Diario de lecturas

Llamamiento y otros fogonazos

llamamiento

Llamamiento y otros fogonazos. Ramón Vilatovà y Alida Díaz (tr.) Acuarela & Antonio Machado, 2009.
 
Llamamiento y otros fogonazos son un conjunto de escritos políticos sin autor reconocido pero asociados a la revista Tiqqun y el Comite Invisible.

El volumen se abre con dos fogonazos. El primero es el artículo Y la guerra apenas ha comenzado que contiene algunas sentencias para reflexionar.

Está el electrodo Tele, por supuesto, pero también el electrodo Dinero, el electrodo Farmacéutica y el electrodo Jovencita. Por medio de estos miles, estos millones de electrodos, de naturaleza tan diversa que he renunciado a contarlos, se mantiene el encefalograma plano de la metrópolis imperial. (p. 12)

Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacen a este mundo como niños perdidos. (p. 13)

Aquí prevalece la regla del no-actuar, que se expresa así: la fecundidad de la acción verdadera reside en el interior de ella misma; podría decirlo de otro modo, podría decir: la acción verdadera no es un proyecto que uno realiza, sino un proceso al cual uno se abandona (p. 14)

A continuación sigue otro fogonazo, El gran juego de la guerra civil, que expone cuáles son las reglas reales en esta guerra civil invisible que libramos cada día. Merece la pena recordar lo más esencial:

REGLA N.° 4

Para vosotros el juego consistirá en huir o, al menos, en intentarlo. Huir significa: superar vuestro estado de dependencia. Lo cierto es que por ahora dependéis de nosotros en todos los aspectos de vuestra vida. Coméis lo que nosotros producimos, respiráis lo que nosotros contaminamos, el menor resfriado os pone a nuestra merced y, sobre todo, no podéis nada contra el poder de nuestra policía…

REGLA N.° 5
No lograréis huir solos. Por lo tanto, para comenzar precisaréis constituir las solidaridades necesarias. Para complicar el juego, hemos liquidado toda forma de sociabilidad autónoma. No hemos dejado subsistir más que el trabajo: la sociabilidad bajo control.

REGLA N.° 6
…cada uno de vosotros es también un criminal en potencia. Por eso es conveniente que conservemos la lista de números a los que habéis llamado desde vuestro teléfono, que vuestros móviles nos permitan localizaros en todo momento y que gracias a vuestra tarjeta de crédito podamos conocer vuestros hábitos.

REGLA N.° 8
Somos muy conscientes de que la vida en las filas de nuestra sociedad contiene tanta alegría como un trayecto en el tren de cercanías; que el capitalismo no ha producido hasta hoy, en materia de riqueza, más que una universal desolación; que nuestro orden carcomido no tiene más argumentos que las armas que lo protegen. Pero qué queréis: ¡es así! Os hemos desarmado mentalmente, físicamente; y ahora detentamos el monopolio de aquello que os prohibimos: la violencia, las complicidades y la posibilidad de aparición.

(pp. 23-25)

El grueso del volumen lo compone el breve ensayo titulado Llamamiento (2003). Es aquí donde están presentes tanto Spinoza como Deleuze. Estructurado al modo de la Ética, en proposiciones y escolios, cito algunos textos significativos:

Proposición I
(…) Frente a la evidencia de la catástrofe, están los que se indignan y los que toman nota, los que denuncian y los que se organizan.
Estamos del lado de los que se organizan.
(p. 29)

Personalmente estoy del lado de los que toman nota.

Escolio
Pero lo sorprendente, a estas alturas, no son las arrogancias del imperio sino más bien la debilidad del contraataque. Es como una colosal parálisis. (…) Decimos que esta época es un desierto y que este desierto se profundiza sin cesar. (…) El imperio no es una especie de entidad supra-terrestre, una conspiración planetaria de gobiernos, de redes financieras, de tecnócratas y multinacionales. El imperio está allí donde no pasa nada. En cualquier sitio donde esto funciona. Ahí donde reina la situación normal. (…) Se reproduce, bajo el pretexto de “alternativa”, la peor de las relaciones dominantes. La lucha contra la mercancía se convierte en un producto. Nacen las autoridades de la lucha anti-autoritaria… (pp. 31-37)

Proposición II
…No impugnamos nada, no reivindicamos nada. Nos constituimos en fuerza, en fuerza material, en fuerza material autónoma en el seno de la guerra civil mundial. (p. 39)

Escolio
… la política clásica es parte del desierto. (…) La victoria se consigue cada vez que el militante, al final de una dura jornada de “trabajo político”, se desploma frente a una película de acción.(p. 43)

Proposición III
Los que quisieran responder a la urgencia de la situación con la urgencia de su reacción no hacen más que alimentar la asfixia. (p. 47)

Escolio
Hemos sentido, sentimos aún, la tentación del activismo.

