Ideas absurdas en la Historia de la Filosofía

La admiración es el principio del saber

Es incalculable la cantidad de ideas absurdas y disparatadas que podemos encontrar en la Historia de la Filosofía. La culpa puede ser de los prejuicios de la época, de la salud mental del autor, de una mala traducción o de una investigación etimológica peculiar. En cualquier caso, presento a continuación, siguiendo un orden completamente anárquico y dependiente del azar de mis lecturas, algunas sentencias que conviene recordar cuando uno se toma demasiado en serio la Filosofía.

Si alguien estuviese interesado en colaborar añadiendo curiosidades a la lista puede hacerlo a través de los comentarios.

Empezamos con un auténtico peso pesado del desatino, Giambattista Vico. En su Ciencia Nueva Vico da cuenta del origen de la Filosofía del siguiente modo:

Y comenzó por un principio demasiado insípido -el del agua-, tal vez porque había observado que con el agua crecen las calabazas.

G. Vico: Ciencia nueva. Madrid: Tecnos, 2006, p. 89.

Otro renacentista iluminado que podría llenar él sólo un libro de disparates es Tomasso Campanella. En su utopía, La ciudad del sol, solicita la pena de muerte para un tipo de crimen gravísimo…

Por eso sería castigada con la pena capital quien acicalara la cara para hacerse hermosa o usara de altos zapatos para aparentar mayor altura o de vestidos de cola para ocultar las suelas de madera.

T. Campanella: La ciudad del sol. Madrid: Tecnos, 2006, p. 37.

A continuación una muestra del idealismo alemán, corriente filosófica que seguro que aparecerá más de una vez en este recetario. F. W. J. Schelling, pensador esotérico por excelencia, recomienda como método de la filosofía una versión de la dialéctica bastante parecida al trastorno esquizoide.

Esta división, esta duplicación de nosotros mismos, este comercio secreto en que se encuentran dos seres, uno que pregunta y otro que responde, uno que sabe o que más bien es la ciencia misma y otro que no sabe pero que lucha por la claridad, este arte interior de la conversación (el auténtico secreto del filósofo) es aquello de lo que el arte exterior, que por eso se llama dialéctica, sólo es la copia y, allí donde se ha convertido en una mera forma, el reflejo y la sombra vacías.

F. W. J. Schelling: Las edades del mundo. Madrid: Akal, 2002, p. 50

De las inagotables fuentes del disparate en la filosofía medieval rescatamos al filósofo cordobés y judío del s. XII Mose Ben Maimon, Maimónides para los amigos. Su meritorio libro, Guía de perplejos, no está exento de algunas observaciones suceptibles de ser tomadas a broma, como esta relativa a la circuncisión:

También creo que uno de los motivos de la circuncisión es minorar la cohabitación y mitigar el órgano, a fin de restringir su acción dejándolo en reposo lo más posible. Se ha pretendido que la circuncisión tenía como finalidad acabar lo que la Naturaleza había dejado imperfecto, lo cual ha suscitado crítica, alegando cómo las cosas de la Naturaleza podrían ser imperfectas al extremo de precisar un acabamiento de origen externo, tanto más que el prepucio tiene su utilidad para el miembro en cuestión. Pero tal precepto no tiene como objetivo remediar una imperfección física. El fin verdadero es el dolor corporal ocasionado a ese miembro, que en nada perturba las funciones necesarias para la conservación del individuo, ni mina la procreación, pero aminora la pasión y la exacerbada concupiscencia. Que la circuncisión atenúa la incontinencia y hasta disminuye la voluptuosidad es cosa que no admite duda, porque si desde el nacimiento se hace sangrar a ese miembro, quitándole la cobertura, quedará indudablemente debilitado. Los Doctores afirmaron expresamente: «La mujer que se entregó al amor con un incircunciso, difícilmente podrá retraerse de él». Tal es, a mi juicio, el motivo primordial de la circuncisión. ¿Y quién fue el primero en practicar ese rito? ¿No fue Abraham, tan celebrado por su castidad? Así lo aseveran los Doctores a propósito de este pasaje: «Mira que sé que eres mujer hermosa» (Gn 12,11).

Maimónides: Guía de perplejos. 4ª ed. Madrid: Trotta, 2005, p. 526.

