Ética

Las multinacionales sangran Birmania

Hoy, 26 de septiembre, la junta militar que gobierna Birmania ha decidido instaurar el toque de queda y abrir fuego contra las protestas populares lideradas por monjes budistas. Para entender esta noticia hay que bucear un poco en la historia del país y el modo en que funcionan las multinacionales en el tercer mundo.

Birmania fue gobernada por militares autoproclamados socialistas desde 1949 hasta el golpe de estado de 1989. Los militares que ocuparon el poder cambiaron el nombre del país por “Unión de Myanmar“. En 1990 se celebraron elecciones libres que ganó con holgura la premio Nóbel de la Paz Aung San Suu Kyi. Sin embargo, la junta militar se negó a reconocer los resultados y a Suu Kyi permanece actualmente bajo arresto domiciliario. Comenzó entonces una dictadura que no ha dudado en encarcelar, torturar y asesinar a sus oponentes políticos. Mientras tanto Occidente ha permanecido al margen pues los intereses económicos en el país son muy importantes.

Es un método usual para las multinacionales financiar un golpe de estado y una dictadura militar con el objetivo de saquear los recursos naturales. Un caso especialmente sangrante, y que nos afecta directamente por las pateras que llegan regularmente al puerto de Los Cristianos en Tenerife, es el de las actividades políticas de la petrolera Shell en Nigeria. Para explotar sus recursos petrolíferos no han dudado en arrasar a un pueblo entero, los Ogoni. Ken Saro-Wiwa, el líder del Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni, fue ejecutado en 1995 para garantizar los beneficios de la petrolera.

En Birmania ocurre algo parecido: la dictadura militar ofrece a los multinacionales no sólo gas y petróleo sino también abundante mano de obra barata. A pesar de la violación sistemática de los derechos humanos son hasta cuatrocientas las empresas extranjeras y multinacionales que no han dudado en instalar su negocio en el país: Air France, Alcatel, American Express, Axel Springer, Caterpillar, Crédit Agricole, Daewoo, Deutsche Bank, DHL, Fuji, General Motors, GlaxoSmithKline, Hyundai, Lufthansa, Nestlé, Oracle, Siemens, Suzuki, Swatch, Total o Unocal.

Son las habituales de la explotación del tercer mundo, pero fíjate en una muy especial: Unocal (United Oil California). En 2004 un pueblo de aldeanos de Birmania denunció a la petrolera por violación de los derechos humanos. Unocal había decidido construir un gaseoducto y no dudó en pasar por encima de los pueblos asentados en el trayecto utilizando la tortura, el asesinato y los rentables trabajos forzados.

Y Unocal nos lleva de nuevo al 11 de septiembre. Como desvela Michael Moore en su documental Farenheit 9/11 en 1997, cuando Bush era gobernador en Texas, hizo de intermediario en una reunión celebrada en Houston entre representantes del gobierno talibán de Afganistán y la petrolera. Las reservas de gas y petróleo de los países que lindan con el Mar Caspio son mayores que las de Arabia Saudí. Unocal quería construir un gaseoducto directo desde el Mar Caspio al Mar arábigo para poder llevarse a un precio económico la materia prima. Pero en 1998 los talibanes expulsaron a Unocal y encargaron el trabajo a una empresa argentina. A partir de entonces el gobierno talibán paso a formar parte de Eje del Mal. Unocal fue uno de los grandes beneficiados de los atentados del 11/S pues significaron la excusa perfecta para organizar una fuerza militar internacional que invadiese Afganistán y derrocase a los talibanes, protectores de Bin-Laden y Al-Qaeda. Tras la victoria Bush colocó de presidente a Hamid Karzai, ex-agente de la CIA, y como representante diplomático de Estados Unidos a un consejero delegado de Unocal. El primer proyecto que aprueba el nuevo gobierno es, naturalmente, el codiciado gaseoducto.

Ahora aparece de nuevo Unocal en Birmania, otro gaseoducto y otra dictadura militar. ¡Qué rentable es llevar la democracia a los países con petróleo!

Edito:

  1. Hoy jueves 27 de septiembre nueve muertos en la represión de las protestas de Birmania.
  2. China e India vetan una resolución de condena en la ONU. Curiosamente, Birmania les proporciona el petróleo que necesitan para su imparable desarrollo económico.
  3. La atención exclusiva que los medios de comunicación mundiales están prestando a la crisis birmana me hace sospechar que hay algo más que buena voluntad por parte de Occidente. Existe un contraste muy llamativo entre el consenso mediático y la indiferencia de China. Pudiera ser que estemos ante otro episodio de la guerra económica que mantienen Estados Unidos y el gigante asiático. Es posible que el cambio de gobierno perjudicase los intereses chinos en la región de modo que Occidente busca poner obstáculos al desarrollo económico chino muy necesitado de petróleo accesible y barato. China debe pensar: “ellos no dudan en usar la más terrible barbarie para hacerse con los pozos de Afganistán e Iraq y ahora, en un alarde de hipocresía moral, pretenden limitar nuestra influencia en la región apelando a los derechos humanos”. Si esto fuese así no les falta razón.
  4. Y esta foto del asesinato de un fotógrafo japonés que ha dado la vuelta al mundo.


2 replies »

  1. Entonces, ¿podemos pensar que lo del 11-S fue un “trabajo desde dentro”? Siguiendo lo que tú dices,
    – con lo que estoy muy de acuerdo – , ¿por qué no?

    Gracias, un saludo.

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