Las contra-cumbres, las campañas contra las expulsiones, contra las legislaciones de excepción, contra la construcción de nuevas cárceles, las ocupaciones, los campamentos No Border; la sucesión de todo eso. La progresiva dispersión de los colectivos como respuesta a la dispersión de la actividad.

Correr tras los movimientos.

Uno tras otro, sólo poder sentir su potencia al precio de retornar cada vez a la misma impotencia de fondo. Pagar cara cada campaña. Dejando que consuma toda nuestra energía disponible. Para después lanzarnos a la siguiente, cada vez más ahogados, más agotados, más desolados. (p. 49)

Proposición IV
Situamos el punto de no retorno, la salida del desierto, el fin del Capital en (…) la construcción de mundos compartidos, de la puesta en común de medios efectivos. (p. 57)

Escolio
La libertad de pensamiento del individuo privado debe ser total, su libertad de expresarlo debe serlo en principio también, pero este no debe desear las consecuencias de su pensamiento en lo que concierne a la vida colectiva.
El liberalismo quizás haya inventado al individuo, pero lo inventó ya mutilado. El individuo liberal, cuya mejor expresión en la actualidad se encuentra en los movimientos pacifistas y ciudadanos, es ese ser conminado a preservar su libertad en la exacta medida en que esta libertad no comprometa a nada y no pretenda sobre todo imponerse a los demás. (…)
La obsesión de los fundadores del liberalismo fue la eliminación de las sectas, Cualquier experiencia colectiva fuera de control. (pp. 59-62)

La Proposición V y los comentarios que la acompañan son una apropiación adecuada de Deleuze y Spinoza como estrategas esenciales de la guerra civil invisible que libramos:

Proposición V

(…) Nada es malo salvo lo que perjudica el desarrollo de nuestra potencia.
Pertenece a esta resolución dejar de distinguir entre economía y política. (p. 67)

Escolio
En Europa, la integración de las formas de organización obrera en el aparato de gestión estatal -fundamento de la socialdemocracia- se pagó con la renuncia a asumir la más mínima capacidad de ataque (…) Y el punto culminante se alcanzó cuando los sindicalistas denunciaron el recurso a la violencia clamando a quien quisiera oírlos que colaborarían con la policía para controlar a los que rompiesen lunas de comercios o bancos.

Nuestra estrategia es pues la siguiente: establecer aquí y ahora un conjunto de focos de deserción, de polos de secesión, de puntos de reunión. Para los que se fugan. Para los que parten. Un conjunto de lugares donde sustraerse al imperio de una civilización que camina hacia el precipicio.

Se trata de darse los medios, encontrar la escala en la que puedan resolverse una serie de cuestiones que, planteadas individualmente, nos sumen en la depresión. ¿Cómo deshacerse de las dependencias que nos debilitan? ¿Cómo organizarse para dejar de trabajar? ¿Cómo establecerse fuera de la toxicidad de las metrópolis sin, por otro lado, “irse al campo”? ¿Cómo detener las centrales nucleares? ¿Cómo hacer para no verse forjado a recurrir al triturador psiquiátrico cuando un amigo se vuelve loco, ni a los medicamentos burdos de la medicina mecanicista cuando se pone enfermo? ¿Cómo vivir juntos sin aplastarse mutuamente? ¿Cómo acoger la muerte de un camarada? ¿Cómo arruinar al imperio?

Conocemos nuestra debilidad: hemos nacido y hemos crecido en sociedades pacificadas, en estado de disolución. No hemos tenido ocasión de adquirir la consistencia que dan los momentos de intensa confrontación colectiva. Ni los saberes a ellos asociados. Tenemos una educación política que madurar conjuntamente. Una educación teórica y práctica.

Para eso necesitamos lugares. Lugares donde organizarnos, donde compartir y desarrollar las técnicas requeridas. Donde ejercitarnos en el manejo de todo lo que pueda revelarse necesario. Donde cooperar.

No hay cuestión moral en el modo como nos procuramos nuestros medios de vivir y de luchar, sino una cuestión táctica sobre los medios que nos damos y el uso que hacemos de ellos.

(…)

“La manifestación del capitalismo en nuestras vidas es la tristeza”, decía una amiga.