Otra de Campanella en La ciudad del sol sobre cómo evitar la homosexualidad dentro del Estado:

Si se les coge en sodomía, son insultados y se les obliga como castigo a llevar durante dos días un zapato atado al cuello en señal de que han pervertido el orden y colocado el pie en la cabeza. Ahora bien, si reinciden se aumenta el castigo hasta llegar a la pena capital.

T. Campanella: La ciudad del sol. Madrid: Tecnos, 2006, p. 30

Emile Cioran, pensador apátrida del s. XX, tiene cierta tendencia, como su maestro Nietzsche, al exabrupto y la exageración. Ofrecemos en los siguientes aforismos buenas razones a aquellos padres y madres que dudan de la utilidad de la enseñanza de la filosofía en el bachillerato.

Cuando estoy en una iglesia, a menudo pienso qué fantástica sería la religión si no hubiese creyentes…

Emile Cioran: El ocaso del pensamiento. Barcelona: Tusquets, 2006, p. 27

El optimismo es un aspecto degradante del espíritu.

Ibid. p. 34

En los “accesos” de lástima se manifiesta una atracción secreta por los “malos modales”, por la suciedad y la degradación. Cualquier monstruosidad es una perfección comparada con la falta de “buen gusto” de la piedad, un mal con las apariencias reales de la bondad.

Ibid., p. 38

Si no existiera un placer en la desdicha, llevaríamos a las mujeres a parir al matadero.

Ibid., p. 53

El espectáculo de una mujer alegre supera en vulgaridad a la propia vulgaridad.

Ibid., p. 77

Hay algunos hombres tan necios que si una sola idea aflorara a la superficie del cerebro, ésta se suicidaría aterrada de su soledad.

Ibid., p. 124

Toda felicidad que no despierte el deseo de morir es vulgar.

Ibid., p. 204

Cómo no incluir en esta lista uno de los párrafos más polémicos y provocadores del genial Nietzsche. En este caso fue una suerte que se dedicara a la filosofía y no a la medicina.

Moral para médicos. – El enfermo es un parásito de la sociedad. Hallándose en cierto estado es indecoroso seguir viviendo. El continuar vegetando, en una cobarde dependencia de los médicos y de los medicamentos, después de que el sentido de la vida, el derecho a la vida se ha perdido, es algo que debería acarrear un profundo desprecio en la sociedad. Los médicos, por su parte, habrían de ser los intermediarios de ese desprecio, – no recetas, sino cada día una nueva dosis de náusea frente a su paciente… Crear una responsabilidad nueva, la del médico, para todos aquellos casos en que el interés supremo de la vida, de la vida ascendente, exige el aplastamiento y la eliminación sin consideraciones de la vida degenerante – por ejemplo, en lo que se refiere al derecho a la procreación, al derecho a nacer, al derecho a vivir…

Friedrich Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos.

Tampoco podíamos dejar fuera de esta lista el monólogo surrealista de Parménides en el diálogo homónimo de Platón:

— En consecuencia, lo uno, si va a tener contacto consigo mismo, debe estar situado en las inmediaciones de sí mismo, ocupando la ubicación contigua a aquella en la que él mismo está

— Es necesario, en efecto.

— Pero lo uno podría hacer tales cosas y llegar a estar simultáneamente en dos lugares, si fuese dos; pero, mientras sea uno, eso no lo consentirá, ¿no es cierto?

(…)

— En consecuencia, lo uno es igual y es más grande y más pequeño que él mismo y que las otras cosas.

Platón: Parménides (149a)

Como se sabe Arthur Schopenhauer no alcanzó la fama gracias a su mejor obra, El mundo como Voluntad y Representación, sino tras la publicación de una recopilación de ensayos de mucha menor calidad conocida como Parerga y Paralipómena. El primer volumen de Parerga incluye entre otros el Ensayo sobre la visión de espectros y lo que se relaciona con ella y Aforismos sobre la sabiduría de la vida. En el primero Schopenhauer pretende explicar dentro del marco teórico de El mundo como Voluntad y Representación las apariciones fantasmales. Considera que no son fenómenos que deban tomarse a la ligera y que tienen una explicación perfectamente racional.

En todo caso, una aparición espectral no es primaria e inmediatamente más que una visión en el cerebro del vidente: que la puede provocar desde fuera un moribundo lo ha atestiguado a menudo la experiencia; que puede hacerlo un vivo ha sido igualmente acreditado de buena fuente en varios casos: la cuestión es solamente si también puede hacerlo un muerto.

