Las imágenes de las torturas de Abu-Ghraib, la cárcel de Sadam que el ejército estadounidense hizo suya al momento de la toma de Bagdad, deben ser recordadas no como la juerga padre que se montaron dos militares sádicos y tarados, sino como un procedimiento estudiado y habitual utilizado con el fin de destruir lo más profundo del ser humano: su dignidad. La versión oficial busca persuadirnos de que fue un error puntual de un grupo de soldados cegados por la sangre y el odio: se condenó a penas de prisión a los verdugos pero el oficial al mando de la cárcel, Steven Jordan, fue absuelto.
Es necesario repetirlo: No se trata del mal natural que aflora cuando unos niños rocían de gasolina un hormiguero y le prenden fuego o meten un gato en una bolsa y lo tiran al mar, a ver qué pasa. No es lo mismo.
La vida consiste en el delicado equilibrio entre el orden y el caos. El orden se manifiesta en la belleza y el caos en el azar o la muerte. Están ahí y toca aceptarlos porque así es como son las cosas. Pero el horror planificado y ejecutado dentro de la cárcel de Abu-Ghraib recuerda más al horror nazi. En estos casos el mal adopta el rostro monstruoso del orden, elevado a la máxima potencia gracias al poder de la razón y la tecnología. El hombre se manifiesta así como la más perversa de las creaciones de la Naturaleza.
Nadie nace convertido en un canalla capaz de hacer lo que se hizo en Abu-Ghraib o lo que probablemente se haga en Guantánamo. Eso es algo que se estudia, se entrena. Requiere conocimientos de psicología, antropología, medicina, historia y una verdadera disciplina militar.
La desvergüenza de Occidente no conoce límites. Vendemos democracia y libertad pero lo que realmente ocurre aparece en estas fotos infames. Hablan por sí solas.











Así son de malditos los gringos cuando tienen el poder, luego nos hablan de terroristas musulmanes
A lo largo de la historia, los anglosajones (arios, europeos o como ellos mismos se autodenominan) han sido de los pueblos más crueles del planeta y quieren que nosotros, los del “tercer mundo” como nos llaman, nos solidaricemos con ellos…Yo sólo les puedo decir Yanquis go home! . Mejor lo dejo ahí…
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se ve quelas personas que hacian esta clase de torturas no tenian corazon…ni mucho menos principios
Hola ellsy, lo más triste es que probablemente tuvieran corazón y principios pero pensaban que hacían lo justo o al menos que hacían su trabajo. Así es el ser humano.