Se trata de establecer las condiciones materiales de una disponibilidad compartida al goce. (pp. 69-76)

Proposición VI
Por un lado, queremos vivir el comunismo;
Por el otro, queremos propagar la anarquía. (p. 77)

Escolio

Visto más de cerca, el Partido podría no ser más que lo siguiente: la constitución en fuerza de una sensibilidad. El despliegue de un archipiélago de mundos. ¿Qué sería, bajo el imperio, una fuerza política que careciese de sus granjas, sus escuelas, sus armas, sus medicinas, sus casas colectivas, sus mesas de montaje, sus imprentas, sus camionetas y sus cabezas de puente en las metrópolis? Nos parece cada vez más absurdo que algunos de entre nosotros se vean todavía obligados a trabajar para el Capital —fuera de las diversas tareas de infiltración, por supuesto.
El capitalismo ha consistido en la reducción en última instancia de todas las relaciones a relaciones de producción. De la empresa a la familia, el mismo consumo aparece como un episodio más de la producción general, de la producción de sociedad.
El derrocamiento del capitalismo vendrá de aquellos que consigan crear las condiciones para otros tipos de relaciones.
En esto el comunismo del que hablamos se opone, punto por punto, a lo que SE ha llamado “comunismo” y que no fue en gran medida más que socialismo, capitalismo monopolista de Estado.
El comunismo no consiste en la elaboración de nuevas relaciones de producción, consiste más bien en su abolición. (…)

¿Quién puede decir que armarse no forma parte de la constitución material de una colectividad? (pp. 83-85)

Proposición VII
El comunismo es posible en todo momento. Lo que llamamos “Historia” no es al día de hoy más que el conjunto de tergiversaciones inventadas por los humanos para conjurarlo. (p. 87)

Escolio
En el momento en que escribimos esto, en agosto de 2003, podemos afirmar que nos enfrentamos a la mayor ofensiva del Capital de las últimas dos décadas. El antiterrorismo y la supresión de las últimas garantías conquistadas en otros tiempos por el difunto movimiento obrero dan el tono de la tentativa generalizada de meter en vereda a la población. Jamás los gestores de la sociedad han sabido tan bien como ahora de qué obstáculos se han librado y qué medios tienen a su disposición. Saben, por ejemplo, que la pequeña burguesía planetaria que ya puebla las metrópolis está suficientemente desarmada como para no ofrecer la menor resistencia a su aniquilamiento programado.

En 2003 ya veían venir la posibilidad del golpe de estado económico que ha sufrido la clase media en Occidente a partir de 2008.

Periódicamente la izquierda es derrotada. Eso nos divierte pero no es suficiente. Su derrota, la queremos definitiva. Sin remedio. Que nunca jamás el espectro de una oposición conciliable revolotee en el espíritu de aquellos que se saben inadecuados al funcionamiento capitalista. La izquierda -y esto lo admite hoy en día todo el mundo, aunque ¿nos acordaremos de ello pasado mañana?- forma parte de los dispositivos de neutralización de la sociedad liberal. Cuanto más se verifica la implosión de lo social, más invoca la izquierda “la sociedad civil”. Cuanto más actúa impune y arbitrariamente la policía, más se declara pacifista. Cuanto más se libera el Estado de las últimas formalidades jurídicas, más ciudadana se proclama. Cuanto más crece la urgencia de apropiación de los medios necesarios para nuestra existencia, más nos exhorta a esperar, a reclamar la mediación, incluso la protección, de nuestros amos. (pp. 90-92)

A Llamamiento le sigue otro fogonazo, El bello infierno dedicado a la crítica de la estética. Estética y capital se han aliado para anestesiar a la población mediante lo bello. Vivimos en el reino de la publicidad, realización última de El programa más antiguo del idealismo alemán.

La estética es la forma que toma la fusión aparente del capital y de la vida en la metrópolis. Si en adelante la valorización sólo puede encontrar su última ratio en el hecho de que una cosa o un ser gustan, el poder, que ya no logra justificar sus manejos mediante referencia alguna a la verdad o a la justicia, pasa a disponer de la más absoluta libertad de acción desde el momento en que se cubre con la máscara de la estética. (p. 104)

Y luego está ese manifiesto anónimo, alternativamente atribuido a Schelling, Hegel y Hölderlin, conocido con el nombre de El programa sistemático más antiguo del idealismo alemán, en el que se lee:

La filosofía del espíritu es una filosofía estética. No se puede poseer espíritu alguno, incluso para ratonar sobre la historia, sin poseer sentido estético […] Al mismo tiempo vuelve la idea de que la gran masa debería tener una religión sensible […] ¡Reinarán entonces la libertad y la igualdad universal de los espíritus! Un espíritu superior, enviado del cielo, debe fundar esta nueva religión entre nosotros; ella será la última, la más grande obra de la humanidad.