Arthur Schopenhauer: Parerga y Paralipómena. Madrid: Trotta, 2006, p. 349

Los Aforismos sobre la sabiduría de la vida consisten, paradójicamente, en una serie de consejos más o menos sensatos del maestro del pesimismo para enseñarnos a vivir de la mejor manera posible. Aunque en principio todo parece ir bien cuando el autor defiende que la felicidad depende en mucho mayor grado de lo que uno es que de lo que uno tiene o uno representa para los demás, a medida que avanzamos el maestro de la belleza y la compasión se autorretrata como un personaje patético, racista y misógino como pocos hay en la historia de la filosofía. Dejo como muestra dos textos:

Pues en el mundo no se tiene mucho más que la elección entre soledad y vulgaridad. Los hombres más sociables de todos suelen ser los negros, que son también los de menor categoría intelectual: según informes procedentes de Norteamérica aparecidos en periódicos franceses (Le commerce, 19 de octubre de 1837), los negros, tanto libres como esclavos, se recluyen juntos en gran número dentro del lugar más angosto, porque no pueden ver repetida con suficiente frecuencia su negra cara de nariz chata.

ibid., p. 349

Por su naturaleza el honor sexual se divide en honor femenino y honor masculino, y es por ambos lados un esprit de corps bien entendido. El primero es con mucho el más importante de los dos, ya que en la vida de la mujer la cuestión principal es la relación sexual. — Así pues, el honor femenino es la opinión generalizada de que una joven no se ha entregado a ningún hombre y, en el caso de una mujer casada, de que solo se ha entregado a su marido. La importancia de esa opinión se basa en lo siguiente: el sexo femenino exige y espera del masculino todo, en concreto, todo lo que desea y necesita: el masculino exige del femenino primera e inmediatamente una sola cosa. Por eso tuvo que llegarse al arreglo de que el sexo masculino solo puede lograr esa cosa única del femenino a cambio de hacerse cargo del cuidado de todo, y también de los hijos que nazcan de esa relación: en esa disposición se basa todo el bienestar del sexo femenino. A fin de hacerla prevalecer, el sexo femenino ha de mantenerse necesariamente unido y mostrar esprit de corps. Mas entonces se enfrenta como un todo y cerrando filas al conjunto del sexo masculino —que, gracias a la supremacía de sus fuerzas corporales e intelectuales, está por naturaleza en posesión de todos los bienes terrenales— como frente al enemigo común que ha de ser vencido y conquistado para, tomándolo en su poder, apropiarse de los bienes terrenales. Con ese fin, la máxima de honor de todo el sexo femenino es que siempre se niegue al masculino toda cohabitación extramatrimonial, a fin de que cada individuo sea forzado al matrimonio, que es una especie de capitulación, y así se sustente a todo el sexo femenino. Pero ese fin solo puede alcanzarse plenamente mediante una estricta observancia de la máxima anterior: de ahí que todo el sexo femenino, con verdadero esprit de corps, vigile que se mantenga entre todos sus miembros. En consecuencia, toda joven que en virtud de una cohabitación extramatrimonial haya cometido una traición contra todo el sexo femenino será expulsada de él y cubierta de vergüenza, ya que con la generalización de ese comportamiento se destruiría el bienestar de todo él: ha perdido su honor. Ninguna mujer puede ya tratar con ella: se la evita como a una apestada. El mismo destino alcanza a la adúltera; porque no ha respetado la capitulación asumida por el marido y ese ejemplo hace a los hombres desistir de aceptarla, cuando en ella se basa la felicidad de todo el sexo femenino. Pero además la adúltera, debido a la burda ruptura de su palabra y al engaño de su acción, junto con el honor sexual pierde también el civil. Por eso se dice con una expresión de disculpa «una joven caída», pero no «una casada caída»; y el seductor puede restituir el honor a aquella con el matrimonio, pero el adúltero no podrá devolvérselo a esta después de que se haya separado.

ibid. pp. 384-385

Para terminar esta sección con humor, Este es un vídeo de Monty Python que recoge la final del mundial de fútbol con filósofos futbolistas. Alemania vs. Grecia.

4 comentarios

  1. http://lasescrituras.blogspot.com/2007/05/no-existe-la-teora-de-la-evolucin.html me gustaria ke leyesen hasta donde llegan las ideas absurdas! lean y comenten!

  2. Gracias por el enlace. No sé si da más risa o pena.

  3. En total desacuerdo de tachar el pensamiento de schelling con “transtorno esquizoide”.

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