Horkheimer: paradojas de la libertad

La democracia no funciona como debiera. Esa sensación lleva ya mucho tiempo en el aire. Síntomas actuales, por ejemplo, este vídeo de Saramago criticando cómo el sector financiero ha secuestrado al poder político o movimientos sociales espontáneos como el 15-M,  ¡Democracia real YA!No les votes o Anonymous. La decepción es global: ha llegado incluso a Estados Unidos, Occupy Wall Street.

Sin embargo, hace cuarenta años Horkheimer ya atisbaba el desencanto hacia el sistema democrático que hoy día ha devenido indignación. Para el pensador de la Escuela de Frankfurt no sólo los totalitarismos de izquierdas o de derechas eran nefastos por aplastar la libertad individual sino que también las democracias capitalistas iban encaminadas hacia un mundo totalmente administrado. La razón es que durante siglos se le ha dado mayor importancia a la libertad externa o política que a la libertad interna, al “piensa por ti mismo”. De nada sirven unos procedimientos democráticos formales si la ciudadanía no es tal, sino un colectivo de zombies dirigido por unos mecanismos de control social cada día más sofisticados. Probablemente el fenómeno zombie, su éxito cinematográfico y televisivo, se deba a que inconscientemente sabemos que nuestras sociedades y nuestra forma de vivir es, metafóricamente hablando, la propia de muertos vivientes. Un ejemplo sencillo: esas promotoras inmobiliarias en quiebra que en lugar de desaparecer siguen adelante porque los bancos no quieren hacerse cargo de tanto ladrillo y les refinancian la deuda ad infinitum.

En cualquier caso, en Sociedad en transición: estudios de filosofía social, Horkheimer dedica a la libertad un revelador ensayo. En la historia real la libertad que se persigue es la libertad externa, política o económica, pero no la libertad interior. Poder hacer lo que queramos, poder elegir entre muchas cosas, verse limitado lo menos posible. Esta es la libertad que buscan los individuos, las clases sociales y las naciones. En nuestro mundo real, es más libre quien recorre los escaparates del centro comercial y puede elegir entre las diversas mercancías que quien, con poco dinero en el bolsillo, no puede consumir. Sin embargo, la libertad interna, de pensamiento o expresión, está anémica. Los medios de comunicación de masas actúan como adormecedores de la voluntad. Nuestras democracias occidentales son un buen ejemplo de ese letargo político. Solemos decir que no puede hacerse nada o que los políticos son corruptos o que los partidos lo controlan todo o que los expertos son quienes deben tomar las decisiones. Son argumentos razonables, pero al mismo tiempo relativos, porque están encubriendo nuestra incapacidad para hacernos cargo de la situación y emitir un juicio independiente.

Continúa Horkheimer diciendo que resulta escandaloso el contraste entre los logros materiales alcanzados y la “repugnanciade la mayoría a esforzarse por participar y dinamizar la vida política de un país. Esa es la vulnerabilidad más grave de la democracia porque cuando los logros materiales decaen y se extiende la crisis la mayoría se cree débil e impotente para cambiar el curso de las cosas y recurre a los discursos peligrosos de líderes salvapatrias. No estamos exentos de un revival del  fascismo. Veremos cuáles son los resultados de la extrema derecha en Francia en las próximas elecciones. Parece que la hija de Le Pen tiene bastante atractivo político.

En otro orden de cosas, Horkheimer, en un tono profético, cuenta que ya en el primer decenio del siglo XX, Guillermo II advertía del “peligro amarillo“, de la influencia de la pasividad y conformismo oriental. A este respecto, es evidente que si no logramos influir en China lo suficiente como para que actualice su sistema de libertades, el gigante asiático terminará por destruir el orden político que tanto nos ha costado construir. Maruja Torres lo explica de un modo diáfano en un reciente artículo de opinión en “El País”: “Sin piedad” (gracias José Á.)

