Didáctica

“La execrable jerga pedagógica moderna…”

Rafael Sánchez Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio, premio Cervantes 2004 y Nacional de las Letras 2009

Inspirado por uno de esos vibrantes textos polémicos de Rafael Sánchez Ferlosio me animo a poner por escrito una reflexión personal sobre el panorama educativo actual. En estos meses en los que parece una prioridad política sacar adelante el conocido “pacto por la educación” no está de más insistir en que algunas de las imperfecciones del actual sistema están relacionadas con “la execrable jerga pedagógica moderna”. Cuando de la ecuación para resolver el temido fracaso escolar se elimina el simple y esencial amor al conocimiento y se teoriza a diestro y siniestro sobre motivación, integración, programación, adaptación, mercado, grupos o competencias, desgraciadamente se ha perdido el norte. Así lo explica con su prosa magistral Sánchez Ferlosio:

V. La execrable jerga pedagógica moderna ha introducido recientemente la horrísona palabra «motivar». Al chico —ya pasaba en mis tiempos, aunque tal vez no hasta el extremo de hoy— no se consigue que le interese el contenido de las asignaturas por sí mismas, o sea el objeto que se le quiere dar a conocer (digamos la formación geológica de la corteza terrestre, con esas mismas costas o montañas a donde está deseando irse a veranear, para retozar por ellas como un borriquito con chándal). Entonces, no para crear en él un interés auténtico por el objeto en sí —interés que en el objeto mismo tendría su único motivo y hallaría su propia recompensa—, sino para remediar esa falta de interés con un sustitutivo que lo estimule a aplicarse, a despecho de su fobia, en el estudio de la asignatura, para obtener a la postre un resultado de conocimiento que solamente una pedagogía ignara o francamente falaz y deshonesta podría pretender equivalente al resultado de conocimiento obtenido a partir de un verdadero interés por el objeto, entonces, digo, se lo somete a la terapia sintomático-behaviourista de crearle o aplicarle, como de costado, alicientes exteriores capaces de «motivarlo» o, con aún más horrísona palabra, «incentivarlo» para que abra algún libro de una vez. (p. 13-14)

Rafael Sánchez Ferlosio: Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado. Madrid: Destino, 2002.

6 replies »

  1. Hola,
    es lo mismo que ocurre con la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil), que repite motivaciones en forma de metáforas manidas para que los más jóvenes caigan no sé dónde a hacer no sé qué cosas que le vendrían bien. No, que no lean Nils Holgersson porque mueren los patitos devorados por una zorra; que tampoco lean sobre un anciano que tiene artritis, eso no es adecuado…
    Los nuevos pedagogos saben lo que han de leer los jóvenes: a los autores dinosaurio que escriben sobre el vuelo de una mosca lo mismo que de una gota de agua que cae, o a los amigos nuevos que hablan de cangrejos que viven felices en el fondo del mar.
    Los problemas de un adolescente cargado de malas vibraciones que los arregle Pepito Grillo.
    Pena.

    • Es cierto. Siempre me han parecido de una ñoñería insufrible las colecciones de literatura infantil y juvenil. Un libro a esas edades no tiene que ser tranquilizador sino todo lo contrario. Debe hacer vibrar el espíritu del lector. Mis lecturas preferidas a los catorce años eran Kafka, Sartre y Proust.

      Un saludo.

  2. La manzana de Kafka inquieta más que la de Blancanieves.
    El beso en Proust importa más que el de La bella durmiente.
    La náusea de Sartre ha de ser una novela interesante, deberíamos leerla.

  3. ¡Qué buena su frase!

    Déjeme disfrutarla…

    “Un libro a esas edades no tiene que ser tranquilizador sino todo lo contrario”.

    Para grabarla en piedra frente al instituto.

  4. Hola,

    Ante todo, y por ser la primera vez que le escribo, deseo felicitarle por esta Aula de Filosofía y su Diario de Lecturas.

    Su entrada me ha recordado otro libro de Ferlosio ( Non olet ) del que me quedó esta frase : ” Pedagogos pasan, al infierno vamos “. Y me lleva a contar la anécdota siguiente : la pedagoga del centro en el que trabajaba discutió acaloradamente conmigo por mi atrevimiento al proponer como lectura de tercero de la ESO ” El camino ” de Delibes. Defendió su postura enarbolando su titulación, a fin de cuentas yo sabía de literatura pero no de psicología juvenil…
    Ferlosio, ¡ qué razón tienes !
    Pero esta sentencia, a día de hoy, no me dejarían grabarla en ningúna parte…

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