal hombre será más bien una bestia o un dios.

La justicia es el orden en la sociedad cívica y, por ello, el hombre ha de defenderla con armas pues, en caso de vivir fuera de ella, se convierte en el peor de los animales.

Capítulo 3

Después de dejar claro de qué partes está constituida la ciudad hay que hablar en primer término de la administración de la casa, porque toda ciudad está compuesta por casas. Las partes de la administración son las correspondientes a las partes que constituyen la casa. Y la casa completa se compone de libres y de esclavos. Puesto que hay que examinar cada cosa primeramente en sus componentes menores, y las partes primeras y mínimas de una casa son el señor y el esclavo, el marido y la esposa, y el padre y los hijos, hay que investigar respecto de estas tres relaciones qué es cada una de ellas y cómo deben ser. Son, pues, la relación heril, la matrimonial (el emparejamiento de hombre y mujer carece de una denominación propia), y en tercer lugar, la procreadora (que tampoco se denomina con un vocablo específico). Queden pues, las tres como las hemos llamado.

Hay otro componente, que para unos se identifica con la administración de la casa y para otros es la parte más importante de la misma. Como sea, habrá que estudiarlo. Me refiero a la llamada crematística.

En primer lugar hablemos del amo y del esclavo, para observar lo relativo a este servicio necesario, por si podemos aprehender algo mejor que las nociones ahora corrientes. A algunos les parece que tal dominación supone una cierta ciencia, y que la administración de una casa, y la potestad señorial, y la política, y la monárquica son lo mismo, como dijimos al comienzo. Para otros tal dominación es un hecho contrario a la naturaleza, pues sólo por convención sería esclavo el uno y señor el otro, pero en nada diferirían por su naturaleza. Por esta razón tampoco sería cosa justa, sino un hecho de violencia.

En la casa hay tres relaciones primeras: amo-esclavo (heril), marido-esposa, y padre-hijo.

Algunos cuestionan que los esclavos y las esposas necesiten ser dominados por su naturaleza más débil. Para algunos es sólo cuestión de convención.

8 replies »

  1. Yo quiero repetir la pau este año, y me han dicho que se han cambiado varias cosas como el añadir el término alma en aristóteles y cambiado textos de algunos autores, podrías decirme si esta página está actualizada de cara a la pau de este año 2012? en caso de que no, cuáles han sido esos cambios? muchas gracias

    • Lo importante no es saber los fragmentos que pueden caer sino dominar la técnica del comentario de texto. Saber leer y extraer las ideas principales y expresarlas por escrito de un modo claro y bien argumentado. Imagina que tienes que hacer un examen oral de inglés y te dan un listado de 100 temas. ¿Podrías memorizar una parrafada para cada uno? ¿No sería mejor aprender simplemente a “hablar inglés”?

      Un saludo.

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