“Por muy urgente que sea la protección de la libertad externa” o material “no debe disminuir la labor en pro de la libertad interna”. Cuando desde Occidente se envían misiones para mejorar las condiciones materiales de países subdesarrollados es fundamental insistir tanto en lo material como en la libertad. El occidental, dice Horkheimer, debería transmitir la imagen de un hombre que posee criterio propio, que respeta al ser humano y que odia la injusticia y la opresión. Justo lo contrario de lo que Occidente ha estado haciendo en Oriente Medio en la última década. ¿Qué tienen que ver la expresión misiones humanitarias con las guerras de Irak o Afganistán?

En cualquier caso, recuerda que Horkheimer se niega a aceptar la revolución violenta para cambiar el “letargo político de las democracias occidentales” porque piensa que tal revolución supondría una recaída en el fascismo. Afirma que el único remedio es esforzarse en desarrollar no se sabe bien cómo la autonomía individual. Ahora bien, ¿qué pensaría el fundador de la Escuela de Frankfurt de esas nuevas medidas del Gobierno para endurecer el Código Penal de modo que la resistencia pasiva equivalga a un atentado a la autoridad o la convocatoria espontánea de una protesta a integración en banda armada? Ignacio Escolar lo explica muy bien en esta entrada de su blog.

En el próximo post afrontaré el tema desde la óptica de un pensador contemporáneo, Žižek, y su estimado Lenin.

Bibliografía

  • Max Horkheimer: Sociedad en transición: estudios de filosofía social. “Sobre el concepto de libertad” (1970). Joan Godo Costa (tr.) Barcelona: Planeta-De agostini, 1986, pp. 11-21.

8 replies »

  1. Se podría relacionar el interesante contenido de esta entrada, sobre todo en lo referido a la importancia de la “libertad interior”, con otro signo de nuestra época: la crisis de las intermediaciones.
    Parece estar generándose condiciones de posibilidad (tecnológicas, educativas, sociales, etc.) para que los ciudadanos ganemos espacios de autonomía y prescindamos de las superestructuras (políticas, educativas, médicas…) a la hora de gestionar nuestras vidas.
    Sin embargo, creo que es sólo eso, condiciones; otra cuestión es que los individuos sepamos aprovecharlas.

    • Esas condiciones de posibilidad, relacionadas con Internet, son un hecho revolucionario cuyas consecuencias están aún por verse. Sí es cierto que en ese campo está librándose una batalla por la neutralidad y libertad en la red que en países como China, según nos cuentan, se ha perdido. ¿Qué ocurrirá en Occidente? ¿Quién sabe? Quiero ser optimista.

      Un saludo.

  2. Hola, soy Carol, me ha gustado mucho lo que he leído aquí, es como escuchar lo que desde hace tiempo vengo deduciendo, al menos me consuela que sí, que algunos todavía pensamos algo más libremente, porque es tan difícil escapar a esta marea de conformismo y letargo…

    Soy profesora de Historia y siempre le digo a mis alumnos que lo más importante es pensar por uno mismo y para eso hay que observar y reflexionar, conectar conocimientos y emitir valoraciones sobre los que escuchamos o nos cuentan, con argumentos, aprendiendo a saber porqué hemos llegado a tal o cual conclusión. Les digo esto es muy útil para pensar La Historia, por que los datos, pueden señores, encontrarlos en cantidad de sitios.

    Cada vez es más difícil pensar con tanta información, sesgada, múltiple, contradictoria, no sé…

    Os voy a dejar un enlace sobre los medios en la sociedad de la información, el cuarto poder como ya contaba aquella maravillosa película.

    http://www.tresyunperro.com/ver_pelicula.html

    Espero que os guste.
    Un abrazo y gracias por tu página.

  3. Hola, me encanta todo el material didáctico que en esta página se presenta. Viene muy completo y me interesa bastante. Sin embargo, en Horkheimer no me queda aún claros los conceptos de “naturaleza” y de “hombre”. ¿Podrías esclarecérmelos un poco?. Gracias

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