Esta nueva religión, esta religión sensible ha encontrado su cumplimiento en esta época del design, del urbanismo, de la biopolítica y de la publicidad. Esta nueva religión no es otra que el capital en su fase imperial. (p. 109)

Paradójicamente, el reino de la estética es, antes que nada, el reino de la anestesia general. Ya no se ve, sólo se reconoce. La época imperial consiste pues en una metódica conjuración de lo mesiánico. Es el tiempo de la cita, de la referencia, de la prudencia existencial. Todas las formas de vida se mantienen a raya: son posibilidades, arte, historia, pasado. (p. 113)

La estética consigue por sus propios medios realizar la imposibilidad de uso contenida en toda mercancía, logrando convertirla, tras una vitrina o en el corazón de una instalación, en un puro valor de exposición. Últimamente, el programa estético aspira a la extensión de esta escisión en el hombre mismo, pretende incorporarle el dispositivo, convirtiéndole en usuario de sí-mismo. Se comprende perfectamente por qué la disposición biopolítica a aprehenderse como cuerpo, o la espectacular a contemplarse como imagen, conspiran para hacer de nosotros los usuarios de nosotros mismos. Conspiran para hacer de nosotros meros sujetos estéticos. (p. 117)

Siguen otros dos fogonazos, Comunicados del Comité de Ocupación de la Sorbona en el Exilio (COSE) y A un amigo (Algunos agentes del Partido Imaginario).

El volumen se completa con un debate más reciente en el que se contextualiza Llamamiento en una realidad más cercana.

Llamamiento es, en mi opinión, la otra verdad que se debe enseñar.

P. D.: Gracias a Andrés por la recomendación. Llamamiento me ha parecido un texto mucho más sólido que La insurrección que viene. No sé muy bien por qué. Leo y releo. Memorizo.

3 replies »

  1. Siempre tengo la impresión con esta clase de libros que, o bien están rematadamente locos, o que tienen razón en (casi) todo lo que dicen. Me suenan muy mesiánicos y creo que forma parte del libro, quiero decir, es su intención – el aspecto enigmático, oscuro y a veces asustadizo para el lector.

    Desde luego, no puedes pasar por encima sin darle unas cuantas vueltas a la cabeza.

    Un saludo

  2. Buenas tardes!
    hacía mucho que no pasaba por el blog…y qué grata sorpresa me he llevado con la reseña de “Llamamiento…”. Bueno, estoy de acuerdo con Fran, aunque cambiaría lo de “están rematadamente locos, O que tienen razón en (casi) todo lo que dicen.” por “están rematadamente locos, Y que tienen razón en (casi) todo lo que dicen”.
    Ahora más en serio: supongo que, agonizando la posmodernidad canónica (y el –para mi gusto–insufrible Derrida) y con el proyecto de la modernidad (y Habermas) en paradero desconocido, es como si hubiese vuelto la edad media.O mejor aún: si en algún momento dejamos que el New Age y otras prácticas y costumbres tuviesen “el mismo valor” que el discurso moderno “tradicional” la puerta hacia las sectas, en sentido antiguo (como pequeñas escuelas de pensamiento radical, según Vaneigem) está abierta. Y los desencantados, los excluidos y marginados no tardarían en presentar su propuesta. Y aquí está: vivimos en el final de los tiempos, en una era mesiánica con algunos puntos en común con el medievo ¿Se acaba el mundo? No más que de costumbre ¿Hay brechas lo suficientemente grandes como para cuestionar el proyecto del Estado moderno? A mi entender, y al del comité invisible, parece que sí.
    Estupenda reseña, gracias por compartir.
    Un saludo afectuoso
    Andrés

  3. Hola Fran, la verdad es que lo que dices tiene mucho sentido. Puede que sea mesiánico pero no hay otra manera. Hay que salirse del sistema y no podremos hacerlo solos. El sistema nos ha dejado indefensos. Hay que armarse de nuevo en muchos sentidos.

    Saludos.

    Hola Andrés, me alegra mucho verte otra vez por aquí. A mí también se me caen de las manos Derridá y Habermas. En Llamamiento he visto una actualización del Spinoza de Deleuze que me ha gustado mucho. Tanto a nivel individual o como social.

    Tengo confianza en que el deterioro en el empleo, la sanidad, la vivienda, la educación… termine por producir una avalancha que, por encima de los partidos políticos, someta la economía a referendum. Hay que mirar hacia Islandia.

    Saludos.

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